XLII Carta de Santa Teresa de Ávila

 


A la madre Catalina de Cristo, priora de las Carmelitas Descalzas de la Santísima Trinidad de Soria

JESÚS.
Sea con Vuestra Reverencia, hija mía, y que me la guarde. He recibido sus cartas, y con ellas mucho consuelo. En cuanto a lo de la cocina y el refectorio, me alegraría que se hiciera, pero allá lo verán mejor; hagan lo que juzguen más conveniente.

Sobre la casa de Roque de Huerta, me alegro de que sea bonita. Y respecto a la profesión de esa Hermana, me parece bien que se detenga, como Vuestra Reverencia dice, pues es muy niña y no hay prisa. Y no se asuste si tiene algunos altibajos: a su edad no es nada raro. Ya se hará, y suelen ser más mortificadas después que otras. A la Hermana Leonor de la Misericordia, dígale que eso, y más, deseo yo hacer en su servicio. ¡Ojalá pudiera ir a su profesión! Lo haría de buena gana, y me daría más gusto que muchas de las cosas que tengo por acá.

En cuanto a la fundación, no me decidiré a que se haga sin que haya alguna renta segura, porque veo tan poca devoción ya, que no podemos andar de cualquier manera; y estando tan lejos de las otras casas, no se puede resistir sin ciertas comodidades. Aquí unas casas ayudan a otras cuando hay necesidad. Está bien que haya estos comienzos, y que se trate y se vaya descubriendo gente devota; que si es cosa de Dios, Él moverá con más fuerza que la que ahora parece haber.

Yo estaré poco en Ávila, porque no puedo dejar de ir a Salamanca. Allí puede escribir Vuestra Reverencia, aunque si llega a hacerse lo de Madrid (de lo cual tengo esperanzas), lo preferiría, por estar más cerca de esa casa. En cuanto a esa monja que me menciona, si quisiera ir a Palencia, me alegraría, porque allí la necesitan mucho.

A la Madre Inés de Jesús le escribo para que Vuestra Reverencia y ella se pongan de acuerdo. Y en lo de esos Padres, me alegra que haga Vuestra Reverencia lo que pueda con ellos, porque hace falta, tanto lo bueno como lo que no lo es, y la gracia que les mostremos. A la Señora Doña Beatriz, dígale de mi parte todo lo que le parezca; que bien quisiera escribirle, pero estamos de camino y con tantos asuntos, que no sé de mí. Dios se sirva de todo. Amén.

Y no piense Vuestra Reverencia que le digo que se retrase la profesión por cuestiones de mayoría o de memoria de una u otra cosa, que esos son puntos del mundo que a mí me ofenden mucho, y no quisiera que Vuestra Reverencia los tuviera en cuenta. Me alegra que se retrase por ser niña, y porque así se mortifica más. Y si entendiera yo que se hace por otra razón, mandaría enseguida que se le diera la profesión, porque la humildad que profesamos ha de mostrarse en las obras.

A Vuestra Reverencia lo digo, porque entiendo que la Hermana Leonor de la Misericordia no mira estas cosas con mundanidad. Y siendo así, me alegra que se retrase más tiempo la profesión de esa niña.

No puedo alargarme más, porque estamos de camino hacia Medina. Yo ando como suelo. Mis compañeras se encomiendan a Vuestra Reverencia. No hace mucho escribió Ana sobre lo que pasaba por acá. A todas me encomiendo mucho. Dios las haga santas, y a Vuestra Reverencia con ellas.

Valladolid, quince de septiembre.
De Vuestra Reverencia, sierva,
Teresa de Jesús

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