XXIII Carta de Santa Teresa de Ávila

 


Al mismo Padre fray Jerónimo Gracian de la Madre de Dios

JESÚS

Gracia del Espíritu Santo sea con Vuestra Paternidad, Padre mío.

He recibido tres cartas de V.P. por el correo mayor, y ayer las que traía fray Alonso. Bien me ha pagado el Señor lo que se habían tardado. Por siempre sea bendito, que está V.P. bueno.

Primero me dio un sobresalto que, como llegaron los pliegos de la Priora y no venía letra de V.P. en uno ni en otro, ya veía lo que había de sentir. Pronto se remedió. Siempre me diga V.P. las que recibe mías, que no hace sino no responderme a cosas muchas veces, y luego olvidarse de poner la fecha.

En la una y en la otra me dice V.P. que cómo me fue con la señora doña Juana, y lo he escrito por la vía del correo de aquí. Pienso viene la respuesta en la que me dice viene por Madrid, y así no me ha dado mucha pena. Estoy buena, y la mi Isabel es toda nuestra recreación. Extraña cosa es su apacibilidad y regocijo. Ayer me escribió la señora doña Juana. Buenos están todos.

Mucho he alabado al Señor de cómo van los negocios, y me han espantado las cosas que me ha dicho fray Alonso que decían de V.P. ¡Válgame Dios!, ¡qué necesaria ha sido la ida de V.P.! Aunque no hiciese más, en conciencia me parece que estaba obligado por la honra de la Orden. No sé cómo se podían publicar tan grandes testimonios. Dios les dé su luz. Y si V.P. tuviera de quién fiarse, harto bueno fuera hacerles ese placer de poner otro Prior; mas no lo entiendo. Espántome de quién daba ese parecer, que era no hacer nada. Gran cosa es estar alguien que sea contrario para todo, y harto trabajo, que si fuera bien, lo rehusase él mismo. En fin, no están mostrados a desear ser poco estimados.

No es maravilla que, teniendo tantas ocupaciones, Pablo pueda tener con Joseph tanto sosiego. Mucho alabo al Señor. V.P. le diga que acabe ya de contentarse de su oración, y no se le dé nada de obrar el entendimiento cuando Dios le hiciere merced de otra suerte; y que mucho me contenta lo que escribe. El caso es que en estas cosas interiores de espíritu la oración que tiene más aceptación y acierto es la que deja mejores efectos. No digo luego al presente muchos deseos, que en esto, aunque es bueno, a las veces no son como nos los pinta nuestro amor propio. Llamo deseos confirmados con obras: que los deseos que tiene de la honra de Dios se parezcan en mirar por ella muy de veras, y emplear su memoria y entendimiento en cómo le ha de agradar, y mostrar más el amor que le tiene.

¡Oh, qué esta es la verdadera oración! Y no unos gustos para nuestro gusto, no más; y cuando no se ofrece lo que he dicho, mucha flojedad, y temores, y sentimientos de si hay falta en nuestra estima. Yo no desearía otra oración sino la que me hiciese crecer en virtudes. Si es con grandes tentaciones y tribulaciones, y esto me dejase más humilde, esto tendría por buena oración; pues lo que más agrada a Dios, tendría por más oración. Que no se entiende que no ora el que padece, pues lo está ofreciendo a Dios, y muchas veces mucho más que el que se está quebrando la cabeza a solas, y piensa que, por haber estrujado algunas lágrimas, aquello es la oración.

Perdone V.P. con tan grande recaudo, pues el amor que tiene a Pablo lo sufre. Y si le parece bien esto que digo, dígaselo; y si no, no. Mas digo lo que querría para mí. Yo le digo que es gran cosa obras y buena conciencia.

En gracia me ha caído lo del padre Joanes; podría ser querer el demonio hacer algún mal y sacar Dios algún bien de ello. Mas es menester grandísimo aviso, que tengo por cierto que el demonio no dejará de buscar cuantas invenciones pudiere para hacer daño a Elisco, y así hace bien de tenerlo por patillas. Y aun creo no sería malo dar a esas cosas pocos oídos, porque si es para que haga penitencia Joanes, hartas le ha dado Dios, que lo que fue por sí solo, que los tres que se lo debían aconsejar presto pagaron lo que Joseph dijo.

De la hermana San Jerónimo, será menester hacerla comer carne algunos días, y quitarle la oración, y mandarle V.P. que no trate sino con él, o que me escriba, que tiene flaca imaginación, y lo que medita le parece que ve y oye; bien que algunas veces será verdad, y lo ha sido, que es muy buena alma.

De la hermana Beatriz me parece lo mismo, aunque eso que me escriben del tiempo de la profesión no me parece antojo, sino harto bien. También ha menester ayunar poco. Mándelo V.P. a la Priora, y que no las deje tener oración a tiempos, sino ocupadas en otros oficios, porque no vengamos a más mal. Y créame, que es menester esto.

Pena me ha dado lo de las cartas perdidas, y no me dice si importaban algo las que perecieron en manos de Peralta. Sepa que envío ahora un correo. Mucha, mucha envidia he tenido a las monjas de los sermones que han gozado de V.P. Bien parece que lo merecen, y yo los trabajos. Y con todo, me dé Dios muchos más por su amor.

Pena me ha dado el haberse de ir V.P. a Granada. Querría saber lo que ha de estar allá, y ver cómo le he de escribir, o adónde. Por amor de Dios lo deje avisado. Pliego de papel con firma no vino ninguno: envíeme V.P. un par de ellos, que creo serán menester, que ya veo el trabajo que tiene, y hasta que haya alguna más quietud, querría quitar alguno a V.P.

Dios le dé el descanso que yo deseo, con la santidad que le puede dar. Amén.

Son hoy veinte y tres de octubre.

Indigna sierva de V.P.
Teresa de Jesús

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