Al Padre Fray Jerónimo Gracian de la Madre de Dios
Jesús sea con Vuestra Paternidad.
Mi Padre, después que se fue el Padre Prior de Mancera, he hablado con el Maestro Daza y con el doctor Rueda sobre esto de la Provincia; porque yo no querría que Vuestra Paternidad hiciese cosa que nadie pudiera decir que estuvo mal. Me dolería más eso, aunque luego saliese bien, que todas las cosas que se hacen mal para nuestro provecho, aunque no tengamos culpa. Ambos dicen que les parece algo grave, si la comisión de Vuestra Paternidad no trata alguna particularidad para poderse hacer, especialmente el doctor Rueda, a cuyo parecer yo me adhiero mucho, porque en todo lo veo acertado; en fin, es muy letrado. Dice que, como es cosa de jurisdicción, es dificultoso hacer elección; porque si no es el General o el Papa, no lo puede hacer, y que los votos serían inválidos, y que no habría más remedio que estos otros acudir al Papa y levantar la voz, saliéndose de la obediencia, haciéndose superiores en lo que no pueden; que es cosa malsonante, y que tiene por más dificultoso confirmar la elección que dar el Papa licencia para hacer la Provincia. Que con una carta que escriba el Rey a su Embajador, gustará de hacerlo; que es cosa fácil, como se lo diga, igual que la traían a los Descalzos. Podría ser que, si se tratase con el Rey, gustase de hacerlo; pues aun para la Reforma es gran ayuda, porque estos otros los tendrían en más estima y se descuidarían ya en que se han de deshacer.
No sé si sería bueno que Vuestra Paternidad lo comunicase con el Padre Maestro Chaves (llevando esta mi carta, que envié con el Padre Prior), que es muy sensato; y haciendo uso de su favor, quizá lo alcanzaría con el Rey. Y con cartas suyas sobre esto, deberían ir los mismos frailes a Roma (los que están tratados), que en ninguna manera querría se dejasen de ir; porque, como dice el doctor Rueda, es el camino y medio directo el del Papa o el del General. Yo le digo que si el Padre Padilla, y todos, hubiéramos decidido acabar esto con el Rey, ya estaría hecho; y aun Vuestra Paternidad mismo podría tratarlo, y al Arzobispo: porque si electo el Provincial se ha de confirmar, y favorecerlo el Rey, mejor puede hacerlo ahora. Y si no se hace, no queda la nota y la ruptura que quedará si después de electo no se hace, y queda por borrón; y porque se hizo lo que no se podía, y que no se entendió, pierde Vuestra Paternidad mucho crédito.
Dice el doctor que aun si lo hiciera el Visitador dominico, u otro, mejor se soportaría que hacerlo ellos prelados para sí mismos: y que en estas cosas de jurisdicción, como he dicho, se exige mucho, y es cosa importante, que la cabeza tenga por donde lo pueda ser. Yo, pensando que ha de echar Vuestra Paternidad la culpa con alguna causa, me acobardo; lo que no hago cuando se la echan sin ella, antes me nacen más alas. Y ansí no he visto la hora de escribir esto, para que se mire mucho.
¿Sabe qué he pensado? Que, por ventura, de las cosas que he enviado a nuestro Padre General, se aprovecha contra nosotros (que eran muy buenas), dándolas a Cardenales; y me ha pasado por pensamiento no enviarle nada, hasta que estas cosas se acaben. Y ansí sería bien, si se ofreciese ocasión, dar algo al Nuncio. Yo veo, mi Padre, que cuando Vuestra Paternidad está en Madrid, hace mucho en un día; y que hablando con unos y otros, y de las que Vuestra Paternidad tiene en Palacio, y el Padre Fray Antonio con la Duquesa, se podría hacer mucho para que con el Rey se hiciese esto, pues él desea que se conserven. Y el Padre Mariano, pues habla con él, se lo podría dar a entender, y suplicárselo, y traerle a la memoria lo que ha que está preso aquel santito de Fray Juan. En fin, el Rey a todos oye: no sé por qué ha de dejar de decírselo y pedírselo el Padre Mariano en especial.
Más qué hago de hablar, ¡y cuántas tonterías escribo a Vuestra Paternidad! Y todo me lo sufre. Yo le digo, que me estoy deshaciendo por no tener libertad para poder yo hacer lo que digo que hagan. Ahora, como el Rey se va tan lejos, querría que quedase algo hecho. Hágalo Dios, como puede.
Con gran deseo estamos esperando a esas Señoras; y estas Hermanas, muy firmes en que no han de dejar pasar a su hermana de Vuestra Paternidad sin darle aquí el hábito. Es cosa extraña lo que Vuestra Paternidad les debe. Yo se lo he tenido en mucho, porque están tantas, y tienen necesidad; y con el deseo que tienen de tener cosa de Vuestra Paternidad, no se les pone cosa delante. ¡Pues Terefica, las cosas que dice y hace! Yo también me holgaría; porque adonde van no la podré así gozar, y aun quizá nunca, que está muy a trasmano. Con todo, queda por mí, y las voy a la mano; porque ya está recibida en Valladolid, y estará muy bien, y sería darles disgusto mucho, en especial a Casilda. Queda reservada para Juliana (aunque yo no les digo nada de esto de Juliana), porque irá a Sevilla, hácese muy grave para la señora doña Juana; y aun quizá, de que sea grande, lo sentirá. ¡Oh, qué tentación tengo con su hermana, la que está en las Doncellas! Que por no lo entender, deja de estar remediada, y más a su descanso que está.
Mi hermano Lorenzo lleva esta carta, que va a la Corte, y desde allí creo a Sevilla. En Madrid ha de estar algunos días. La Priora creo escribe, y ansí no más de que Dios me guarde a Vuestra Paternidad. La de Alba está malísima: encomiéndela a Dios; que aunque más digan de ella, se perdería harto, porque es muy obediente; y cuando esto hay, con avisarse se remedia todo. ¡Oh, qué obras pasan las de Malagón por Brianda! Mayor el deseo de que torne allí.
A doña Luisa de la Cerda se le ha muerto la hija más pequeña; que me tienen lastimadísima los trabajos que Dios da a esta Señora. No le queda sino la viuda. Creo es razón le escriba Vuestra Paternidad y la consuele, que se le debe mucho.
Mire en esto de quedar aquí su hermana, si le parece mejor, no lo estorbare; y si gusta la señora doña Juana de tenerla más cerca. Yo temo (como ya tiene por ir a Valladolid), no le suceda alguna tentación después de aquí: porque oirá cosas de allá, que no tiene esta Casa, aunque no sea sino la huerta; que esta tierra es miserable. Dios me le guarde, mi Padre, y le haga tan santo como yo le suplico. Amén. Amén. Mejor se va parando el brazo.
Hoy es 15 de abril.
Indigna sierva e hija de Vuestra Paternidad,
Teresa de Jesús.
