LV Carta de Santa Teresa de Ávila

 


A la misma Madre María de San José, Priora de Sevilla

JESÚS.
Sea con Vuestra Reverencia el Espíritu Santo, hija mía. Recibí su carta, fechada el tres de noviembre. Le digo que nunca me cansan, sino que me descansan de otros cansancios. Me hizo mucha gracia que pusiera la fecha con letras. Quiera Dios que no sea por no humillarse a usar los números.

Antes que se me olvide: venía muy bien la carta del Padre Mariano, si no fuera por aquel latín. Dios libre a todas mis hijas de presumir de latinas. Que no les vuelva a pasar, ni lo consientan. Prefiero mucho más que presuman de parecer sencillas, que es cosa muy de santas, y no tan retóricas. Tiene sentido que me mande sus cartas abiertas. Pero ya que se ha confesado con nuestro Padre, estará más mortificada. Dígale que casi me confesé yo el otro día con quien le escribí, y no me dio ni una parte de la pena que me daba cuando me confesaba con su Paternidad. Mire qué tentación tan negra es esa.

Encomienden a Dios a este mi confesor, que me tiene muy consolada, lo cual no es poca cosa para mi ánimo. ¡Y qué bien hizo en no llamar a quien tanto me atormentaba, para que en nada tuviese yo consuelo en ese lugar! Porque ya ve las zozobras que había con nuestro Padre: y Vuestra Reverencia me lo habría dado, si hubiera querido, porque me cae en gracia, pero no quiso. Me alegra que ahora entienda mi voluntad. Y la otra de Caravaca, Dios la perdone, que también le da ahora pena. Esa fuerza tiene la verdad.

Este día me mandaron un hábito de una jerga, el más apropiado que he tenido: es muy ligero y áspero. Le estoy muy agradecida, porque el otro estaba muy roto, para el frío y para las camisas. Todo lo han hecho ellas, aunque acá no hay camisas, ni se piensan en todo el verano, y mucho ayuno. Ya me voy haciendo monja: rueguen a Dios que dure.

La Madre Priora de Malagón está aún peor que de costumbre. Aunque algo me consuela que dice que la llaga no es en los pulmones, y que no está consumida; y que Ana de la Madre de Dios, la monja de aquí, estuvo así y sanó. Dios lo puede hacer. No sé qué decir del tanto trabajo que ha dado Dios allí, y con tanta necesidad: ni tienen trigo, ni dinero, sino un mundo de deudas. Los cuatrocientos ducados que les deben en Salamanca, y que tenían destinados para esa casa, que ya lo había dicho nuestro Padre, quiera Dios que al menos alcancen para remediarse. Ya he enviado por parte de ellos. Han tenido muchos gastos allí, y de muchas formas. Por eso no quisiera yo prioras muy generosas en las casas de renta, ni en ninguna, porque eso lleva a perderlo todo. La pobre Beatriz ha cargado con todo, porque es la que ha estado sana y tiene el cargo de la casa, que le fue confiado por la Madre Priora ante la falta de hombres buenos, como dicen. Su Majestad me la guarde, que tengo mucho que escribir, y a todas las haga santas. Hoy es 19 de noviembre.

Me alegra que lleven allí tan bien la pobreza, y que mi Dios las provea así. Bendito sea para siempre. Lo del lino y la lana juntos, prefiero que traigan lienzo cuando lo necesiten, que es abrir puerta para nunca cumplir bien la Constitución; y trayendo lienzo por necesidad, sí la cumplen. Lo otro dará casi tanto calor, y ni se hace lo uno ni lo otro, y quedarán con ello.

De Vuestra Reverencia,
Teresa de Jesús.

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