Asimismo, el sábado siguiente 12 de mayo, en la casa donde
nosotros, el obispo, residimos en Rouen, bajo nuestra presidencia, jueces
susodichos, fueron presentes las venerables personas y maestros: Raoul Roussel,
tesorero; Nicolas de Venderès y André Marguerie, archidiáconos y canónigos
de la Iglesia de Rouen; Guillaume Erart, maestro en teología; Robert Le
Barbier, Denis Gastinel, Jean Le Doulx y Aubert Morel, licenciados en derecho
canónico; Thomas de Courcelles, Nicolas Couppequesne, licenciados en teología
sagrada; Nicolas Loiseleur y el hermano Ysambard de la Pierre.
Nosotros, el obispo susodicho, recordamos lo que habíamos hecho
el miércoles precedente; y pedimos consejo a los asesores sobre lo que restaba
para hacer, en particular si era conveniente torturar a Juana.
Respondieron lo que sigue:
Primero, el maestro Raoul Roussel dijo que no; con el fin de
que el juicio hecho no pueda ser calumniado.
El maestro Nicolas de Venderès dijo que no era conveniente
ponerla bajo tortura por ahora.
El maestro André Marguerie dijo que no era conveniente por
ahora.
El maestro Guillaume Erart dijo que no era necesario que sea
puesta bajo tortura; y que la materia estaba bastante clara sin tortura.
El maestro Robert Le Barbier dijo como habían dicho los que
le precedieron. Pero debíamos amonestarla de una vez por todas; y que, si ella
no quería someterse ala Iglesia, procedamos de otra forma.
El maestro Denis Gastinel dijo que no era conveniente
ponerla bajo tortura para conocer la verdad de sus mentiras.
El maestro Thomas de Courcelles dijo que le parecía que
debíamos ponerla bajo tortura; y que la interrogásemos para saber si ella
quería ponerse bajo el juicio de la Iglesia.
El maestro Aubert Morel dijo que le parecía que era
conveniente ponerla bajo tortura para saber la verdad de sus mentiras.
El maestro Nicolas Couppequesne dijo que no era conveniente que
la pusiéramos bajo torturas; y que, una vez más, debíamos amonestarla de
someterse a la determinación de la Iglesia.
El maestro Jean Le Doulx dijo como el dicho Couppequesne.
El hermano Ysambard de la Pierre, como los anteriores; pero
que la debíamos amonestar una vez más a someterse a la Iglesia militante.
El maestro Nicolas Loiseleur dijo que le parecía, por el
bien de su alma, conveniente someterla a tormentos, aunque se remitía a las
opiniones anteriores.
El maestro Guillaume Haiton, que llegó en ese momento, fue
de la opinión que no debíamos someterla a torturas.
El maestro Jean Le Maistre, vicario del inquisidor, fue de
la opinión que debíamos interrogarla una vez más para saber si se quería
someter a la Iglesia militante.
Consideradas las opiniones de cada uno y las respuestas que
Juana había dado el miércoles precedente, en atención a su disposición de espíritu,
su voluntad y las circunstancias, concluimos allí arriba que no era necesario,
ni conveniente, ponerla bajo tortura, que procederemos más adelante con lo que
quedara por hacer.
