VII Carta de Santa Teresa de Ávila

 

Al mismo ilustrísimo señor Don Sancho Dávila

Jesús

La gracia del Espíritu Santo sea siempre con usted.

Si hubiera sabido que Vuestra Merced estaba en ese lugar, le habría respondido antes a su carta, pues deseaba mucho hacerlo para expresarle el gran consuelo que me dio. Pague Su Divina Majestad a Vuestra Merced con los bienes espirituales que yo siempre le suplico.

Durante la fundación de Burgos he pasado por tantos trabajos, con poca salud y muchas ocupaciones, que apenas me quedaba tiempo para tomar el descanso que hubiese deseado. Gloria sea a Dios, que ya todo ha quedado bien concluido. Me daría gran gusto poder ir a donde está Vuestra Merced, pues sería de gran consuelo tratar algunos asuntos en persona, que por carta se expresan mal. Nuestro Señor no quiere concederme muchos deseos propios: cúmplase Su Divina Voluntad, que es lo que importa.

Deseo mucho ver la vida de mi señora la Marquesa. Debió de recibir tarde la carta mi señora la Abadesa, su hermana, y por eso, al leerla, creo que aún no me la ha enviado. Con mucha razón ha querido Vuestra Merced que quede memoria de una vida tan santa. Quiera Dios que Vuestra Merced logre escribir todo lo mucho que hay que decir, pues temo que se quede corta.

¡Oh Señor! ¡Y cuánto sufrí para que los padres de mi sobrina la dejaran en Ávila hasta que yo regresara de Burgos! Como me vieron tan decidida, logré convencerlos.

Dios guarde a Vuestra Merced, que tanto cuida de hacerles bien a todos. Yo espero que ha de ser usted su alivio y remedio. Que Dios le guarde muchos años con la santidad que siempre le suplico. Amén.

Desde Palencia, a doce de agosto de mil quinientos ochenta y dos.

Indigna sierva y súbdita de Vuestra Merced,
Teresa de Jesús


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