Juicio de Condena - Octava Sesión Privada (25 de Marzo de 1431)

Asimismo, el domingo siguiente, día de la fiesta de Ramos, el veinticinco del mes de marzo, en la mañana, en la prisión de Juana, en el castillo de Rouen, nosotros, el obispo susodicho, le habíamos hablado en presencia de las venerables personas, los señores y maestros: Jean Beaupère, Nicolas Midi, Pierre Maurice, doctores; Thomas de Courcelles, licenciado en teología sagrada.

Y le dijimos a la dicha Juana que muchas veces, particularmente ayer, ella nos ha pedido que, a causa de la solemnidad de estos días y de este tiempo, le fuera permitido oír la misa, este domingo de la fiesta de Ramos; es por eso por lo que le hemos preguntado, si acordábamos eso con ella, si quería abandonar el hábito de hombre y recibir el hábito de mujer, tal como acostumbraba en su país de nacimiento, y como las mujeres de su país acostumbran a vestir.

A lo que Juana respondió, pidiéndonos que le sea permitido oír la misa con este hábito de hombre que tiene, y que pudiera recibir el sacramento de la Eucaristía en la fiesta de Pascua. Pero le dijimos que respondiera a nuestra pregunta, a saber, si quisiera abandonar el hábito de hombre, si eso era acordado. Pero ella respondió que no tenía consejo sobre eso, y no podía aún tomar el dicho hábito.

Y le preguntamos si ella quería tener consejo de sus santas para recibir hábito de mujer. A lo que ella respondió que bien podría serle permitido oír la misa en ese estado, lo que deseaba soberanamente; pero, cambiar de hábito, ella no podía, y eso no dependía de ella.

Después de que los dichos maestros la hubiesen exhortado, por todo el bien y devoción que ella parecía tener, a bien querer tomar un hábito conveniente a su sexo, la dicha Juana ha respondido que no estaba en ella de hacerlo; y que si estaba en ella, eso sería hecho al instante.

Entonces le fue dicho que hablara con sus voces para saber si ella podía volver a tomar hábito de mujer para recibir el viatico de Pascua.

A lo que Juana respondió que, en la medida que dependía de ella, no recibiría el dicho viatico cambiando su hábito por el hábito de mujer; y pedía que le sea permitido oír la misa en hábito de hombre, diciendo además que este hábito no cargaba su alma, y que llevarlo no era en contra de la Iglesia.

De todo esto, el mencionado maestro Jean d'Estivet, promotor, solicitó un informe auténtico, en presencia de los señores y maestros: Adam Milet, secretario del rey; William Brolbster y Pierre Orient, de las diócesis de Rouen, Londres y Châlons.

 

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