XLV Carta de Santa Teresa de Ávila

 


A la hermana Teresa de Jesús, sobrina de la Santa, Carmelita Descalza en San José de Ávila

Jesús.

La gracia del Espíritu Santo sea con Vuestra Caridad, hija mía.

Me alegré mucho con su carta, y también me consuela saber que las mías le dan alegría, ya que no podemos estar juntas.

En cuanto a esas sequedades espirituales que menciona, me parece que nuestro Señor ya la trata como a una alma fuerte, pues quiere probarla para ver si su amor permanece también en los tiempos secos, como cuando hay consolaciones. Considere esto como una gran gracia del Señor. No se aflija, porque la perfección no está en los gustos o sentimientos, sino en las virtudes. Cuando menos lo espere, volverá la devoción.

Sobre lo que menciona de esa Hermana, procure no pensar más en ello, sino alejarlo de su mente. Y no piense que sólo por llegarle un mal pensamiento ya ha pecado, aunque el pensamiento sea muy feo: eso no es nada. Yo también la querría incluso con esa sequedad, porque no sé si se le comprende del todo, y quizás por su bien espiritual nos conviene desear que lo pase.

Cuando le venga un mal pensamiento, hágase la señal de la cruz, rece un Padrenuestro o dése un golpe de pecho, y procure pensar en otra cosa. Ese esfuerzo será mérito, porque está resistiendo.

Quisiera responder a Isabel de San Pablo, pero no tengo ahora oportunidad. Dele mis saludos, que ya sabe que Vuestra Caridad es la más querida.

Don Francisco está como un ángel, muy bueno. Ayer comulgó él y sus criados. Mañana partimos para Valladolid, y desde allí le escribirá, porque aún no le he hablado de este mensajero.

Que Dios me la guarde, hija mía, y la haga tan santa como se lo pido. Amén.

A todas me encomiendo. Hoy es el día de San Alberto.

Teresa de Jesús


Post a Comment

Previous Post Next Post