Item, el lunes siguiente, 28 de mayo, dos días después de la
Santa Trinidad, nosotros, los jueces susodichos, nos reunimos en la prisión de
Juana, para ver su estado y disposición. Allí estaban presentes los señores y
maestros Nicolas de Venderès, Guillaume Haiton, Thomas de Courcelles, el
hermano Ysambard de La Pierre, Jacques Le Camus, Nicole Bertin, Julien Flosquet
y John Grey.
Entonces, como la dicha Juana estaba vestida con un hábito
de hombre, a saber una túnica corta, capucha, jubón, y otras prendas usadas por
los hombres (este hábito, ella lo había, sin embargo, rechazado hace poco
tiempo, bajo nuestra orden, y había tomado el hábito de mujer), la hemos
interrogado para saber cuándo y por qué ella había retomado este hábito de
hombre. Esta Juana respondió que ella había retomado el dicho hábito de hombre
y dejado el hábito de mujer hace poco tiempo.
Interrogada por qué ella había tomado este hábito y quién le
había hecho tomarlo, respondió que ella lo había tomado de su propia voluntad,
sin ninguna obligación y que ella prefería el hábito de hombre que aquel de
mujer.
Entonces le fue dicho que ella había prometido y jurado de
no retomar el dicho hábito de hombre. Respondió que nunca entendió que ella hubiese
hecho juramento de no retomarlo.
Interrogada por cuál causa ella lo había retomado, respondió
que le era más lícito retomar y tener hábito de hombre estando entre los
hombres que el hábito de mujer. Item dijo que ella lo había retomado porque no
se le había dado lo que se le había prometido, es decir, que ella fuera a la
Misa y recibiera su Salvador, y que le sacaran los grilletes.
Interrogada si ella no había, sin embargo, abjurado y,
especialmente, jurado de no retomar el hábito de hombre, respondió que ella
prefería morir que estar bajo las cadenas; pero si se la dejaba ir a la misa y sacarle
los grilletes, y ponerla en una prisión benigna, ella sería buena y haría lo
que la Iglesia quiera.
Item, como algunos nos habían informado, a nosotros los
jueces, que ella no estaba aún desapegada a las ilusiones de sus pretendidas revelaciones,
las cuales ella había precedentemente renunciado, la interrogamos si, desde el jueves,
ella no había oído las voces de las santas Catarina y Margarita, respondió que
sí.
Interrogada sobre lo que ellas le habían dicho, respondió
que ellas le habían dicho que Dios le mandaba, a través de las santas Catarina
y Margarita, la gran compasión que tenía a pesar de la gran traición que ella
ha consentido haciendo la abjuración y revocación por salvar su vida; y que
ella se condenaba para salvar su vida. [En esta pregunta, el notario Manchon escribirá el
famoso “responsio mortífera”]
Item dijo que antes del jueves, sus voces le habían dicho lo
que ella haría, y lo que ella hizo ese día. Dijo, además, que sus voces le
dijeron mientras estaba en el estrado o en el ambón, delante del pueblo, que ella
respondió valientemente a ese predicador que en ese momento le predicaba. Y
decía esta Juana que él era un falso predicador, y que él había dicho cosas que
ella no había hecho.
Item, dijo que si ella decía que Dios no la había enviado,
ella se condenaría, y que en verdad Dios la había enviado. Item dijo que sus
voces le han dicho desde el jueves que ella había hecho una gran injuria al
confesar que ella no había hecho bien en sus obras. Item, dijo que todo lo que
ella ha dicho y revocado ese jueves, ella lo hizo y dijo solamente por miedo al
fuego.
Interrogada si ella cree que sus voces que se le aparecieron
eran las santas Catarina y Margarita, respondió que si y que ellas vienen de
Dios.
Interrogada de decir la verdad sobre la corona anteriormente
preguntada, respondió:
- En todo, les he dicho la verdad en el juicio, lo mejor que
supe.
Y cuando se le dijo que en el estrado o ambón, frente a
nosotros, los jueces, y todos los demás, y ante el pueblo, cuando hizo su
abjuración, había dicho que se había jactado falsamente de que sus voces eran
de santa Catalina y santa Margarita, respondió que no tenía la intención de
hacer o decir tal cosa.
Item, dijo que ella no ha dicho o entendido la revocación de
sus apariciones, es decir, que esas fuesen las santas Catarina y Margarita; y
todo lo que ella ha hecho, fue por miedo al fuego, y no ha revocado nada que no
sea contrario a la verdad.
Item, dijo que ella prefiere hacer su penitencia de una vez,
es decir, morir, que sufrir una pena más larga en prisión.
Item, dijo que nunca hizo nada contra Dios o la fe, aunque algo
que se le haya hecho revocar; y que lo que estaba contenido en la cedula de
abjuración, ella no lo había comprendido.
Item, dijo que ella no tenía intención de revocar cosa
alguna, si eso no estaba provisto de que le placiera a Nuestro Señor.
Item, dijo que si los jueces lo querían, ella tomaría el
hábito de mujer; sobre el resto, ella no hará otra cosa.
Después de haber oído estas declaraciones, la dejamos para proceder más adelante, como es debido y conforme al derecho y la razón.
