XLI Carta de Santa Teresa de Ávila

 


A unas señoras pretendientes del hábito de la Reforma del Carmelo

JESÚS sea con vuestras mercedes.

Recibí su carta. Siempre me da mucho consuelo saber de vuestras mercedes y ver cómo nuestro Señor las mantiene en sus buenos propósitos, lo cual no es una merced pequeña, estando en esa Babilonia, donde siempre se oyen cosas más bien para distraer el alma que para recogerla.

Es cierto que, teniendo buen entendimiento, ver tantos y tan diversos sucesos será ocasión para reconocer la vanidad de todo y lo poco que dura.

Los de nuestra Orden han andado, desde hace más de un año, de tal manera que, a quien no entendiera los caminos de nuestro Señor, le daría mucha pena. Pero viendo que todo es para purificar más las almas, y que al final Dios ha de favorecer a sus siervos, no hay razón para temer, sino mucho deseo de que crezcan los trabajos y de alabar a Dios, que nos ha hecho tan gran merced: padecer por la justicia.

Y vuestras mercedes hagan lo mismo, y confíen en Él, que cuando menos lo esperen, verán cumplidos sus deseos.

Su Majestad las guarde con la santidad que yo le suplico. Amén.

Teresa de Jesús

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