XXXVI Carta de Santa Teresa de Ávila

 


Al licenciado Gaspar de Villanueva, en Malagón

JESÚS sea con Vuestra merced, mi Padre.

Le digo que, si tuviera la cabeza tan larga como tengo la voluntad de extenderme, no me quedaría corta. Con la de Vuestra merced, he recibido mucho entendimiento. En cuanto al asunto de su hermana e hija mía, me alegra que no haya quedado pendiente ni por su parte ni por la de Vuestra merced. Pero no sé qué algarabía es esta, ni en qué se basa la Madre Presidente. La Madre Priora Brianda me escribió sobre ello, y ya le respondí. Me parece que se haga lo que ella escriba, si a Vuestra merced le parece bien; y si no, hágase lo que Vuestra merced mande, que yo no quiero volver a hablar más sobre este asunto.

En cuanto a la hermana Mariana, deseo que haga la profesión en su lugar. Como sabe decir los salmos y está atenta a lo demás, sé que cumple con lo necesario; ya han hecho otras profesiones así, con parecer de letrados. Esto se lo envío a decir a la Madre Presidente, si a Vuestra merced no le parece otra cosa. Y si le parece diferente, yo me rindo a lo que Vuestra merced mande.

A la hermana Juana Bautista y a Beatriz les ruego me encomienden a Dios, y que, teniendo a Vuestra merced, no hay necesidad de ir a la madre con cosas interiores, pues parece que no quedan consoladas. Que acaben ya con esas quejas, que esa mujer no las mata, ni tiene distraída la casa, ni les impide recibir lo que necesitan, porque tiene mucha caridad. Ya las tengo entendidas. Pero hasta que el Padre Visitador pase por allí, no se puede hacer nada.

¡Ay, mi Padre! Qué trabajo es ver tantos cambios en esa casa... ¡Y pensar que cosas que antes les parecían insufribles ahora las adoran! Tienen la perfección de la obediencia con mucho amor propio, y así las castiga Dios en aquello mismo en lo que están faltas. Plegue a Su Majestad que nos perfeccione en todo. Amén. ¡Cómo mueven el principio esas hermanas! Y si no tuvieran a Vuestra merced, no me espantaría tanto. Nuestro Señor le guarde. No deje de escribirme, que es para mí un consuelo, y tengo poco en qué apoyarme. Diecisiete de abril.

Pensé responder a la hermana Mariana, pero en verdad que no tengo la cabeza para ello. Ruego a Vuestra merced que le diga que, si obra como escribe, aunque le falte leer muy bien, lo perdonaremos. Su carta me consoló mucho, y por respuesta le envío la licencia para que haga la profesión. Aunque no sea en manos de nuestro Padre si tarda mucho, que no deje de hacerla, si a Vuestra merced no le parece otra cosa; que las manos de Vuestra merced son buenas para el velo, y no ha de tener en cuenta en qué manos la hace, sino que se hace en las manos de Dios, que es lo que realmente importa.

Indigna sierva e hija de Vuestra merced,
Teresa de Jesús

Post a Comment

Previous Post Next Post