A Diego Ortiz, ciudadano de Toledo
El Espíritu Santo esté siempre en el alma de Vuestra merced, y le dé su santo amor y temor. Amén.
El padre doctor Pablo Hernández me ha escrito sobre la merced y limosna que Vuestra merced me hace al querer fundar una casa de esta Sagrada Orden. Ciertamente creo que nuestro Señor y su gloriosa Madre —mi Patrona y Señora— han movido el corazón de Vuestra merced para tan santa obra, en la que espero se sirva mucho Su Majestad y Vuestra merced obtenga gran ganancia de bienes espirituales. Plegue a Él hacerlo como yo, y todas estas Hermanas se lo suplicamos; y desde ahora toda la Orden se unirá en ello. Para mí ha sido una gran consolación, y por eso tengo deseo de conocer a Vuestra merced, para ofrecerme en persona como su sierva, y así me tenga desde ahora.
Nuestro Señor ha querido que ya no tenga las calenturas. Me doy toda la prisa posible en dejar este lugar con gusto, y pienso —con la ayuda de nuestro Señor— que todo se terminará pronto. Yo prometo a Vuestra merced no perder el tiempo ni hacer caso de mis males, aunque volvieran las calenturas, para no dejar de ir en cuanto sea posible; pues, si Vuestra merced lo hace todo, justo es que yo haga de mi parte lo poco que puedo, que es tomar algún trabajo. Al fin y al cabo, los que pretendemos seguir a quien vivió en continuo padecer sin merecerlo, no hemos de buscar otra cosa.
No pienso tener una sola ganancia en este negocio, porque —según me escribe mi padre Pablo Hernández acerca de Vuestra merced— será muy grande también el conocerle, ya que sus oraciones son las que me han sostenido hasta aquí. Por eso le pido por amor de Dios que no me olvide en las suyas.
Me parece que, si Su Majestad no dispone otra cosa, a más tardar estaré en ese lugar a las dos semanas de comenzada la Cuaresma. Como voy pasando por los monasterios que el Señor ha tenido a bien fundar estos años (aunque de aquí despacharemos pronto), me habré de detener algún día en ellos. Será el menor tiempo que me sea posible, pues Vuestra merced lo desea; aunque en una obra tan bien ordenada y ya hecha, no tendré más que mirar y alabar a nuestro Señor.
Su Majestad tenga siempre a Vuestra merced de su mano, y le dé vida, salud y aumento de gracia, que yo le pido. Amén. Hoy es nueve de enero.
Indigna sierva de Vuestra merced,
Teresa de Jesús, Carmelita
