XXXIX Carta de Santa Teresa de Ávila

 


En que consuela a una persona afligida con la muerte de su mujer

JESÚS.
La gracia del Espíritu Santo sea con Vuestra merced, y le dé fuerzas espirituales y corporales para sobrellevar tan gran golpe como ha sido este sufrimiento. A no ser por tan piadosa y justa mano, no sabría con qué consolar a Vuestra merced, según me ha dolido a mí misma.

Pero como entiendo cuán verdaderamente nos ama este gran Dios, y sé que Vuestra merced ya tiene bien comprendida la miseria y poca estabilidad de esta vida tan frágil, espero en Su Majestad que le dará aún más luz para que entienda la gran merced que hace nuestro Señor al sacar de esta vida a quienes le conocen y le aman. Y más aún, cuando podemos estar seguros —según nuestra fe— de que esta alma santa está ya en el lugar donde recibirá el premio conforme a los muchos trabajos que en esta vida soportó con tanta paciencia.

Esto he rogado a nuestro Señor con toda el alma, y he pedido a estas Hermanas que también lo hagan. Que le dé a Vuestra merced consuelo y salud, para que pueda comenzar de nuevo a pelear en este mundo miserable. Bienaventurados los que ya están en seguridad. No me parece ahora tiempo de alargarme más, sino de hacerlo con nuestro Señor, suplicándole que consuele a Vuestra merced, pues las criaturas poco pueden en penas tan hondas, y menos aún una tan miserable como yo. Su Majestad obre como poderoso, y sea de aquí en adelante la compañía de Vuestra merced, de manera que no eche en falta la muy buena que ha perdido.

Hoy es víspera de la Transfiguración.

Indigna sierva y súbdita de Vuestra merced,
Teresa de Jesús

Post a Comment

Previous Post Next Post