LX Carta de Santa Teresa de Ávila

 


A la misma Madre María de San José, Priora de Sevilla

JESÚS.

La gracia del Espíritu Santo sea con Vuestra Reverencia, hija mía.

No sé cómo puede estar en silencio tanto tiempo, cuando por momentos desearía saber cómo les va. Le digo que por acá no me quedo callada en lo que toca a esa Casa.
Sepa que está aquí el padre fray Nicolao, que ya es Prior de Pastrana, y ha venido a verme, con quien me he consolado muchísimo, y he alabado a nuestro Señor por habernos dado un sujeto así en la Orden, de tanta virtud.
Parece que su Majestad lo ha tomado como medio para el remedio de esa Casa, según lo que ha trabajado y lo que le ha costado. Encomiéndenlo mucho al Señor, que se lo deben.

Y Vuestra Reverencia, hija mía, déjese ahora de perfecciones vanas con eso de no querer volver a ser Priora.
Todos estamos deseándolo y procurándolo, ¿y usted con niñerías, que no son otra cosa?
Este no es un asunto de Vuestra Reverencia, sino de toda la Orden, porque para el servicio de Dios conviene tanto, que ya lo deseo ver hecho.
Y por la honra de esa Casa y de nuestro padre Gracián.
Y aunque Vuestra Reverencia no tuviera ningún mérito para este oficio, aun así no convendría otra cosa.
Cuanto más, si —como dicen— faltan hombres buenos…

Si Dios nos hiciera esta merced, Vuestra Reverencia calle y obedezca, no diga ni una palabra; mire que me enojará mucho.
Basta lo dicho para que entendamos que no lo desea.
Y a decir verdad, para quien ya lo ha probado, no hace falta explicar más para entender que es una cruz pesada.
Dios la ayudará, que ya la tempestad se ha calmado por ahora.

Mucho deseo saber si esas monjas son conscientes de su situación, si hay contradicción entre ellas (que me tienen fatigada por lo que toca a sus almas), y cómo están.
Por caridad, cuéntemelo todo con detalle.
Si envía las cartas por medio de Roque de Huertas, vía el Arzobispado, me las hará llegar donde esté.
Aquí, escribirá la hermana Isabel de San Pablo lo que ocurra, porque yo no tengo tiempo.

A mi hija Blanca, muchas encomiendas, que en gran manera me tiene contenta y muy agradecida estoy a su padre y a su madre por todo lo que han hecho en favor de Vuestra Reverencia.
Agradézcales esto de mi parte.

Le digo que lo que ha pasado en esa Casa parece una historia, que me tiene espantada y deseando que me lo escriban todo con claridad y verdad.
Y ahora dígame cómo están esas dos hermanas, muy particularmente, porque como ya dije, me tienen con bastante preocupación.
A todas, como siempre, muchas encomiendas mías.
A la madre vicaria, tenga esta carta por suya; y que mi Gabriela me encomiende mucho, y también la hermana San Francisco.

Ya me llaman para ver al padre Nicolao, y mañana parto para Valladolid, que me ha mandado nuestro padre Vicario General que vaya de inmediato.
De allí iré a Salamanca.
A Valladolid había poca necesidad, pero lo han pedido doña María y el obispo.
En Salamanca sí hay mucha necesidad: están en una casa que es muy mala, y sufren mucho por el trato con quien se las vendió, que les da una vida muy difícil, y cada día las desafía.
Han pasado mucho con él y lo siguen pasando.
Suplico a nuestro Señor que se pueda comprar otra buena y barata.

Su Majestad me la guarde, hija mía, y me permita verla antes de que muera.
Son hoy veinticuatro de junio.

Mañana parto. Tengo tanta ocupación que no puedo escribir a esas mis hijas, ni decir más.
Hágame saber si recibieron una carta mía.

Indigna sierva de Vuestra Reverencia,
Teresa de Jesús

Post a Comment

Previous Post Next Post