A la ilustrísima señora Doña Ana Henríquez. En Toro.
JESÚS.
La gracia del Espíritu Santo sea siempre con Vuestra Merced.
Harto consuelo fuera para mí hallar a Vuestra Merced en este lugar, y diera por bien empleado el camino por gozar de Vuestra Merced con más asiento que en Salamanca. No he merecido esta merced de nuestro Señor; sea por siempre bendito. Esta Priora se lo ha gozado todo: en fin, es mejor que yo, y harto servidora de Vuestra Merced.
Me he holgado mucho de que haya tenido Vuestra Merced a mi padre Baltasar Álvarez algunos días, para que haya alivio de tantos trabajos. Bendito sea el Señor, que Vuestra Merced tiene más salud que suele. La mía es ahora harto mejor que todos estos otros años, lo cual es mucho en este tiempo. Hallé tales almas en esta casa, que me ha hecho alabar a nuestro Señor. Y, aunque Estefanía, cierto es —a mi parecer— santa, el talento de Casilda y las mercedes que el Señor le ha hecho desde que tomó el hábito me han satisfecho mucho. Su Majestad lo lleve adelante, que mucho es de preciar almas que tan con tiempo las toma para sí.
La simplicidad de Estefanía para todo —si no es para Dios— es cosa que me espanta cuando veo la sabiduría que en su lenguaje tiene de la verdad. Ha visitado el Padre Provincial esta casa, y ha hecho elección. Acudieron a la misma que se tenía, y traemos para su priora una de San José de Ávila que eligieron, que se llama Antonia del Espíritu Santo. La señora doña Guiomar la conoce: es harto buen espíritu.
La fundación de Zamora se ha quedado por ahora, y tornó a la jornada larga que iba. Ya yo había pensado procurar mi contento con ir por ese lugar para besar a Vuestra Merced las manos. Hace mucho que no tengo carta de mi padre Baltasar Álvarez, ni le escribo —y no, cierto, por mortificarme, que en esto nunca tengo aprovechamiento (y aun creo que en todo), sino que son tantos los tormentos de estas cartas, y cuando alguno es solo para mi contento, siempre me falta tiempo. Bendito sea Dios, que hemos de gozar de Él con seguridad eternamente; que cierto, acá con estas ausencias y variedades en todo, poco caso podemos hacer de nada. Con este esperar el fin paso la vida; dicen que con trabajos… a mí no me lo parece.
Háceme cuenta la Madre Priora del mi guardador que no le cae en menos gracia su merced que a mí. Nuestro Señor le haga muy santo. Suplico a Vuestra Merced dé a su merced mis encomiendas. Yo le ofrezco a nuestro Señor muchas veces, y al señor don Juan Antonio lo mismo.
Vuestra Merced no me olvide, por amor del Señor, que siempre tengo necesidad. De la señora doña Guiomar ya nos podemos descuidar, según Vuestra Merced dice, y ella encarece. Harto gustara de saber algún principio de tan buen suceso, para atinar a lo que es, por gozar del contento que Vuestra Merced tiene. Desele nuestro Señor a Vuestra Merced en el alma esta Pascua, tan grande como yo se lo suplicare.
Este día de Santo Tomé hizo aquí el Padre Fray Domingo un sermón, en donde puso en tal término los trabajos, que yo quisiera haber tenido muchos, y aun que me los dé el Señor en lo por venir. En extremo me han contentado sus sermones. Tiénenle elegido por prior; no se sabe si le confirmarán. Anda tan ocupado, que le he gozado harto poco; mas con otro tanto que viera a Vuestra Merced, me contentara. Ordénelo el Señor, y dé a Vuestra Merced tanta salud y descanso como es menester para ganar el que no tiene fin.
Es mañana víspera de Pascua.
Indigna sierva y súbdita de Vuestra Merced,
Teresa de Jesús.
