Asimismo, el domingo
siguiente, día de la fiesta de Ramos, el veinticinco del mes de marzo, en la
mañana, en la prisión de Juana, en el castillo de Rouen, nosotros, el obispo
susodicho, le habíamos hablado en presencia de las venerables personas, los señores
y maestros: Jean Beaupère, Nicolas Midi, Pierre Maurice, doctores; Thomas de
Courcelles, licenciado en teología sagrada.
Y le dijimos a la
dicha Juana que muchas veces, particularmente ayer, ella nos ha pedido que, a
causa de la solemnidad de estos días y de este tiempo, le fuera permitido oír la
misa, este domingo de la fiesta de Ramos; es por eso por lo que le hemos
preguntado, si acordábamos eso con ella, si quería abandonar el hábito de
hombre y recibir el hábito de mujer, tal como acostumbraba en su país de nacimiento,
y como las mujeres de su país acostumbran a vestir.
A lo que Juana
respondió, pidiéndonos que le sea permitido oír la misa con este hábito de
hombre que tiene, y que pudiera recibir el sacramento de la Eucaristía en la
fiesta de Pascua. Pero le dijimos que respondiera a nuestra pregunta, a saber,
si quisiera abandonar el hábito de hombre, si eso era acordado. Pero ella
respondió que no tenía consejo sobre eso, y no podía aún tomar el dicho hábito.
Y le preguntamos si
ella quería tener consejo de sus santas para recibir hábito de mujer. A lo que
ella respondió que bien podría serle permitido oír la misa en ese estado, lo
que deseaba soberanamente; pero, cambiar de hábito, ella no podía, y eso no
dependía de ella.
Después de que los
dichos maestros la hubiesen exhortado, por todo el bien y devoción que ella
parecía tener, a bien querer tomar un hábito conveniente a su sexo, la dicha
Juana ha respondido que no estaba en ella de hacerlo; y que si estaba en ella,
eso sería hecho al instante.
Entonces le fue dicho
que hablara con sus voces para saber si ella podía volver a tomar hábito de
mujer para recibir el viatico de Pascua.
A lo que Juana
respondió que, en la medida que dependía de ella, no recibiría el dicho viatico
cambiando su hábito por el hábito de mujer; y pedía que le sea permitido oír la
misa en hábito de hombre, diciendo además que este hábito no cargaba su alma, y
que llevarlo no era en contra de la Iglesia.
De todo esto, el
mencionado maestro Jean d'Estivet, promotor, solicitó un informe auténtico, en
presencia de los señores y maestros: Adam Milet, secretario del rey; William
Brolbster y Pierre Orient, de las diócesis de Rouen, Londres y Châlons.
