Avisos de Santa Teresa de Ávila

 


Estando en San José de Ávila —dice la Santa—, víspera de Pascua del Espíritu Santo, en la ermita de Nazaret, considerando una grandísima merced que nuestro Señor me había hecho en un día como este, hacía veinte años, poco más o menos, me comenzó un ímpetu y hervor grande de espíritu que me hizo suspenderme.

En este gran recogimiento, entendí de nuestro Señor lo que ahora diré: que dijese a estos Padres Descalzos, de su parte, que procurasen guardar cuatro cosas; y que mientras las guardasen, siempre iría en más crecimiento esta Religión. Y cuando en ellas faltasen, entendiesen que iban menoscabando su principio.

La primera: que las cabezas estuviesen conformes.
La segunda: que aunque tuviesen muchas casas, en cada una hubiese pocos frailes.
La tercera: que tratasen poco con seglares, y esto para bien de sus almas.
La cuarta: que enseñasen más con obras que con palabras.

Esto fue en el año 1579. Y porque fue gran verdad, lo firmé de mi nombre.
Teresa de Jesús

AVISO PRIMERO PARA LOS PADRES CARMELITAS DESCALZOS:
Que las cabezas estén conformes.

AVISO SEGUNDO PARA LOS CARMELITAS DESCALZOS:
Que aunque tengan muchas casas, en cada una haya pocos frailes.

AVISO TERCERO PARA LOS CARMELITAS DESCALZOS:
Que traten poco con seglares, y esto para bien de sus almas.

AVISO CUARTO PARA LOS CARMELITAS DESCALZOS:
Que enseñen más con obras que con palabras.

Avisos que dio la Santa en esta vida, gobernada de su espíritu.

AVISO QUINTO.
Plática que hizo Santa Teresa a sus monjas de la Encarnación de Ávila, cuando, habiendo ya renunciado la Regla mitigada, fue a ser Prelada de aquel convento.

Señoras, Madres y Hermanas mías:
Nuestro Señor, por medio de la obediencia, me ha enviado a esta Casa para hacer este oficio del que yo estaba descuidada, y bien lejos de merecerlo.

Me ha dado mucha pena esta elección, tanto por haberme puesto en algo que yo no sabré hacer, como porque a Vuestras Mercedes les hayan quitado la mano que tenían para hacer sus elecciones, y les hayan dado por priora a alguien contra su voluntad y gusto, y una priora que haría bastante si acertase a aprender de la menor que aquí está lo mucho bueno que tiene.

Solo vengo para servirlas y ayudarlas en todo lo que yo pueda; y a esto espero que me ha de ayudar mucho el Señor. Que en lo demás, cualquiera me puede enseñar y reformar. Por eso, vean, señoras mías, lo que yo puedo hacer por cualquiera, aunque sea dar la sangre y la vida, lo haré de muy buena voluntad.

Hija soy de esta Casa, y hermana de todas Vuestras Mercedes. De todas, o de la mayor parte, conozco la condición y las necesidades. No hay por qué se extrañen de quien es tan propia suya.

No teman mi gobierno, que aunque hasta aquí he vivido y gobernado entre Descalzas, sé bien, por la bondad del Señor, cómo se han de gobernar las que no lo son. Mi deseo es que sirvamos todas al Señor con suavidad, y eso poco que nos manda nuestra Regla y Constituciones lo hagamos por amor de aquel Señor a quien tanto debemos.

Bien conozco nuestra flaqueza, que es grande; pero ya que no llegamos con las obras, lleguemos con los deseos; que piadoso es el Señor, y hará que poco a poco las obras se igualen con la intención y el deseo.

AVISO VI
Breve plática que Santa Teresa hizo al salir de su convento de Valladolid, tres semanas antes de morir.

Hijas mías, muy consolada me voy de esta casa y de la perfección que en ella veo, y de la pobreza y la caridad que unas tienen con otras. Y si sigue como está ahora, nuestro Dios les ayudará mucho.

Procure cada una que por su parte no falte ni un punto en lo que es perfección de la vida religiosa.

No hagan los ejercicios por costumbre, sino haciéndolos con actos heroicos y buscando cada día mayor perfección.

Dedíquense a tener grandes deseos, que de ellos se sacan grandes provechos, aunque no se puedan poner por obra.

AVISO VII
Que dio la Santa a una religiosa de otra Orden.

A quien ama a Dios como Vuestra Merced, todas esas cosas le serán cruz y para provecho de su alma, si Vuestra Merced anda con el cuidado de considerar que solo Dios y ella están en esa casa.

Y mientras no tenga un oficio que la obligue a fijarse en las cosas, no se preocupe de ellas, sino procure ver la virtud que hay en cada una, para amarlas más por ella y aprovecharse, y descuidarse de las faltas que en ellas vea.

Esto me aprovechó tanto, que estando con muchas monjas, no me hacían más al caso que si no hubiera ninguna, sino sólo para mi provecho. Porque, en fin, Señora mía, en toda parte podemos amar a este gran Dios. Bendito sea Él, que no hay quien pueda estorbarnos eso.

AVISO VIII
Para sacar fruto de las persecuciones.

Para que las persecuciones e injurias dejen fruto y ganancia en el alma, conviene considerar que primero se hacen a Dios que a mí; porque cuando llega a mí el golpe, ya ha sido dado a esta Majestad por el pecado.

Y también que el verdadero amante ya ha de tener hecho un pacto con su Esposo de ser todo suyo, y de no querer nada para sí: pues si Él lo sufre, ¿por qué no lo sufriremos nosotros? El sentimiento ha de ser por la ofensa hecha a su Majestad, pues a nosotros no nos toca en el alma, sino en esta tierra de este cuerpo, que tan merecido tiene el padecer.

Morir y padecer han de ser nuestros deseos.

Ninguno es tentado más de lo que puede sufrir.

No se hace cosa sin la voluntad de Dios. “Padre mío, carro de Israel y su auriga”, dijo Eliseo a Elías.

AVISOS
DE LA SANTA MADRE TERESA DE JESÚS,
QUE ELLA DIO DESPUÉS DE MUERTA,

Avisos que dio la Santa por medio de la insigne y venerable Virgen Catalina de Jesús, fundadora del Convento de Beas, al Padre Fray Jerónimo Gracián, primer Provincial de la Reforma.

AVISO IX
Para el Padre Provincial

Este día (que es el domingo de Cuasimodo) me mandó esta presencia de nuestra Santa Madre que diga a Vuestra Paternidad muchas cosas, que hace un mes me dio a entender. Y porque tocaban a Vuestra Paternidad, dejé de escribirlas, esperando poder decirlas cuando lo viese, ya que es imposible expresar con detalle todo lo que se me ha dicho. Así que sólo diré aquí algo, para que no se olvide del todo.

Lo primero: que no se escriba nada que sea revelación, ni se haga caso de ellas. Porque aunque es verdad que muchas son auténticas, también se sabe que muchas son falsas y mentirosas. Y es cosa difícil sacar una verdad entre cien mentiras, además de que esto es peligroso. Me dio muchas razones para ello.

La primera, que cuanto más se difunden este tipo de cosas, más se desvía la gente de la fe, la cual es una luz más segura que todas las revelaciones.

La segunda, que los hombres son muy aficionados a este tipo de espiritualidad, y con facilidad canonizan a un alma por el simple hecho de tener revelaciones, lo cual contradice el orden que Dios ha establecido para la justificación del alma: por medio de las virtudes y el cumplimiento de su ley y mandamientos.

Dice que Vuestra Paternidad debe poner mucho empeño en cortar esto en lo que pueda, porque es de gran importancia. Y que las mujeres somos por lo general más propensas a dejarnos llevar por imaginaciones; y como carecemos de la prudencia y letras que tienen los hombres para poner las cosas en su lugar, corremos mayor peligro con esto.

Por eso dice que le pesará que sus Hijas lean mucho sus libros, especialmente el grande, que trata de su vida; no sea que piensen que la perfección está en aquellas revelaciones, y por ello las deseen e intenten imitarlas.

De esta manera dio a entender muchas verdades: que lo que ella tiene y goza no se lo dieron por las revelaciones que tuvo, sino por las virtudes. Y que Vuestra Paternidad está echando a perder el espíritu de sus monjas al permitirles espacio para estas cosas. Y que, aunque haya algunas que las tengan y sean muy ciertas y verdaderas, es necesario hacer que se las desprecie y que no se les preste importancia, como a cosas de poco valor, y que a veces impiden más que aprovechan.

Y esto lo ha dicho con tanta luz, que me ha quitado el deseo que tenía de leer el libro de nuestra Santa Madre.

Esta presencia de nuestra Santa Madre advierte también:

Que en estas visiones imaginarias, si no van acompañadas de las intelectuales, puede haber más sutil engaño. Porque lo que se ve con los ojos interiores tiene más fuerza que lo que se ve con los ojos del cuerpo. Y aunque nuestro Señor algunas veces regala a las almas de esta manera para grandes provechos, es peligrosísimo, por la gran guerra que puede hacer el demonio a las personas espirituales por este camino del espíritu, especialmente cuando hay apego a ello.

Y que en esto habrá seguridad cuando el alma cree más a quien la guía que a su propio espíritu. Y que el espíritu más elevado es aquel que se aparta de todo sentimiento sensual.

AVISO X
PARA EL PADRE PROVINCIAL

Algunos días antes de la fiesta de San Andrés, estando yo en oración encomendando a Dios las cosas de nuestra Orden, se me representó aquella presencia de nuestra Santa Madre Teresa de Jesús, y me dijo:
Dile al Provincial que procure introducir en las casas que no se busque el aumento, ni temporal ni espiritual, por los medios que usan los seglares, porque así no lograrán ni lo uno ni lo otro. Más bien, que se fijen en Dios y vivan en recogimiento. Porque algunas veces piensan que hacen bien a los seglares y a nuestra Orden comunicándose mucho con ellos, y lo que hacen es perder el crédito y dañar su espíritu. Y creyendo que les transmiten espíritu, terminan trayendo el de los seglares y sus modos, y así el demonio logra sacar mucho provecho.
Porque, por la solicitud en lo temporal, entra el espíritu de distracción en la Orden, y tinieblas en el alma.

Que procure tener en sí mismo, y para los demás, memoria de estas cosas. Y que cualquier cosa que se haya de decidir, primero la pongan en el recogimiento de la oración; porque así podrá tener tanto espíritu como entendimiento, y hacer efecto lo que enseñe y mande. Que procure tener tanto espíritu para sí como sabe tener para los demás.

AVISO XI
PARA EL PADRE PROVINCIAL

También me ha dicho nuestra Madre Santa que diga al Padre Provincial: que no haya reelección de Priores, porque eso importa mucho por diversas razones.
La primera, porque aunque importa mucho ayudar a los demás, más importa el aprovechamiento personal de cada uno, y será de gran ejemplo que quienes han sido Prelados sepan ser súbditos. Así los nuevos Priores irán adquiriendo experiencia.
Y aunque estos nuevos no tengan tanta experiencia como los que ya han sido Priores, podrán aprovecharse de sus consejos, sin que aquellos se metan a dárselos sin que se los pidan, ni intervenir en el gobierno.
Porque se me ha dicho que importa mucho que quienes fueron Prelados sean verdaderos súbditos y lo parezcan, para ejemplo de los demás. Y que no piensen los otros que no se puede vivir sin mandar y gobernar.
Y que parezcan súbditos como si nunca hubieran sido Priores, ni lo fueran a ser, sin contar lo que hicieron en sus oficios, sino que se aprovechen a sí mismos. Y de esta manera harán gran provecho cuando vuelvan a serlo.

AVISO XII
PARA EL PADRE PROVINCIAL

El día de los Reyes me ha dicho que diga al Padre Provincial:
Que esa inquietud que corre entre los religiosos, de que no hace penitencia y usa ropa de lino, ha sido razonable tenerla, porque muchos de los súbditos que no son amigos de comodidades no consideran la necesidad y el trabajo, y lo que se sufre en los caminos, sino solo el día en que llega como huésped, si comió carne o tomó algún consuelo por su enfermedad; y entonces se tientan, y desean ser Prelados.
Y que por esto vean también que es penitente, aunque no sea en gran secreto, por el buen ejemplo.

Que alabe mucho la penitencia, y reprenda cualquier exceso o demasía en las comidas; porque mientras no dañe a la salud, toda penitencia, aspereza y desprecio de sí ayudan mucho al espíritu.

Que procure desterrar con rigor —si no basta con suavidad— todo lo que sea cualquier punto de relajación respecto a la Regla y Constituciones, porque generalmente estas cosas tienen pequeños principios, pero grandes consecuencias.

AVISO XIII
PARA SUS HIJAS LAS CARMELITAS DESCALZAS

El día de los Reyes, preguntando a esta presencia de nuestra Madre en qué libro debíamos leer, tomó una cartilla de la Doctrina Cristiana, y dijo:
Este es el libro que deseo que lean de día y de noche mis monjas: la Ley de Dios.
Y comenzó a leer el artículo del Juicio, con una voz que estremecía y espantaba, la cual me quedó resonando en los oídos varios días. Y descubrió una enseñanza altísima, y la perfección a la que llega un alma por este camino.
Por eso, no me atrevo a enseñar cosas elevadas a las almas que tengo a mi cargo, sino que ando con gran deseo de enseñarles las cosas de la cartilla e instruirlas en esto.
Para mí, deseo leer en la Doctrina Cristiana, que me parece que tiene mucho que enseñarme; y no sé qué tesoro hay en ella para mí.

Procuro aficionarlas a la humildad, la mortificación y al ejercicio de manos. Lo demás se lo dará nuestro Señor cuando convenga.

AVISO XIV
Ve con más rectitud, que el camino es estrecho.

AVISO XV
Los del cielo y los de la tierra seamos una misma cosa en pureza y en amor; los del cielo, gozando; los de la tierra, padeciendo: nosotros adorando la Esencia divina; vosotros, el Santísimo Sacramento. Y di esto a mis Hijas.

AVISO XVI
El demonio es tan soberbio, que pretende entrar por las puertas que entra Dios, que son las Comuniones, y Confesiones, y Oraciones, y poner ponzoña en lo que es medicina.

AVISO XVII
Cualquier cosa grave que se haya de ordenar, pásese primero por la Oración.

AVISO XVIII
Procúrese criar las Almas muy desasidas de todo lo criado, interior y exteriormente; pues se crían para Esposas de un Rey tan celoso, que quiere que aun de sí mismas se olviden.

AVISO XIX
Procúrese ser los Religiosos muy amigos de pobreza y alegría; que mientras durare esto, durará el espíritu que llevan.

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