A Don Diego de Guzmán y Cepeda, sobrino de la Santa
JESÚS.
La gracia del Espíritu Santo sea con Vuestra merced, y le dé el consuelo que tanto necesita ante una pérdida que, en el presente, nos parece tan grande. Pero el Señor, que lo permite y nos ama más que nosotros a nosotros mismos, traerá tiempos en los que comprenderemos que esto era lo mejor que podía hacer por mi prima, y por todos los que la queríamos bien. Porque siempre se lleva a los suyos en el mejor estado.
Vuestra merced no considere que ha vivido una vida muy larga, siendo tan breve lo que termina tan pronto; más bien advierta que puede quedarle tan solo un momento de soledad, y ponga todo en las manos de Dios, que Su Majestad hará lo que más convenga. Es un gran consuelo ver morir con esa seguridad tan cierta de que vivirá para siempre.
Y crea Vuestra merced que, si el Señor ahora la lleva, tendrá mayor ayuda desde el cielo, tanto para Vuestra merced como para sus hijos, estando ella delante de Dios. Su Majestad nos escuche, que con gran fervor se lo encomiendo, y le conceda conformidad con todo lo que haga, así como luz para entender cuán poco duran los descansos y los trabajos de esta vida.
Indigna sierva de Vuestra merced,
Teresa de Jesús.
