Crónica del Decano de Saint-Thibaud de Metz

Extracto de la Crónica de Metz

1428 - Debéis saber de este rey Carlos, de quien ya hablé, que estuvo más de quince años exiliado y expulsado de su país y reino de Francia por los ingleses, y por el apoyo y ayuda del duque de Borgoña, quien los sostenía y ayudaba con todo su poder y todas sus fuerzas; lo que era contra derecho y contra su juramento; siendo esto una gran pena.

En ese año ocurrió una muy grande maravilla, como oiréis a continuación; pues una joven nacida de un pobre campesino de la ciudad de Domrémy en la diócesis de Toul se puso en camino y, tras varios días de viaje, llegó ante el rey Carlos de Francia, del que ya hemos hablado. Logró tanto que el rey, acompañado de muchos hombres valientes y de sus amigos, se puso en vías de conquistar su reino de Francia: y logró tanto que, en menos de tres meses, conquistó una gran parte de su reino, hasta que el domingo diecisiete de julio del año 1429, fue consagrado en la ciudad de Reims, en gran parte gracias a la proesa de esta joven llamada Juana. Ella cabalgaba armada muy valientemente, llevando desde entonces una muy grande lanza y espada, y hacía llevar tras ella un noble estandarte pintado con la bendita Trinidad y la bendita Virgen María. Tenía, además, esta costumbre de que cada día, antes de que ella montase a caballo, oía dos o tres misas y se confesaba, recibiendo cada semana a Nuestro Señor Jesucristo. Ayudó a conquistar, mediante los hombres del rey, muchas buenas ciudades*, castillos, ciudades y fortalezas. Pero al final fue capturada por los ingleses y por los borgoñones que luchaban contra la gentil flor de lis. Fue detenida durante mucho tiempo en prisión, y luego enviada a la ciudad de Ruan en Normandia, y allí fue puesta en un cadalso y quemada viva, según se decía. Pero después se supo que era falso. Y se decía que había sido sin motivo, y que se había hecho por odio. 

Fue dicho también en el tiempo en que ella actuaba con el buen rey Carlos, que poco después de su consagración aconsejaba ir ante Paris y decía que la capturarían verdaderamente. Pero un señor llamado La Trémouille que aconsejaba al rey, frustró tal cosa, y fue dicho que él no era del todo leal al dicho rey su señor, y que estaba celoso de las obras que ella hacía, siendo culpable de su captura.

1429 - En este año y en aquel tiempo fue levantado el sitio que los ingleses tenían ante la ciudad de Orléans: y la mayor parte de ellos fueron muertos por Juana la Doncella. 

Item, en el año precedente, fueron asesinados por un disparo de bombarda el conde de Salisbury y se decía que esas cosas habían sido hechas por la virtud de una Doncella llamada Juana, que era oriunda de Vaucouleurs; y se decía que estas cosas fueron pronosticadas por ciertos versos encontrados en antiguos libros de Francia, cuyo contenido es el siguiente:

Gallorum pulli throno bella parabunt.

Ecce beant bella, fert tunc vexilla Puella.

Los vástagos de los Galos prepararán la guerra para el trono.

He aquí que bendicen la guerra; entonces la Doncella alza sus estandartes.

El siguiente verso señala el año 1429:

bis seX CVCVLLI, bls septeM se soCIabVnt 

*Imposible de traducir al español

El año de estos eventos fue también predicho por otros versos que siguen:

Cum fuerint anni completi mille ducenti

Et decies deni fuerint in ordine pleni,

Et duo sex deni fuerint in ordine pleni,

Et duo sex deni vanient ab æquore remi :

Tunc perit Anglorum gens pessima fraude suorum.

Cuando se hayan cumplido mil doscientos años

y diez veces diez en orden perfecto,

y dos veces seis dieces en orden perfecto,

y dos veces seis dieces vendrán remos desde el mar:

entonces perecerá la pésima gente de los ingleses por fraude de los suyos.

En aquel año, por el consejo de la mencionada Juana la Doncella, llegó Carlos rey de Francia a Champagne, a través de la fuerza de armas: tomó Troyes, Châlons y Reims, y allí fue coronado en el mes de julio. Y muchas otras ciudades se rindieron a él. Y en el mes de agosto, los dos ejércitos estuvieron uno ante el otro y no se hicieron nada. Y el día de Nuestra Señora en septiembre, la Doncella asaltó la ciudad de Paris, pero no logró ningún beneficio y fue herida. No fue bien seguida, por lo que hizo sonar la retirada*.

*Erra el autor, no fue Juana la que hizo sonar la retirada.

1430 - Y en el mismo año, Philippe, duque de Borgoña, junto con los ingleses, sitió Compiègne: y un poco después, Juana la Doncella fue capturada y puesta en manos de los ingleses. Pero el dicho sitio, poco después del de Saint-Luc, fue levantado por los hombres de Carlos rey de Francia, para gran vergüenza, para gran confusión del señor Jean de Luxemburgo, capitán de los borgoñones, dado que los borgoñones eran más que los otros y huyeron vergonzosamente. 

Extracto de la Lista de reyes de Francia

Carlos, que reina presentemente, fue coronado en Reims el diecisiete de julio de 1429. De Carlos las crónicas deben ser tan bellas y maravillosas como la de algunos de sus predecesores, excepto Carlomagno y San Luis, porque está escrito en su vida que pasó por dos grandes adversidades, a saber, en primer lugar en el tiempo de su juventud en el que fue muy pobre y exiliado de su reino, o de la mayor parte, por los ingleses. Oí decir hace un tiempo que fue tal su pobreza en el tiempo en que residía en Bourges, que un zapatero se negó a hacerle crédito para un par de botas: ya le había calzado una, pero como no la podía pagar al contado, el zapatero se la quitó y tuvo que volver al viejo calzado. De hecho, sus enemigos hicieron una canción para burlarse, cuyo comienzo era:

Cuando el rey llegó a Francia,

hizo limpiar sus botas,

y la reina le pregunta:

¿Adónde irá este muchacho?

Oí decir y contar sobre él muchos otros sufrimientos y pobrezas; me remito a sus crónicas. Ocurrió en la mitad de su edad o aproximadamente, es decir, en el año 1428 (a. st.) que una joven llamada Juana, apodada la Doncella, de Domrémy-sur-Meuse, a dos ligas de Neufchâteau en Lorraine, se hizo traer ante el rey por el bailío de Chaumont, llamado el señor de Baudricourt; el cual lo hizo a pesar de él, pues le parecía que era una locura y delirio lo que la mencionada Doncella decía. Cuando la mencionada Doncella fue al lugar donde el rey estaba, antes que ella hablase con el rey, fue muy examinada tanto sobre la fe como sobre la causa por la cual ella venía. Sobre aquello ella respondió muy sabiamente y de tal forma que el obispo, los doctores, clérigos y capitanes que la interrogaron, cada uno sobre su asunto, estuvieron enormemente felices con ella y lo reportaron al rey. Por lo cual él estuvo muy contento y gozoso, y la hizo venir ante él, interrogándola como correspondía al caso. La encontró tan firme y tan constante en sus palabras que al instante quedó convencido por ella, pues ella le dijo que así estaba ordenado por Dios: que así como el reino de Francia había sido destruido y perdido por una mujer, convenía que fuese restaurado y recuperado por una Doncella, que era ella. Y entonces ella dijo al rey por al rey por primera vez toda su misión y la manera en que debía proceder; y que si él creía en Dios, en el señor San Miguel y la señora Santa Catalina, y en ella misma, lo llevaría a coronarse en Reims y lo restituiría en paz a su reino. Urgía actuar con presteza, pues ya hacía más de tres años que debería haber comenzado, mas no había encontrado quien la guiara hasta él. Inmediatamente, el rey mandó que la vistieran, armaran y montaran a caballo a su gusto. 

Por entonces, el rey se hallaba en la mayor perplejidad y tribulación que jamás sufriera, pues los ingleses sitiaban Orleans con una fortificación prodigiosa. La Doncella rogó al monarca que le confiara hombres, prometiendo que, por voluntad divina, levantaría el sitio, combatiría a los ingleses y, sin duda alguna, obtendría la victoria. Los capitanes del rey, no obstante, se burlaban: «¡He aquí un valiente campeón para recuperar Francia!», murmurando contra el rey y sus consejeros. Solo el duque de Alençon y un capitán valeroso llamado La Hire se ofrecieron, jurando seguirla con toda su compañía. Ella, alegre, mandó preparar estandartes, banderas y artillería. Cabalgaron con júbilo y, aunque pocos, embistieron contra los ingleses. La Doncella los atacó con tal ímpetu, invocando a Dios, San Miguel y Santa Catalina, que en breve desbarató el sitio y derrotó a los ingleses. Allí murió el conde de Salisbury, su principal capitán, dejándolos aterrados. Desde allí en adelante, le ocurrieron males día tras día. 

Esta fue la primer victoria que la mencionada Doncella hizo. Fue muy beneficiosa y agradable para el dicho rey y para todos sus capitanes y consejeros, y tuvieron perfecta confianza en Dios y en la mencionada Doncella, y se pusieron bajo su obediencia absoluta, siguiéndola a todas partes donde ella quería llevarlos. Tuvieron muchas victorias contra los mencionados ingleses y ganaron muchos territorios, tanto que, para ser breves, expulsó a los ingleses de la mayor parte del reino de Francia y llevó a coronar al rey a Saint-Remy de Reims, el diecisiete del mes de julio del año 1429 y la santa ampolla fue encontrada milagrosamente colmada de oléo, como se decía, y hubo gran triunfo y nobleza, como correspondía al caso. De allí en adelante, los asuntos fueron de mejor en mejor al rey, tanto que posee pacíficamente hoy, 23 de enero del año 1460, todo el reino con sus pertenencias. Posee aún Burdeos, Normandía, el Delfinado, el ducado de Allenfort (Alençon), el condado de Armagnac y muchos otros países. Ha reinado y reina maravillosamente tras estos dos grandes sufrimientos, como ha sido ya dicho. El resto de su vida y de su reino, se podría encontrar más profundamente en su crónica que será bien elevada y bien maravillosa, como presiento, pues, por el presente, no podría finalizarla. Dios conceda que ella sea buena. De los otros asuntos de la Doncella, me remito también a las crónicas que fueron hechas, que es una cosa muy maravillosa. 

Esta crónica fue hecha y escrita fiel y apresuradamente por mi, decado de Saint-Tiébaud, párroco de Saint-Supplice, en el año y... susodichos, siendo entonces oficial de Metz.

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