Al ilustrísimo señor Don Teutonio de Braganza, que fue de
Évora. En Salamanca.
† JESÚS.
La gracia del Espíritu Santo sea con Vuestra Señoría, y llegue con buena salud, lo cual ha sido para mí un gran consuelo. Aunque, para tan largo camino, la carta se me hizo breve; y ni siquiera me dice Vuestra Señoría si se logró bien el propósito de su viaje. Que esté descontento de sí mismo no es novedad; ni debe Vuestra Señoría extrañarse de que, con la fatiga del camino y la falta de tiempo ordenado, sienta algo de tibieza espiritual. Cuando recupere su sosiego, volverá también el alma a su estado.
Yo tengo ahora algo de salud, para como he estado; que, si
supiera quejarme tan bien como Vuestra Señoría, no parecerían nada mis penas.
Fueron dos meses de mucho sufrimiento, y tan intenso, que me afectó también
interiormente, dejándome como una cosa sin ser. De lo interior ya estoy bien;
de lo exterior, con los males ordinarios, bien aliviada gracias a la ayuda de
Vuestra Señoría. Nuestro Señor se lo pague, pues también ha habido ayuda para
mí y otras hermanas enfermas, algunas venidas de Pastrana, porque la casa era
muy húmeda. Ahora están mejor: son almas muy buenas, y creo que Vuestra Señoría
disfrutaría tratándolas. La Priora también.
Ya sabía yo de la muerte del Rey de Francia. Me da mucha
pena ver tantos sufrimientos, y cómo el demonio va ganando almas. Dios lo
remedie, que si nuestras oraciones pudieran aprovechar, no hay descuido en
suplicárselo a Su Majestad. A Él le suplico que pague a Vuestra Señoría el
cuidado que tiene en hacer merced y favorecer a esta Orden.
El Padre Provincial ha andado tan lejos —quiero decir, el
Visitador— que ni siquiera por cartas he podido tratar este asunto. En cuanto a
lo que Vuestra Señoría me dice sobre fundar allí una casa de estos Descalzos,
sería muy bueno, si el demonio —como es su costumbre— no lo estorbara. Es una
gran oportunidad la merced que Vuestra Señoría nos hace.
Y ahora viene bien, porque los Visitadores han sido
nuevamente confirmados, y no por tiempo limitado, y creo que con más autoridad
que antes para ciertos asuntos, y pueden admitir monasterios. Así que espero en
el Señor que lo ha de querer. Vuestra Señoría, por amor de Dios, no deseche
esta idea.
Creo que pronto estará cerca el Padre Visitador; yo le
escribiré, y me dicen que pasará por allí. Vuestra Señoría me hará merced
hablándole, y expresando su parecer en todo. Puede hablarle con total
franqueza, que es muy bueno y merece ser tratado así; y por Vuestra Señoría,
quizá se decida a hacerlo. Hasta que esto se vea, suplico a Vuestra Señoría que
no abandone el asunto.
La Madre Priora se encomienda a las oraciones de Vuestra
Señoría. Todas las hermanas han tenido, y tienen, cuidado de encomendarlo a
nuestro Señor, y así lo harán también en Medina y donde deseen agradarme.
Me da pena la poca salud que tiene nuestro Padre Rector;
ruego a nuestro Señor que se la conceda, y a Vuestra Señoría tanta santidad
como le suplico. Amén.
Mande Vuestra Señoría decir al Padre Rector que tenemos
cuidado de pedir al Señor por su salud, y que me va bien con el Padre
Santander, aunque no con los religiosos vecinos, porque compramos una casa muy
apropiada para nuestro propósito y que está algo cerca de ellos, y nos han
puesto un pleito. No sé en qué acabará.
Indigna sierva y súbdita de Vuestra Señoría,
Teresa de Jesús, Carmelita.
