VI Carta de Santa Teresa de Ávila

 

Al muy ilustre Señor Don Sancho, que después fue obispo de Jaen.

Jesús

Que la gracia del Espíritu Santo esté siempre con usted.
He alabado a nuestro Señor y considero un gran favor suyo aquello que usted juzga por falta: dejar algunos excesos que practicaba por la muerte de mi señora la Marquesa, su madre, cuya pérdida tanto nos ha dolido a todos. Su Señoría goza ahora de Dios, y ¡ojalá todas tuviéramos tan buen final!

Ha hecho muy bien en escribir la vida de su madre, que fue muy santa (yo misma soy testigo de ello). Le beso las manos por el favor de querer enviármela; tendré mucho que considerar y en ella alabar a Dios. Esa firme determinación que siente—no ofenderle jamás, y, cuando se presente ocasión de servirle, apartarse de todo lo que pueda desagradarle—es una señal verdadera del deseo de no ofender a Su Majestad. Y el hecho de acercarse cada día al Santísimo Sacramento y sentir pesar cuando no lo hace demuestra una amistad todavía más íntima.

Procure siempre reconocer las mercedes que recibe de Su mano para que crezca el amor que le tiene; no se detenga en las menudencias de su miseria, pues ya de por sí se nos presentan bastantes a todos, y a mí en especial.
En cuanto a distraerse durante el rezo del Oficio Divino—flaqueza que yo también padezco y atribuyo a mi poca cabeza—tómelo así Vuestra Merced; bien sabe el Señor que, aunque rezamos, querríamos hacerlo a la perfección. Yo me encuentro mejor: después del año pasado puedo decir que estoy bien, aunque paso pocos ratos sin padecer; mas, viendo que mientras vivimos eso es lo mejor, lo llevo con paciencia.

Al señor Marqués y a mi señora la Marquesa, hermanos de usted, beso las manos de Sus Señorías. Aunque he estado lejos, no olvido en mis pobres oraciones suplicar a nuestro Señor por ellos; por usted poco ruego, pues es mi señor y padre de confesión. Le pido que envíe recado de mi parte al señor don Fadrique y a la señora doña María: no tengo cabeza para escribirles yo misma, y me perdone Vuestra Merced por amor de Dios.

Su Divina Majestad guarde a Vuestra Merced y le conceda la santidad que le suplico. Amén.

Ávila, 10 de octubre de 1580

Indigna sierva de Vuestra Merced y su hija,
Teresa de Jesús


Post a Comment

Previous Post Next Post