XLIII Carta de Santa Teresa de Ávila

 


A la madre priora, y a las religiosas Carmelitas Descalzas de la Santísima Trinidad de Soria

La gracia del Espíritu Santo sea con Vuestra Reverencia y con todas sus caridades, hijas mías.

Bien pueden creer que quisiera escribir a cada una de ustedes por separado, pero hay tal revuelo que apenas puedo escribirles a todas juntas y enviarles estas líneas; sobre todo ahora, que estamos a punto de partir, hay aún menos tiempo.

Pidan a nuestro Señor que se digne bendecirlo todo, y muy especialmente esta fundación de Burgos.

Me consuela mucho recibir sus cartas, y aún más ver en sus obras y palabras el gran cariño que me tienen. Y bien creo que todavía se quedan cortas en comparación con lo que se debe al amor que yo les tengo; aunque en el socorro que me han dado ahora, han sido muy generosas. Como la necesidad era grande, lo he valorado muchísimo.

Nuestro Señor les dará el premio, pues claramente se ve que le sirven, al haber podido hacer esta buena obra con estas monjas. Todas ellas se lo agradecen de corazón y las encomendarán al Señor. Por mi parte, como lo hago continuamente, no tengo más que ofrecer.

Me ha alegrado mucho saber que todo les va tan bien, y especialmente que haya habido alguna ocasión para que murmuren de ustedes sin haberles dado motivo. Es muy buena cosa, porque han tenido pocas oportunidades de merecer en esa fundación.

De nuestro Padre Vallejo no diré más que esto: nuestro Señor siempre paga con crecidos trabajos los grandes servicios que se hacen a su Majestad. Y como la obra que hace en esa casa es tan grande, no me sorprende que el Señor quiera darle más y más méritos.

Miren, mis hijas: cuando esa santa entre —me refiero a la Madre Priora— es justo que todas la traten con respeto y amor. Donde hay tanta virtud, no hace falta apretar mucho: basta con ver lo que ella hace y tener un padre tan bueno como el que tienen, que yo creo les puede enseñar mucho.

Dios quiera que las conserve con salud y con tan buenos años como yo le suplico.

También me alegra mucho que la Madre Supriora esté mejor. Si necesita siempre comer carne, no importa que la tome, aunque sea Cuaresma, porque no se va contra la Regla cuando hay verdadera necesidad; no se aprieten en esto.

Yo pido al Señor que les dé muchas virtudes, en especial humildad y amor entre ustedes, que es lo más importante. Ojalá su Majestad me conceda verlas crecer en esto; y pidan lo mismo por mí.

Víspera de la fiesta del rey David. Hoy es el día en que llegamos a la fundación de Palencia.

De sus caridades, sierva,
Teresa de Jesús

P.D. Encomienden a Dios a la Hermana Teresa de Jesús y a la Madre Supriora, que están en cama, y la Superiora está bien enferma.

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