Al mismo Padre fray Jerónimo Gracian de la Madre de Dios
JESÚS.
La gracia del Espíritu Santo sea con Vuestra Paternidad, mi Padre, y le haya dado esta Pascua tantos bienes y dones suyos, que pueda con ellos servir a Su Majestad todo lo mucho que le debe, por haber querido que, aun a costa de Vuestra Paternidad, vea remediado su pueblo. Sea Dios por todo alabado, que ciertamente hay mucho que pensar y que escribir de esta historia.
Aunque no sé las particularidades de cómo se ha concluido, entiendo que debe de ser muy bien: al menos, si el Señor nos deja ver provincia, no se debe de haber hecho en España con tanta autoridad y examen. Queda a entender que quiere el Señor a los Descalzos para más de lo que pensamos. Plegue a Su Majestad guardar muchos años a Pablo, para que lo goce y trabaje; que yo, desde el Cielo, lo veré, si merezco este lugar.
Ya trajeron la carta de pago de Valladolid. Mucho me alegro de que vayan ahora esos dineros. Plegue al Señor ordenar que se concluya con brevedad, porque aunque es muy bueno el Prelado que ahora tenemos, es cosa diferente de lo que conviene, para asentarse todo como es menester, que en fin es de prestado.
Por esa carta verá Vuestra Paternidad lo que se ordena de la pobre vejezuela. Según los indicios que hay (puede ser sospecha), es más el deseo que estos mis Hermanos deben de tener de verme lejos de sí que la necesidad de Malagón. Esto me ha dado un poco de sentimiento; que lo demás, ni el primer movimiento digo el ir a Malagón, aunque el ir por Priora me da pena, que no estoy para ello, y temo faltar en el servicio de nuestro Señor. Vuestra Paternidad le suplique que en esto esté yo siempre entera, y en lo demás, venga lo que viniere, que mientras más trabajos, más ganancia.
En todo caso, rompa Vuestra Paternidad esa carta. Harto consuelo me da que esté tan bueno, si no que no lo querría con el calor ver en ese lugar. ¡Oh, qué soledad me hace cada día más para el alma, estar tan lejos de Vuestra Paternidad!, aunque del Padre Fray Joseph siempre le parece estar cerca, y con esto se pasa esta vida, bien sin contentos de la tierra y muy continuo contento.
Vuestra Paternidad ya no debe de estar en ella, según le ha quitado el Señor las ocasiones, y le ha dado las manos llenas, para que esté en el Cielo. Es verdad que, mientras más pienso en esta tormenta y en los medios que ha tomado el Señor, más me quedo boba; y si fuese servido que esos andaluces se remediaran algo, lo tendría por merced muy particular. No fuese por manos de Vuestra Paternidad, como no le va el apretarlos, pues ha sido esto para su remedio; y esto he deseado siempre.
Me ha dado gusto lo que me escribe el Padre Nicolás en este caso, y por eso lo envío a Vuestra Paternidad.
Todas estas Hermanas se le encomiendan mucho. Harto sienten pensar si me he de ir de aquí. Avisaré a Vuestra Paternidad lo que fuere. Encomiéndelo a nuestro Señor mucho, por caridad. Ya se acordará de lo que murmuraban estas andadas después, y quiénes son: mire qué vida. Aunque esto hace poco al caso.
Yo he escrito al Padre Vicario los inconvenientes que hay para ser yo Priora, de no poder andar con la comunidad, y en lo demás: que ninguna pena me dará; iré al cabo del mundo, como sea por obediencia; antes creo, mientras mayor trabajo fuese, me holgaría más de hacer siquiera alguna cosita por este gran Dios, que tanto le debo: en especial, creo que es más servirle cuando sólo por obediencia se hace.
Que con el mi Pablo bastaba para hacer cualquier cosa con contento el dársele. Hartas pudieran decir que le dieran contento, sino que temo esto de cartas, para cosas del alma en especial.
Para que Vuestra Paternidad se ría un poco, le envío esas coplas que enviaron de la Encarnación, que más es para llorar, como está aquella casa. Pasan las pobres entreteniéndose. ¡Cómo gran cosa han de sentir verme ir de aquí!, que aun tienen esperanza (y yo no estoy sin ella) de que se ha de remediar aquella casa.
Con mucha voluntad han dado los doscientos ducados las de Valladolid, y la Priora lo mismo, que si no los tuviera, los buscara: y envía la carta de pago de todos cuatrocientos. He lo tenido en mucho, porque verdaderamente es allegadora para su casa. Más tal carta le escribí yo. La señora doña Juana me ha caído en gracia, que me ha espantado, que me escribe que le tiene algún miedo, porque daba los dineros sin decírselo. Y verdaderamente que en lo que toca a la hermana María de San Joseph, siempre la he visto con gran voluntad: en fin, se ve la que a Vuestra Paternidad tiene.
Dios le guarde, mi Padre. Amén, amén.
Al Padre Rector, mis encomiendas; y al Padre que me escribió este otro día, lo mismo. Fue ayer postrer día de Pascua. La mía, aún no ha llegado.
Indigna sierva de Vuestra Paternidad,
Teresa de Jesús.
