Al mismo ilustrísimo Don Álvaro de Mendoza, Obispo de Ávila.
JESÚS
Si la obediencia no me forzara, cierto yo no respondería ni admitiría la judicatura por algunas razones, aunque no por las que dicen las Hermanas de acá, que es que entre mi hermano entre los opositores, que parece la afición ha de hacer torcer la justicia; porque a todos los quiero mucho, como quien me ha ayudado a llevar mis trabajos, que mi hermano vino al fin a beber el cáliz, aunque le ha alcanzado alguna parte, y alcanzará más, con el favor del Señor.
Él me dé gracia para que no diga algo que merezca me
denuncien a la Inquisición, según está la cabeza de las muchas cartas y
negocios que he escrito desde anoche acá. Mas la obediencia todo lo puede, y
ansí haré lo que V.S. manda, bien o mal. Deseo he tenido de holgarme un rato
con los papeles, y no ha habido remedio.
A lo que parece, el mote es del Esposo de nuestras almas,
que dice: "Búscate en mí". Pues señal es que yerra el discurso
del señor Francisco de Salcedo, en poner tanto en que Dios está en todas las
cosas, que el sabidor es que está en todas las cosas.
También dice mucho de entendimiento y de unión. Ya se sabe
que en la unión no obra el entendimiento: pues si no obra, ¿cómo ha de buscar?
Aquello que dice David (Salmo 85, v.9): "Oiré lo que habla el Señor
Dios en mí", me contentó mucho, porque esto de paz en las potencias es
mucho de estimar, que entiende por el pueblo. Mas no tengo intención de decir
cosa bien de cuanto han dicho; y ansí digo, que no viene bien, porque no dice
la letra que oigamos, sino que busquemos.
Y lo peor de todo es, que si no se desdecide, habré de
denunciar de él a la Inquisición, que está cerca. Porque después de venir todo
el papel diciendo: “Este es dicho de San Pablo y del Espíritu Santo”, dice que
ha firmado necedades. Venga luego la enmienda, si no, verá lo que pasa.
El Padre Julián de Ávila comenzó bien y acabó mal; y ansí no
se le ha de dar la gloria. Porque aquí no le piden que diga de la luz increada
y creada cómo se junten, sino que nos busquemos en Dios. Ni le preguntamos lo
que siente un alma cuando está tan junta con su Criador, si está unida con Él,
cómo tiene de sí diferencia o no. Pues no hay allí entendimiento para esas
disputas, pienso yo; porque si le hubiera, bien se pudiera entender la
diferencia que hay entre el Criador y la criatura.
También dice: “Cuando está apurada”. Creo yo que no bastan
aquí virtudes ni apuración, porque es cosa sobrenatural, y dada de Dios a quien
quiere; y si algo dispone, es el amor. Mas yo le perdono sus yerros, porque no
fue tan largo como mi Padre Fray Juan de la Cruz. Harta buena doctrina dice en
su respuesta, para quien quiere hacer los ejercicios que hacen en la Compañía
de Jesús, mas no para nuestro propósito.
Caro costaría, si no pudiéramos buscar a Dios sino cuando
estuviésemos muertos al mundo. No lo estaba la Magdalena, ni la Samaritana, ni
la Cananea, cuando le hallaron. También trata mucho de hacerse una misma cosa
con Dios en unión; y cuando esto viene a ser, y hace esta merced al alma, no
dirá que le busque, pues ya le ha hallado.
Dios me libre de gente tan espiritual, que todo lo quiere
hacer contemplación perfecta, de donde diere. Con todo eso, le agradecemos el
habernos dado tan bien a entender lo que no preguntamos. Por eso es bien hablar
siempre de Dios, que de donde no pensamos nos viene el provecho.
Como ha sido del señor Lorenzo de Cepeda, a quien
agradecemos mucho sus coplas y respuesta. Que si ha dicho más que entiende, por
la recreación que nos ha dado con ellas, le perdonamos la poca humildad en
meterse en cosas tan subidas, como dice en su respuesta; y por el buen consejo
que da, de que tengan quieta oración (como si fuese en su mano) sin pedírselo:
ya sabe la pena a que se obliga el que esto hace. Pliegue a Dios se le pegue
algo de estar junto a la miel, que harto consuelo me da, aunque veo que tuvo
harta razón de correrse. Aquí no se puede juzgar mejoría, pues en todo hay
falta sin hacer injusticia.
Mande V.S. que se enmienden. Quizá me enmendaré, en no
parecerme a mi hermano en poco humilde. Todos son tan divinos esos señores, que
han perdido por carta de más; porque (como he dicho) quien alcanzare esa merced
de tener el alma unida consigo, no le dirá que le busque, pues ya le posee.
Beso las manos de V.S. muchas veces, por la merced que me hizo con su carta.
Por no cansar más a V.S. con estos desatinos, no escribo ahora.
Indigna sierva y súbdita de V.S.
Teresa de Jesús
