Asimismo, el lunes siguiente, después de Ramos, veintiséis del mes de marzo, en nuestra lugar de hospedaje, en Rouen, ante nosotros, el obispo susodicho, y ante el hermano Jean Le Maistre, vicario del señor inquisidor, comparecieron las venerables personas y maestros: Jean de Chastillon, Jean Beaupère, Jacques de Touraine, Nicolas Midi, Pierre Maurice, Gérard Feuillet, doctores en teología sagrada; Raoul Roussel, tesorero de la Iglesia de Rouen, doctor en ambos derechos; André Marguerie, archidiácono de Petit-Caux, licenciado en leyes; Nicolas de Venderès, archidiácono de Eu, y Jean de La Fontaine, licenciado en decreto; Thomas de Courcelles, licenciado en teología; y Nicolas Loiseleur, canónigo de la iglesia de Rouen. En su presencia, hicimos leer ciertos artículos de conclusión que el dicho promotor quería proponer contra la dicha Juana.
Después fue deliberado
que, tras el juicio preparatorio hecho hasta este día por nuestro oficio, como
nosotros, el obispo y vicario susodicho, habíamos decretado y concluido de
hacerlo; ahora se procedería contra la dicha Juana a través de un juicio
ordinario; que los susodicho artículos estaban bien compuestos; que la dicha
Juana sería interrogada y escuchada sobre ellos; que esos artículos serían
propuestos de la parte del dicho promotor a través de algún abogado solemne o
por si mismo; y que si Juana rechazaba responderlos, con una monición canónica previamente
hecha, se tendrían por confesados. Y, después de muchas cosas, hemos concluido
que, el día siguiente, esos dichos artículos serían propuestos por el promotor,
y que la dicha Juana sería interrogada y escuchada sobre ese tema.
