Capítulo I
Estando el rey [Carlos VI] en las manos de los ingleses, murió el año 1422 y entonces Monseñor el Delfín se hizo llamar rey.Y porque los enemigos tenían todos los lugares hasta Reims, y también Reims, no fue coronado hasta la venida de la Doncella.
Se llamaba "rey de Francia, Delfín de Vienne", en las cartas que se enviaban por aquí, hasta el tiempo en que entregó la administración del Delfinado a Monseñor. Los enemigos se reían y se burlaban de él, y lo llamaban "rey de Bourges" porque allí se había retirado y donde más tiempo residía.
En el año 1424, el decimoséptimo día de agosto, fue la batalla de Verneuil, y allí murieron alrededor de 300 caballeros y escuderos del Delfinado, junto con toda su compañía, lo cual fue un gran daño. Los habitantes de los tres Estados del Delfinado, en memoria perpetua de la valentía y lealtad de los delfinenses, hicieron fundar en el convento de los Jacobinos de Grenoble una misa perpetua que se dice en el altar mayor; y encima de los sitiales donde se colocan el sacerdote, el diácono y el subdiácono, hicieron pintar una imagen de Nuestra Señora con un gran manto en el cual están pintados los señores nobles que murieron en la dicha batalla, todos armados junto con sus cotas de armas. Misa y pintura similar se hicieron en Saint-Antoine de Viennois, en el monasterio. De las otras batallas y encuentros que se hicieron antes o después, no digo nada.
Y es verdad que tanto por batallas, encuentros, asaltados, sitios como por otras maneras el reino fue llevado a tal extremo que habría sido conducido a la obediencia hacía los ingleses y sus aliados, si Dios no hubiese tenido misericordia y enviado socorro por medio de una pastorcita llamada Juana.
El año 1429, vino la mencionada Doncella, y por medio de ella fue levantado el sitio, tenido por inexpugnable, que los ingleses tenían ante la ciudad de Orléans. El año anteriormente dicho, ella llevó al rey a Reims; y allí fue coronado el diecisiete de julio, como por milagro. Pero luego continuó siendo el Delfín hasta el tiempo anteriormente mencionado.
Capítulo II
La anteriormente mencionada Doncella era de Lorraine, del lugar de Vaucouleurs; y fue traída al señor el Delfín por el castellano del dicho lugar, vestida como un hombre. Ella tenía los cabellos cortos y un sombrero de lana sobre la cabeza. Vestía las calzas como los hombres, de manera muy simple. Hablaba poco, salvo cuando se le hablaba. Su juramento era: "en el nombre de Dios". Llamaba a mi señor el Delfín: "gentil Delfín", y así ella lo llamó hasta que fue coronado. Algunas veces lo llamaba "el oriflama". Ella decía que era enviada por Dios para expulsar a los ingleses y que, para hacer esto, era necesario armarla; de lo cual todos quedaron asombrados con tales noticias y, al principio, todos decían que era una burla; y a nada de lo que ella decía se le daba crédito.
Clérigos y otros hombres de entendimiento pensaron sobre esta materia, y entre las otras escrituras fue encontrada una profecía de Merlín, hablando de esta manera:
y oscurecerá (ocultará) las flores virginales.
Virgo puellares artus induta virili
Veste, Dei monitu, properat relevare jacente
Liliferum regemque ; suos delere nefandos
Hostes, præcipue qui nunc sunt Aurelianis,
Urbe sub, ac illam deterrent obsidione.
Et si tanta viris mens est se jungere bello,
Arma sequique sua, quæ nunc parat alma Puella,
Credit et fallaces Anglos succumbere morti,
Marte puellari Gallis sternentibus illos,
Et tunc finis erit pugnæ, tunc foedera prisca,
Tunc amor et pietas et cætera jura redibunt ;
Certabunt de pace viri, cunctique favebunt
Sponte sua regi, qui rex librabit et ipsis
Cunctis justitiam, quos pulchra pace fovebit ;
Et modo nullus erit Anglorum pardiger hostis
Qui se Francorum præsumat dicere regem.
Capítulo III
Y por todo esto grandes crónicas fueron hechas. Y, entre las otras, una notable mujer llamada Christine que ha hecho muchos libros en francés -la he visto frecuentemente en Paris- ha hecho del advenimiento de la Doncella y de sus gestas un tratado del cual meteré aquí solamente lo más especial sobre la Doncella. Dejé de lado lo restante, pues sería demasiado largo ponerlo aquí. Quise poner aquí el tratado de la mencionada Christine mucho más que la de otros con el fin de honrar siempre al sexo femenino por cuyo medio toda la Cristiandad ha recibido tantos bienes: por la Doncella Virgen María, la reparación y restauración de todo el linaje humano; y por la mencionada Doncella Juana, la reparación y restauración del reino de Francia, que estaba del todo perdido hasta el punto de acabar por completo, de no haber sido por su venida. Por ello, por todos debe ser muy loada, aunque y a pesar de que los ingleses y sus aliados han dicho todo el mal que han podido decir: pero los hechos de la mencionada Doncella los dejaron y los dejan a todos como mentirosos y confundidos.
¡Ah, sé alabado, Dios Altísimo! A Ti debemos todos dar gracias, Tú que has traído el tiempo en que estos bienes nos han sido concedidos. Con las manos juntas, grandes y pequeños, gracias Te damos, Rey celestial, por quien hemos llegado a la paz y hemos salido de tan gran tempestad.
Y tú, Doncella, nacida en hora propicia, ¿habría que olvidarte, a ti que Dios ha honrado tanto como para hacerte desatar los lazos que tenían a Francia tan fuertemente encadenada? ¿Podría nadie alabarte bastante, cuando a esta tierra humillada le diste por la guerra el don de la paz?
¡Ah, Juana, nacida en hora propicia, bendito sea el Cielo que te creó, Doncella designada por Dios, en quien el Espíritu Santo derramó tan gran gracia, en quien estuvo y está toda abundancia de alto don! Jamás palabra alguna podrá decirte la gratitud que se te debe.
¿De quién podrían decirse alabanzas más elevadas? ¿Qué hechos del pasado están por encima de los tuyos? En Moisés, con abundancia, puso Dios gracias y virtudes; sin cesar se esforzó para sacar al pueblo de Israel de Egipto. Así tú, ¡oh Doncella elegida!, nos has librado milagrosamente de la desgracia.
Considerada tu persona, que es la de una joven doncella a quien Dios da el poder de ser nuestra defensora, de ser quien da a Francia la leche de la paz y de la dulce vida, de abatir al pueblo rebelde… ¡he aquí cosa que excede la naturaleza!
Si Dios hizo por Josué tantos milagros, si le dio conquistar ciudades y tierras y derribar a muchos enemigos, Josué era un hombre fuerte y poderoso; pero, en suma, he aquí una mujer, una simple pastora, que es valerosa más que hombre alguno lo fue en Roma. Para Dios, esto es cosa ligera;
pero para nosotros, jamás oímos hablar de maravilla tan grande, pues de todos los héroes que existieron a lo largo de los siglos, sus hazañas no igualan el hecho de aquella que expulsó a nuestros enemigos; pero es Dios quien obra, quien la guía y en ella puso corazón mayor que el de un hombre.
De Gedeón, que era un simple labrador, se hace gran memoria; Dios lo hizo guerrero, dice la Escritura; contra él nadie resistía, tal era su poder de conquista; pero, por mucho que se cuente, jamás hizo milagro tan manifiesto como el que ven nuestros ojos en la Doncella.
Ester, Judit y Débora fueron mujeres de gran mérito. Por ellas Dios liberó a su pueblo, que había caído en servidumbre. He sabido que otras hubo valerosas como ellas; pero más grande milagro en este país ha hecho Dios en esta Doncella.
Por milagro y por divina admonición del Ángel de Dios, ella fue enviada al rey para ser su providencia. Su hecho no es ilusión. Fue bien debidamente probada en asamblea. En conclusión, la cosa está probada por los hechos.
Fue bien examinada antes de que se quisiera creer en ella; se la llevó ante clérigos y sabios, para ver si decía verdad, antes de que fuera notorio que Dios la había enviado al rey. Incluso se halló en historias que Dios para esto la había prometido.
Merlín, la Sibila y Beda, hace más de quinientos años, la vieron en espíritu venir a traer remedio a los males de Francia. La consignaron en sus escritos y la profetizaron, diciendo que portaría estandarte en las guerras de los franceses; de todo su hecho contaron la manera.
Su bella vida, plena de fe, muestra que está en la gracia de Dios; por eso a su obra se da mayor crédito. Haga lo que haga, tiene siempre a Dios presente; lo invoca, lo sirve, lo ora en sus actos y en sus palabras, sin que en lugar alguno su devoción flaquee.
Así se mostró bien en el sitio puesto ante Orleans, donde apareció primero su fuerza. Jamás milagro, a mi entender, fue más claro. Dios ayudó de tal modo a los suyos que los enemigos no se ayudaron más que perros muertos. Allí fueron tomados y muertos.
¡Oh, qué honor para el sexo femenino! Es manifiesto que Dios lo ama, pues todo este pueblo abatido, por quien todo el reino estaba perdido, fue por una mujer levantado y redimido; lo que ningún hombre habría podido hacer. Los traidores quedan abandonados: antes del hecho, apenas se habría creído.
¡Ingleses, bajad vuestros cuernos, pues jamás en Francia tendréis buena presa! Dejad vuestras burlas, estáis vencidos en el tablero. No lo pensabais ayer, cuando os mostrabais tan audaces; pero aún no estabais en el sendero donde Dios derriba a los soberbios.
Pensabais tener ganada Francia y que había de quedaros. Pero no es así, familia falsa. Iréis a labrar a otro lugar, si no queréis gustar la muerte, como vuestros compañeros que tal vez lobos devoran, pues yacen muertos sobre los surcos.
Sabed que por ella los ingleses están abatidos sin jamás volver a levantarse; Dios lo quiere, Él escucha las voces de los buenos a quienes quisieron oprimir. La sangre de los inocentes derramada clama contra ellos; Dios no quiere ya tolerarlo; ha decidido rechazarlos como malvados.
Una muchacha de dieciséis años —¿no es cosa que sobrepasa la naturaleza?— para quien las armas no pesan y que en ellas se muestra tan fuerte y tan firme, que parece que es su vida. Delante de ella los enemigos huyen; nadie resiste; ella hace estos hechos, viéndolo muchos ojos.
Así que, por encima de todos los héroes de tiempos pasados, ella debe llevar la corona; pues sus hechos nos muestran bien que Dios le da más proeza que a todos aquellos a quienes tanto se celebra. Aún no lo ha cumplido todo; creo que Dios la envía para que por su hecho la paz reine por doquier.
Destruir a los ingleses es la menor de las hazañas que le están reservadas. Tiene aún empresa más alta: que la fe no perezca. En cuanto a los ingleses, plórese o ríanse, se acabó: en adelante serán motivo de burla; están caídos.
Y vosotros, rebeldes, que a ellos os habéis unido, ¿no veis que habría sido mejor seguir el derecho que el torcido camino para convertiros en siervos de los ingleses? Guardaos de que esto no os ocurra más, pues demasiado se os ha tolerado, y bien recordéis el fin que se os viene.
¿No advertís, gente ciega, que Dios ha puesto aquí la mano? Bien ciego quien no lo ve. Pues ¿cómo podría esta Doncella aparecer entre nosotros con esta fuerza que os abate muertos, sin que tengáis fuerza para resistir? ¿Queréis luchar contra Dios?
¿No condujo ella al rey a la consagración, teniéndolo siempre de la mano? Jamás ante Acre se hizo cosa mayor; pues sin duda hubo contradicciones sin cuento; pero a pesar de todos, allí fue recibido con gran nobleza, y consagrado bien ritualmente y allí oyó misa.
Con grandísimo triunfo y poder, Carlos fue coronado en Reims, en el año mil cuatrocientos veintinueve, bien, sin que haya lugar a dudarlo, bien salvo y sano, en medio de muchos barones, justo el día diecisiete de julio, ni más ni menos, y allí permaneció cinco días.
Cuando con la Doncellita volvió por su país, ni ciudad ni castillo hubo que… ya fuesen amigos o enemigos, ya estuviesen aterrados o seguros, los habitantes se rendían. Pocos afrontaban el combate, tanto temían su poder.
Algunos, en su locura, soñaron con resistir; pero vano esfuerzo, pues al fin quien contradice a Dios es vencido: es nada; quiéranlo o no, hay que rendirse; no hay resistencia tan fuerte que delante de ella no se debilite.
Aunque se hizo gran ejército para impedir su regreso y sorprenderla, ni fuerza ni astucia tuvieron éxito; allí fueron muertos o tomados prisioneros, y, como he oído decir, todos los que la combatieron fueron enviados al infierno o al paraíso.
Capítulo IV
A través de asaltos a ciudades y de castillos, por batallas, por capturas de ciudades como de otras cosas, muchos otros grandes hechos fueron realizados por la Doncella. Sería demasiado largo ponerlos aquí.
Aunque lo que fue hecho por ella, lo fue solamente en el reino de Francia y no en el Delfinado, he querido, sin embargo, ponerlo en este registro, al menos el principal, ya que estos hechos ocurrieron cuando mi mencionado señor Carlos era Delfín, en su tiempo y bajo él, y también porque, así como fue dicho, el Delfinado estaba inseparablemente unido al reino. Si el reino hubiese sido perdido (el Delfinado lo hubiese estado también), así como se hizo esfuerzo por ello, como será declarado más adelante.
Por otra parte, la materia de la Doncella es tan elevada y tan maravillosa que es cosa buena de anotar, y digna de entrar para perpetua memoria, en todos los libros-registros para la gloria de Dios, el honor del reino y del Delfinado.
Los ingleses y los borgoñones decían de la Doncella muchas palabras difamadoras e injuriosas, amenazándola, si podían capturarla, con hacerla morir malvadamente.
Ella fue interrogada por algunos sobre su poder, y si los ingleses tendrían poder para hacerla morir. Respondió que todo dependía del placer de Dios; y ella certificó que si debía morir antes que fuese cumplido aquello por lo que Dios la había enviado, perjudicaría a los ingleses tras su muerte más que lo que habría hecho en su vida, y que, no obstante su muerte, todo por lo que ella había sido enviada se cumpliría. Así fue hecho por gracia de Dios, como se ve clara y evidentemente, y es en nuestros tiempos cosa notoria.
La dicha Doncella frecuentemente habló a mi mencionado señor el Delfín en Paris, y le dijo cosas secretas que pocas personas sabían.
La mencionada Doncella fue traicionada y entregada a los ingleses ante la ciudad de Compiègne; ella fue traída a Rouen y allí se le hizo un juicio sobre su vida, para encontrar contra ella algo por lo que hacerla morir. Y no supieron encontrar nada contra ella excepto que había dejado el hábito femenino y tomado el masculino, lo cual es cosa prohibida. A esto y a las otras cosas sobre las que fue interrogada, respondió tan bien que no se supo qué replicarle. Y no obstante esto, fue condenada a morir en la hoguera, solamente por motivo de dicho hábito. Fue llevada a la hoguera, y allí murió y fue quemada.
Se dice que durante su juicio y en su muerte ocurrieron cosas maravillosas, de las cuales se hizo un juicio por autoridad de la Iglesia*. Quien lo vio y leyó tenía la copia que debía enviarme; no la he recibido aún; lo cual me desagrada; pues hubiera hecho aquí mención de las cosas principales.
*Se refiere al juicio de rehabilitación.
