Asimismo, el martes siguiente inmediatamente después de Ramos, 27 de marzo, en la cámara cerca de la gran sala del castillo de Rouen, nosotros, el obispo susodicho, y el hermano Jean le Maistre, vicario de monseñor inquisidor, presidentes, con la asistencia también de los reverendos padres, señores y maestros: Gilles, abad de Fécamp, Pierre, prior de Longueville, Jean Beaupère, Jacques de Touraine, Nicolas Midi, Pierre Maurice, Gérard Feuillet, Erard Emengart, Guillaume le Boucher, Maurice du Quesnay, Jean de Nibat, Jean le Fèvre, Jacques Guesdon, Jean de Châtillon, doctores en teología sagrada, Raoul Roussel, doctor en ambos derechos, Jean Guérin, doctor en derecho canónico, Robert le Barbier, Denis Gastinel, Jean le Doux, licenciados en ambos derechos, Nicolas de Venderès, Jean Pinchon, Jean Basset, Jean de la Fontaine, Jean Colombel, Aubert Morel, Jean Duchemin, licenciados en derecho canónico, André Marguerie, archidiácono de Petit-Caux, Jean Alespée, Nicolas Caval, Geoffroi du Crotay, licenciado en derecho civil, Guillaume Desjardins y Jean Tiphaine, doctores en medicina, Guillaume Haiton, licenciado en teología, Guillaume de la Chambre, licenciado en medicina, el hermano Jean Duval, el hermano Ysambard de la Pierre, de la Orden de los hermanos Predicadores, William Brolbster y John de Hampton, padres, el ya nombrado Jean d'Estivet, canónigo de las iglesias de Bayeux y Beauvais, promotor diputado por nosotros en esta causa, comparecen judicialmente ante nosotros, en presencia de Juana, traída ante nosotros en este mismo lugar, han propuesto una suplica y pedido en francés cuya traducción se sigue al latín palabra a palabra:
“Mis señores,
reverendo padre en Cristo, y vos, vicario especialmente elegido para este
asunto por monseñor el inquisidor, establecido y diputado en todo el reino de
Francia contra aquellos que se desvían de la fe católica, yo, promotor delegado
y ordenado por ustedes en esta causa, después de algunas informaciones e
interrogatorios hechos por nosotros y en vuestro nombre, digo, afirmo y
propongo que Juana, aquí presente y citada, debe responder a lo que quiera
preguntarle, decir y proponer contra ella, tocante y concerniente a la fe; y
tengo la intención de probar, si es necesario, por y bajo las protestas y fines
y conclusiones más plenamente declarados en este registro que ante ustedes,
jueces de esta parte, muestro y les entrego contra la dicha Juana, los hechos,
derechos y las razones declaradas y contenidas en los artículos escritos y especificados
en este registro. Y les ruego y pido que hagan jurar a Juana y le hagan afirmar
que responderá lo que está contenido en estos artículos y en cada uno de ellos
en particular, por: “Si, lo creo”, o “No, no lo creo”; y en casi de que no
quiera jurar y afirmar, se excuse o difiera de hacerlo más de lo conveniente,
después de que ustedes le hayan ordenado y sometido, que sea considera en su
presencia como en falta y contumaz; y, en consecuencia de su contumacia, que
sea declarada excomulgada por manifiesta ofensa. Luego de que le sea asignado
por ustedes un plazo certero y breve para responder, como ha sido dicho, los
dichos artículos, intímenla a que si ella no responde en el plazo susodicho a
estos artículos o a algunos de entre ellos, tendrán los artículos no
respondidos por ella como confesados, como los derechos, estilos, usos y común observancia
lo quieren y requieren”.
Esta suplica así
presentada, el promotor dio, contra Juana que estaba allí presente, su libelo
bajo forma de artículos concluyentes cuya redacción se encuentra escrita debajo.
Posteriormente, nosotros, los jueces susodichos, hemos pedido a los susodichos
doctores y maestros entonces presentes que deliberaran sobre lo que se debía
hacer ulteriormente.
Vista la suplica y el
pedido del promotor y oídas las opiniones de cada uno, hemos concluido que los
dichos artículos producidos por el promotor serían leídos y expuestos a Juana
en francés y que la dicha Juana respondería a cada articulo lo que ella sepa; y
si hubiese preguntas para las cuales ella pide un plazo para responder, le será
dado un plazo suficiente.
Luego, el promotor
juró ante nosotros bajo calumnia. Y esto hecho, hemos dicho a Juana que todos
los asistentes eran muy sabios eclesiásticos, expertos en derecho divino y
humano que quieren e intentan proceder con ella con toda piedad y mansedumbre,
como habían siempre estado dispuestos, sin buscar vengarse ni castigarla
corporalmente, sino instruirla y traerla devuelta a la vía de la verdad y de la
salvación. Y como ella no era suficientemente sabia ni instruida en las letras
ni en las materias tan arduas para deliberar ella misma lo que debía hacer o
responder, ofrecimos a la dicha Juana que eligiera uno o muchos, los que ella
quiera, entre los asistentes presentes, o bien si no sabía elegir, le daríamos
algunos para aconsejarla sobre lo que debía hacer o responder; considerando que,
en cuanto a los hechos, ella habría de responder en propia persona la verdad; y
hemos requerido a Juana de prestar juramente de decir la verdad de aquello que
tocaran los hechos.
A lo que Juana respondió de esta manera:
- Primero, por las amonestaciones que me hacen en cuanto a mi bien y el de nuestra fe, les agradezco y a toda la compañía también. En cuanto al consejo que ustedes me ofrecen, también les agradezco; pero no tengo la intención de separarme del consejo de Dios. En cuanto al juramento que quieren que yo haga, estoy lista para jurar decir la verdad sobre todo lo que toque vuestro juicio”. Y así juró ella, tocando los sacrosantos Evangelios.
Entonces, bajo nuestra
orden y comando, los susodichos artículos producidos por parte del promotor
fueron leídos; y el contenido de estos artículos o del libelo fue expuesto a
Juana en francés, tanto el martes susodicho como el día siguiente, el miércoles.
De los dichos artículos
del libelo y de las respuestas entonces dadas por Juana, así como las
respuestas anteriormente dadas, a las cuales Juana se refirió en este momento,
el contenido palabra a palabra:
“Ante ustedes, reverendo padre en Cristo y señor, monseñor Pierre, por la misericordia divina obispo de Beauvais, en tanto que ordinario estando en el territorio de esta ciudad y diócesis de Rouen, y la persona religiosa, maestro Jean le Maistre, de la Orden de los hermanos Predicadores, licenciado en teología, vicario en esta ciudad y diócesis y para la presente causa especialmente comisionado por la religiosa y muy circunspecta persona, el maestro Jean Graverent, eminente doctor en teología sagrada, de la misma orden, comisionado por la autoridad apostólica en el reino de Francia como inquisidor de la perversión herética, jueces competentes en esta parte, con el fin de que una mujer, Juana, comúnmente llamada la Doncella, recientemente encontrada, capturada y detenida en los límites del territorio, venerable padre, y las fronteras de vuestra diócesis de Beuavais, y a ti, como su juez eclesiástico y ordinario entregada, rendida, enviada y restituida por nuestro muy cristiano señor el rey de Francia y de Inglaterra, como su súbdita, sujeta a la justicia y corrección, vehementemente sospechosa, escandalosa y extremadamente y notoriamente difamada sobre y respecto a lo que sigue entre personas de bien y de peso, ya sea por usted, jueces susodichos, pronunciada y declarada bruja o hechicera, adivinadora, falsa profeta, invocadora y conjuradora de espíritus malignos, supersticiosa, implicada y aplicada a las artes mágicas, mal pensante sobre y al respecto de nuestra fe católica, cismática, dudando y desviada del articulo Unam sanctam, etc. Y diversos otros artículos de la dicha fe, sacrílega, idolatra, apostata de la fe, maldiciente y malhechora, blasfemadora contra Dios y sus santos, escandalosa, sediciosa, incitadora y obstaculizadora de la paz, excitando las guerras, cruelmente deseosa por la sangre humana e incitando su derramamiento, habiendo abandonado completamente y sin honra la decencia y la reserva de su sexo, tomando sin pudo el hábito infame y el estado de los hombres de armas, por ello y otros motivos aún más abominables a Dios y a los hombres, prevaricadora de las leyes divinas y naturales y de la disciplina eclesiástica, seductora de príncipes y de simples; permitiendo y consintiendo, injuriando y menospreciando de Dios, que ella sea venerada y adorada, dando sus manos y sus vestimentas para besar, usurpadora de homenajes y de culto divino, herética o, por lo menos, vehementemente sospechosa de herejía – y para que por esto, de acuerdo con las sanciones divinas y canónicas, ella sea castigada y corregida canónicamente y legítimamente, así como por todos los otros fines y cada uno de ellos que corresponden y son debidos: Jean d'Estivet, canónigo de las iglesias de Bayeux y Beauvais, promotor o procurador de vuestra oficina, para esto designado y especialmente nombrado por usted, en nombre de esta oficina y para esta oficina como demandante y acusador, y contra la mencionada Juana, acusada defensora, dice, propone y pretende probar y debidamente informar sus espíritus sobre lo que sigue. Dicho procurador protesta, sin embargo, que no tiene la intención de obligarse a probar cosas superfluas, sino solo lo que será suficiente y podrá y deberá ser suficiente para alcanzar su propósito, en todo o en parte; formulando las otras protestas que es costumbre hacer en estos actos; y también reservándose el derecho de agregar, corregir, cambiar, interpretar, así como cualquier otra cosa, tanto de derecho como de hecho."
Artículo 1: “Para empezar, tanto según el derecho divino
como siguiendo el derecho canónico y civil, a ustedes, uno como juez ordinario,
al otro como inquisidor de la fe, les corresponde y les pertenece el derecho de
perseguir, destruir, extirpar radicalmente de vuestra diócesis y de todo el
reino de Francia las herejías, sacrilegios, supersticiones y otros crímenes declarados
anteriormente; de castigar, corregir, enmendar a los herejes, aquellos que
proponen, hablan, divulgan algo contra nuestra fe católica, o actúan contra
ella de alguna manera, los hechiceros, los adivinos, los invocadores del demonio,
los incrédulos contra nuestra fe, y todos los malhechores, criminales o sus cómplices
que sean capturados en las dichas diócesis y jurisdicciones, aunque hubieran
cometido parte o la totalidad de sus fechorías, así como pueden y deben hacerlo
los otros jueces competentes en sus diócesis, limites y jurisdicciones. Y en
eso, incluso con respecto a una persona laica, cualquiera que sea su estado,
sexo, calidad o preeminencia, ustedes deben ser considerados, tenidos y
reputados como jueces competentes."
A este primer artículo,
Juana respondió que ella cree que nuestro Santo Padre el Papa de Roma y los
obispos y otras personas de la Iglesia están para proteger la fe cristiana y
castigar aquellos que fallan pero, en cuanto a ella, de sus hechos ella se somete
solamente a la Iglesia del cielo, a saber Dios, la Virgen María y los santos y
santas del Paraíso. Y cree firmemente que no ha fallado en nuestra fe ni quisiera
fallar en ella.
Artículo 2: “Asimismo, la dicha acusada, no solamente en el
presente año, sino desde los tiempos de su infancia, no solamente en vuestra
dicha diócesis y jurisdicción, sino aún en los lugares cercanos y en muchos
otros lugares de este reino, ha hecho, mezclado y compuesto muchos sortilegios
y supersticiones; la han divinizado y ella ha permitido que la adoraran y
veneraran; ha invocado a los demonios y los espíritus malignos, los ha
consultado, frecuentado, hecho, tenido, y establecido pactos y tratados con
ellos; otorgó igualmente consejo, ayuda y favor a otros haciendo las mismas
cosas, y les ha inducido a hacerlas, de tal manera o de forma parecida,
diciendo, creyendo, afirmando, manteniendo que actuar de esa manera, creer en
ellos, usar de tales sortilegios, adivinaciones, actos supersticiosos, no era
ni pecado ni cosa prohibida; pero ella ha asegurado que eran lícitos, loables y
oportunas, induciendo en estos errores y maleficios a muchas personas de
diversas condiciones de uno y el otro sexo, imprimiendo en el corazón de
aquellos tales cosas y parecidas. Y es en el cumplimiento y la perpetración de
los dichos delitos que la dicha Juana ha sido tomada y capturada en los términos
y límites de vuestra diócesis de Beauvais.”
A este segundo
artículo, Juana respondió que los sortilegios, obras supersticiosas y adivinaciones,
ella las niega; y de la adoración, dijo que si algunos han besado sus manos o
vestimentas, no fue por ella o por su voluntad; y ha intentado protegerse de
esto tanto como era posible. Y niega el resto del artículo.
Artículo 3: “Asimismo, la dicha acusada ha caído en muchos
y diversos errores, de los peores, evidenciando la perversidad herética: ha
dicho, vociferado, profesado, afirmado, publicado, gravado en los corazones de
los simples ciertas proposiciones falsas, mentirosas, evidenciando la herejía e
incluso son heréticas, fuera y en contra de nuestra fe católica, de los estatutos
hechos y aprobados por los Concilios generales: proposiciones escandalosas, sacrílegas,
contrarias a las buenas maneras, ofensivas para las orejas piadosas; ha
prestado consejo, ayuda y favor a aquellos que han dicho, dogmatizado, afirmado
y promulgado estas proposiciones”.
Este tercer artículo,
Juana lo niega y afirma que, en la medida de su poder, ha apoyado a la Iglesia.
Artículo 4. “Y para que ustedes mejor y más específicamente
se informen, mis señores jueces, sobre las dichas ofensas, excesos, crímenes y
delitos perpetrados por la dicha acusada, como les ha sido narrado, en muchos y
diversos lugares del reino, en la dicha diócesis y otros lugares, es verdad que
la dicha acusada fue y es originaria del pueblo de Greux, que tiene por padre a
Jacques d'Arc y por madre a Isabelle, su esposa; que ha sido llevada en su
juventud, hasta la edad de 18 años o aproximadamente, al pueblo de Domrémy
sobre el Mosa, diócesis de Toul, bailía de Chaumont-en-Bassigny, prevostura de
Monteclaire y de Andelot. Esta Juana, en su juventud, no fue educada ni
instruida en la creencia y los principios de la fe, sino que fue acostumbrada y
enseñada por ciertas ancianas a usar de sortilegios, adivinaciones y de otras
obras supersticiosas o artes mágicas: y muchos habitantes de esas dos ciudades
son conocidos desde siempre por usar los dichos maleficios. De muchos, y
especialmente de su madrina, esta Juana ha dicho tener oído muchas veces hablar
de visiones o apariciones de hadas o espíritus feéricos. Y por otros más ella
ha sido indoctrinada e imbuida de estos malvados y perniciosos errores sobre
estos espíritus, al punto en que ella ha confesado, ante nosotros, en juicio,
que hasta este día ella ignoraba si las hadas eran espíritus malignos”.
Sobre este cuarto artículo,
Juana respondió que reconoce como verdad la primera parte, a saber, sobre su
padre, su madre y el lugar de su nacimiento; y en cuanto a las hadas, ella no
sabe lo que son. En cuanto a su instrucción, ella ha aprendido su creencia y ha
sido bien enseñada y a comportarse como se debe, como buena niña lo debe hacer.
Y lo que toca a su madrina, se remite a lo que dijo sobre ella anteriormente. Requerida
para que diga su credo, respondió:
-
Pregunten
al confesor a quién se lo he dicho.
Artículo 5. “Asimismo, próximo al pueblo de Domrémy, hay un
cierto árbol grande, grueso y antiguo, vulgarmente conocido como “el árbol de
las hadas de Bourlemont”; y cerca de dicho árbol hay una fuente. Y alrededor,
se dice que viven ciertos espíritus malvados, llamados en francés hadas, con
los cuales aquellos que usan de sortilegios han acostumbrado a danzar en la
noche, y rondan alrededor del árbol y la fuente”.
A este quinto artículo,
del árbol y de la fuente, la dicha Juana se remite a otra respuesta hecho sobre
eso; lo demás lo niega.
Artículo 6. “Asimismo, la dicha Juana ha acostumbrado a frecuentar
la fuente y el árbol, y más seguido por la noche; a veces de día,
particularmente a las horas en que en la Iglesia se celebra el oficio divino, con
el fin de estar allí sola; y, bailando, giraba alrededor del árbol y de la
fuente; después colgaba muchas guirnaldas y diversas hierbas y flores, hechos
de su mano, en las ramas del árbol; diciendo y danzando, antes y después,
ciertas canciones y versos con ciertas invocaciones, sortilegios y otros
maleficios: estas coronas de flores, en la mañana siguiente, ya no se
encontraban más allí”.
A este sexto artículo,
el dicho día veintisiete de marzo, ella respondió que se remite a otra respuesta
hecha por ella; y lo demás lo niega.
[El sábado, 24 de
febrero, ella ha dicho haber oído decir que, cuando pueden levantarse, van al
árbol para divertirse. Y es un gran árbol, llamado haya, de donde proviene el
hermoso mayo; y pertenecía, según se dice, a monseñor Pierre de Bourlémont.
Dijo también que a veces iba a divertirse con las otras jóvenes en verano, y
hacía coronas de flores en ese árbol para la imagen de Nuestra Señora de
Domrémy. Y varias veces había oído decir a varios ancianos, no de su familia,
que las hadas frecuentaban ese lugar. Dijo también que había oído decir a una
mujer llamada Jeanne, esposa del alcalde Aubéry de Domrémy, su madrina, que
había visto a las mencionadas damas hadas, pero no sabe si era verdad. Dijo que
nunca vio a dichas hadas, al menos que ella sepa, y si las vio en otro lugar,
tampoco lo sabe. Dijo también que había visto a las jóvenes colocar coronas de
flores en las ramas del árbol, y que ella misma a veces ponía flores con las
otras chicas; y a veces se llevaba las flores, y otras veces las dejaba allí.
Dijo además que, desde que supo que debía ir a Francia, se divirtió poco o lo
menos que pudo. No sabe si ha bailado cerca del árbol desde que tuvo uso de
razón, pero a veces puede haber bailado con los niños; y cantaba más que
bailaba. Dijo además que hay un bosque llamado el "bosque chenu", que
se puede ver desde la puerta de la casa de su padre, y no está a más de media
legua de distancia. Dijo también que no sabe ni ha oído decir que las hadas
frecuentaran dicho bosque, pero que escuchó a su hermano decir que, después de
que ella dejara el país, se decía que había obtenido su misión en el árbol de
las hadas; pero dijo que eso no era cierto y se lo dijo a su hermano. Añadió
también que, cuando fue a ver a su rey, algunos le preguntaron si en su país
había un bosque llamado el "bosque chenu", pues había profecías que
decían que de ese bosque debía venir una doncella que haría maravillas; pero
ella dijo que no dio crédito a eso.]
Artículo 7. “Asimismo, la dicha Juana tuvo costumbre de portar
a veces una mandrágora en su pecho, esperando, por este medio, tener buena
fortuna en riquezas y cosas temporales; ella afirma que esta mandrágora tenía
tal virtud y efecto”.
A este séptimo artículo,
de la mandrágora, la dicha Juana lo niega absolutamente.
[Interrogada, el
jueves primero de marzo, sobre lo que ella hizo con esa mandrágora, respondió
que ella no tuvo nunca una; pero oyó decir que, cerca de su pueblo, había una;
pero nunca la ha visto. Dijo también que ella ha oído decir que esta cosa es peligrosa
y malvada; no sabe, sin embargo, para qué sirve. Interrogada en qué lugar está
esta mandrágora sobre la que oyó hablar, respondió que ella oyó decir que está
en la tierra, cerca del árbol; pero no sabe el lugar. Y oyó decir que, sobre
esta mandrágora, se eleva cierto árbol llamado avellano. Interrogada para qué
sirve esta mandrágora, respondió que ella ha oído decir que hace venir el
dinero: pero no cree en ello; y las voces nunca le dijeron nada sobre este tema]
Artículo 8: “Asimismo, la dicha Juana, cercana a los 20
años de edad, de su propia voluntad y sin el permiso de los dichos padre y
madre, fue a la ciudad de Neufchâteau en Lorraine y allí sirvió durante
cierto tiempo en la casa de una cierta mujer hostelera llamada La Rousse, donde
residían continuamente muchas jóvenes mujeres sin reputación, y también estaban
allí hospedados, la mayor parte del tiempo, soldados de guerra. Además,
mientras permanecía en esa posada, a veces se juntaba con dichas mujeres, otras
veces llevaba las ovejas al campo, y en ocasiones llevaba los caballos al
abrevadero o al prado para pastar; y allí adquirió la costumbre de montar a
caballo y conoció el oficio de las armas."
A este octavo
artículo, Juana respondió que se remite a lo que ella ha respondido antes sobre
eso. Lo demás, lo niega.
[El jueves 22 de
febrero, ella confesó que, por temor a los borgoñones, dejó la casa de su padre
y fue a la ciudad de Neufchâteau en Lorena, a la casa de una mujer llamada La
Rousse, donde permaneció unos quince días, ocupándose de los trabajos
domésticos habituales de la casa; pero no iba al campo.]
[El sábado 24 de
febrero, interrogada sobre si llevaba los animales al campo, dijo que ya había
respondido en otra ocasión. Añadió que, desde que fue mayor y tuvo
entendimiento, no cuidaba comúnmente los animales, pero sí ayudaba a llevarlos
al prado y a un castillo llamado l'Isle, por temor a los soldados; pero no
recuerda si en su juventud los cuidaba o no.]
Artículo 9. “Asimismo, la dicha Juana, estando en este
servicio, citó a juicio ante el oficial de Toul, en materia matrimonial, a cierto
joven; en el transcurso de este asunto, ella fue muchas veces a Toul, y gastó
para esta ocasión casi todo lo que tenía. Este joven, sabiendo que ella había
convivido con las dichas mujeres, se negó a casarse con ella y murió mientras
el caso estaba pendiente. Por esto la dicha Juana, despechada, dejó su servicio”.
A este noveno
artículo, de materia matrimonial, Juana respondió que ella ha respondió antes
sobre esto, y que ella se remite a su respuesta; lo demás lo niega.
[El lunes 12 de
marzo, interrogada quién la movió para hacer citar a un hombre en Toul por causa
matrimonial, respondió: “Yo no lo hice citar, sino que fue él que me hizo
citar, y allí juré decir la verdad delante del juez”. Y finalmente juró que
ella no había hecho ninguna promesa a este hombre. Dijo también que sus voces
le aseguraron que ganaría su juicio.]
Artículo 10. “Asimismo, después de haber dejado el servicio en
La Rousse, la dicha Juana dijo haber tenido y tener continuamente, desde hace cinco
años, visiones y apariciones de San Miguel, Santa Catarina, y de Santa
Margarita, y que ellos le habían particularmente revelado que ella levantaría
el sitio de Orléans, y haría coronar a Carlos, quien ella dice ser su rey, y
expulsaría todos sus adversarios del reino de Francia: a pesar de su padre y de
su madre quienes se oponían. Ella los abandona y, de su propio movimiento y
voluntad, fue a encontrar a Robert de Baudricourt, capitán de Vaucouleurs, para
hacerle parte, siguiendo la orden de San Miguel, de las santas Catarina y
Margarita, de las visiones y de las revelaciones hechas a ella por Dios, según
ella dice, pidiendo al dicho Robert que la ayude con el fin de cumplir con esas
dichas revelaciones. Entonces, dos veces rechazada por el dicho Robert, y
volviendo a entrar en su casa, de nuevo habiendo recibido la orden de retornar
a él por revelación, a la tercera vez fue hospedada y recibida por el dicho
Robert.”
A este décimo
artículo, ella responde que se remite a lo que ella ha respondido antes sobre
eso.
[El jueves 22 de
febrero, ella declaró que, a la edad de trece años, escuchó una voz de Dios que
la ayudaba a conducirse: y la primera vez tuvo mucho miedo; y esa voz vino
alrededor de la hora del mediodía, en verano, en el jardín de su padre, y en
ese momento no estaba en ayunas y no había ayunado el día anterior. Escuchó la
voz del lado derecho, en dirección a la iglesia, y rara vez la oyó sin una luz;
esa luz provenía del mismo lado de donde venía la voz; y generalmente había una
gran claridad. Y cuando venía a Francia, a menudo escuchaba esa voz; y, por
primera vez, había luz. Dijo además que si estuviera en un bosque, también
oiría esas voces; y dijo que le parecía que era una voz digna y cree que esa
voz le fue enviada por Dios. Y después de haberla escuchado tres veces, supo
que era la voz de un ángel. También dijo que esa voz siempre la cuidaba bien, y
que la comprendía bien. Interrogada sobre qué le enseñaba esa voz para la
salvación de su alma, respondió que le enseñaba a conducirse bien y a frecuentar
la iglesia, y que era necesario que viniera a Francia. Y añadió que, esta vez,
el interrogador no sabría de ella bajo qué forma aparecía la voz. También dijo
que esa voz le decía, dos o tres veces por semana, que debía partir y venir a
Francia, y que su padre no debía saber nada sobre su partida. También dijo que
la voz le decía que tenía que venir a Francia, y que ya no podía resistir más;
y que levantaría el sitio puesto frente a Orleans. Dijo además que cuando llegó
a Vaucouleurs, reconoció a Robert de Baudricourt, aunque nunca lo había visto
antes; y le dijo que, por su voz, le había sido revelado que debía venir a
Francia; y reconoció al tal Robert por la voz que le dijo que era él. Al
principio, él la rechazó dos veces; y, a la tercera, la aceptó y le dio gente,
como su voz le había dicho. También, el sábado 24 de febrero, interrogada sobre
a qué hora había escuchado esa voz ayer, respondió que la había oído, ayer y
ese mismo día, 24 de febrero, tres veces: la primera, por la mañana; la
segunda, a vísperas; la tercera, en el Ave María; y muchas veces la escuchaba
más de lo que decía. Y ayer, por la mañana, mientras dormía, la despertó sin
tocarla, solo hablándole; y no sabía si esa voz estaba en su habitación, pero
sabía bien que estaba en el castillo donde se encontraba dicha habitación.
También confesó que, la primera vez que le llegó la voz, estaba en su
decimotercer año de edad, o aproximadamente. También, el martes 27 de febrero,
dijo que habían pasado unos siete años desde la primera vez que santa Catalina
y santa Margarita la guiaron. Interrogada si san Miguel fue el primero en
aparecerle, respondió que sí, y que le dio consuelo: "No te nombro la voz
de san Miguel, pero hablo de su gran consuelo." Interrogada sobre cuál fue
la primera voz que le llegó, a los trece años o aproximadamente, respondió que
san Miguel, a quien vio con sus propios ojos; y no estaba solo, sino bien
acompañado por los ángeles del cielo. También dijo que solo vino a Francia por
orden de Dios. Interrogada si vio a san Miguel y a los ángeles, corporal y
realmente, respondió que los vio con los ojos de su cuerpo, tan claramente como
veía a los jueces del proceso. Y cuando san Miguel y los ángeles partían,
lloraba; y hubiera querido que se la llevaran con ellos. Interrogada, ese mismo
27 de febrero, si había claridad con la voz, respondió que había mucha luz por
todos lados, y que eso era apropiado.
El jueves 1 de
marzo, interrogada si desde el pasado martes no había hablado con las santas
Catalina y Margarita, respondió que sí, ayer y hoy, pero no sabe la hora y no
hay día en que no las escuche.
El lunes 12 de
marzo, interrogada si había pedido a sus voces si debía decir a su padre y a su
madre sobre su partida, respondió que en cuanto a su padre y madre, habrían
estado lo suficientemente contentos de que se los dijera, si no fuera por el
castigo que le habrían dado si lo hubiera hecho. Y en cuanto a ella, no les
habría dicho por ninguna razón; y en cuanto a decir o no su partida a sus
padres, las voces lo dejaban en manos de Jeanne.
Interrogada sobre
los sueños de su padre relacionados con su partida, respondió que su madre le
había dicho varias veces, mientras aún estaba con su padre, que él había soñado
que Jeanne se iría con los soldados; y por ello sus padres la vigilaban de cerca
y la mantenían bajo estricta vigilancia; y ella les obedecía en todo, excepto
en el proceso de Toul, en el caso del matrimonio.
También dijo que
había escuchado a su madre decir que su padre le había dicho a sus hermanos:
"Si llego a creer que lo que soñé sobre ella sucederá, quisiera que la
ahogarais; y si no lo hacéis, la ahogaré yo mismo". Y sus padres
estuvieron a punto de perder el juicio cuando ella partió para ir a
Vaucouleurs.
Interrogada si esos
sueños ocurrieron a su padre después de que ella tuvo sus visiones y voces,
respondió que sí, más de dos años después de haber recibido sus primeras voces.]
Artículo 11. “Asimismo, la dicha Juana, habiendo entrado en
familiaridad con Robert, se jactaba de haberle dicho que después de haber despachado
y cumplido con todo lo que le había sido ordenado por revelación por Dios, ella
tendría tres hijos, de los cuales el primero sería Papa, el segundo sería
emperador, y el tercero sería rey. Al escuchar esto, el dicho capitán le dijo: “Bueno,
¡me gustaría hacerte uno, ya que serán hombres tan poderosos, porque yo también
sería mejor!” A lo que ella respondió “Gentil Robert, no, no; no es el momento:
¡el Espíritu Santo lo obrara!” Así el dicho Robert, en diversos lugares y en
presencia de prelados, de grandes maestros y de notables personas, lo ha
afirmado, dicho y publicado.”
A este decimoprimer
artículo, Juana responde que ella se refiere a lo dicho anteriormente sobre
eso; y dijo que, en cuanto a tener tres hijos, no se ha jactado de ello.
[El lunes 12 de
marzo, interrogada si sus voces la llamaban hija de Dios o hija de la Iglesia,
o hija de gran corazón, respondió que después de levantar el sitio de Orléans, y
desde entonces, le han hablado todos los días, y muchas veces la llamaban Juana
la Doncella, hija de Dios.]
Artículo 12. “Asimismo, para abordar mejor y de manera más
clara su proposición, la dicha Juana ha pedido del dicho capitán de hacerle hábitos
de hombre, con armas apropiadas; lo que hizo el dicho capitán, a pesar de él, y
con gran repugnancia, accediendo a la demanda de la dicha Juana. Estas
vestimentas y estas armas estando fabricadas, ajustadas y confeccionadas, la
dicha Juana rechazó y abandonó enteramente la vestimenta femenina: con el
cabello cortado a la redonda; a la manera de los pajes, tomó camisa, calzas,
jubón, medias, uniendo todo ello con largas y ligadas al jubón por veinte
cordones, zapatos altos atados por fuera, y una túnica corta hasta la rodilla o
cerca de ella; capuchón cortado, botas o fundas ajustadas, estribos largos,
espada, daga, hauberk, lanza y otras armaduras; así se vistió y armó a la
manera de los hombres de armas; y con ellos ejerció hechos de guerra,
asegurando que cumplía con el mandato de Dios por revelaciones recibidas, y que
lo hacía por Dios."
A este decimosegundo
artículo, Juana respondió que ella se remite a lo que ella ha respondido antes
sobre eso. En consecuencia, interrogada si ella a tomado este hábito y armas
con otros equipamientos de guerra por comando de Dios, respondió: “Yo me
remito, como se ha dicho antes, a lo que anteriormente he respondido”.
[El jueves 22 de
febrero, declaró que la voz le había dicho que fuera a ver a Robert, el capitán
de Vaucouleurs, y que él le proporcionaría hombres; a lo que ella respondió que
era una pobre niña que no sabía montar a caballo ni llevar la guerra. También declaró
que había dicho a su tío que quería quedarse con él por algún tiempo; y se
quedó allí unos ocho días. Y le dijo a su tío que tenía que ir a Vaucouleurs; y
su tío la llevó allí. También dijo que, cuando fue a ver a su rey, vestía ropa
de hombre. También dijo que, antes de ir a ver a su rey, el duque de Lorena le
envió a llamar para que lo visitara; ella fue y le dijo que quería ir a
Francia. Y el duque le preguntó sobre el retorno de su salud; pero ella le dijo
que no sabía nada al respecto y habló poco de su viaje. También le pidió al
duque que le proporcionara a su hijo y hombres para llevarla a Francia, y que
oraría a Dios por su salud. Y fue al duque con un salvoconducto y luego volvió
a Vaucouleurs. También dijo que, al partir de Vaucouleurs, tomó ropa de hombre,
llevó una espada que le dio el mencionado Robert, sin otra armadura, en
compañía de un caballero, un escudero y cuatro sirvientes; pasó la noche en
Saint-Urbain y se alojó en la abadía. También dijo que en este viaje pasó por
Auxerre donde asistió a la misa en la gran iglesia, y que tenía frecuentemente
a sus voces con ella. Además, dijo que el mencionado Robert hizo jurar a los
que la llevaban que la llevarían bien y con seguridad; y al partir, Robert le
dijo a Jeanne: "Ve, ve y que sea lo que Dios quiera". También dijo
que necesitaba cambiarse de ropa a la de hombre creyendo que su consejo al
respecto le había sido bueno. También dijo que sin impedimento llegó a su rey
al que envió cartas por primera vez cuando todavía estaba en Sainte-Catherine-de-Fierbois.
El martes 27 de
febrero, interrogada si su voz le había prescrito que tomara la ropa de hombre,
respondió que la ropa es una cosa menor; pero no la tomó por consejo de nadie,
y no la tomó ni hizo nada por orden de Robert, sino por mandato de Nuestro Señor
y de sus ángeles, y nunca tomó esa ropa por orden de Robert. Interrogada si
hizo bien al tomar esa ropa, respondió que todo lo que había hecho por mandato
de Dios, creía que lo había hecho bien, y esperaba un buen respaldo y ayuda.
También dijo que tenía una espada que tomó en Vaucouleurs.
El 12 de marzo,
interrogada si fue a petición de Robert que tomó ropa de hombre, y si la voz le
había dado órdenes en relación con Robert, respondió como antes. En cuanto a la
voz, respondió que todo lo que había hecho bien, lo había hecho por mandato de
sus voces; y en cuanto a la ropa, que lo respondería en otro momento, pues en
ese momento no estaba segura, pero que al día siguiente respondería.
El sábado 17 de
marzo, interrogada sobre qué tipo de respaldo y ayuda esperaba de Nuestro Señor
por el hecho de llevar ropa de hombre, respondió que, tanto por la ropa como
por las otras cosas que había hecho, no buscaba otra recompensa que la
salvación de su alma.]
Artículo 13. "Además, la mencionada Jeanne atribuye a
Dios, a sus ángeles y a sus santos mandatos que son contrarios a la decencia
del sexo femenino y prohibidos por la ley divina, abominables para Dios y para
los hombres, prohibidos por las sanciones eclesiásticas bajo pena de anatema,
como vestirse con ropas de hombre, cortas y disolutas, tanto las interiores
como las otras; y, siguiendo sus preceptos, ella se ha vestido muchas veces con
ropas lujosas y ostentosas, telas preciosas y de oro, así como con pieles; y no
solo ha usado capotes cortos sino también largas túnicas y vestidos abiertos a
los lados. Es conocido que, cuando fue capturada, llevaba un capote de oro,
abierto por todos los lados; y en su cabeza, llevaba sombreros y bonetes, con
el cabello cortado en círculo a la moda de los hombres. Y, en general, habiendo
rechazado toda modestia femenina, no solo en menosprecio de la decencia de la
mujer, sino también en menosprecio de la de los hombres bien formados, ha usado
todos los adornos y ropas que los hombres más disolutos suelen llevar, y
además, ha portado armas ofensivas. Atribuir esto al mandato de Dios, a los
ángeles santos y a las vírgenes santas es blasfemar contra Nuestro Señor y sus
santos, aniquilar la ley divina, violar el derecho canónico, escandalizar el
sexo y la decencia de la mujer, pervertir toda decencia en la vestimenta
exterior, aprobar los ejemplos de toda disolución en la humanidad y llevar a
otros a seguirlos."
En cuanto al decimotercer
artículo, Juana respondió: “Yo no he blasfemado a Dios ni a sus santos”.
[El martes 27 de
febrero, interrogada si le parece que el mandato a ella hecho de tomar hábito
de hombre sea licito, respondió que todo lo que ella ha hecho fue hecho por
mandato de Dios; y que si le hubiera ordenado tomar otro, ella lo habría
tomado, dado que habría sido por mandato de Dios. Interrogada si, en este caso
particular, ella cree haber hecho bien, respondió que ella no lo tomó sin el
mandato de Dios, y que nada en el mundo de lo que ella ha hecho ha sido sin
mandato de Dios.
El sábado 3 de
marzo, interrogada cuando por primera vez ella vino ante su rey, si él le pidió
si era por revelación que ella había cambiado su hábito, respondió: “Les he
respondido antes” y “sin embargo, no recuerdo si eso me fue preguntado”. Y por
otro lado, dijo que está escrito en Poitiers. Asimismo, el dicho sábado 3 de
marzo, interrogada si ella cree que habría delinquido o hecho pecado mortal
tomando hábito de mujer, respondió que ella hace mejor en obedecer y servir su
soberano Señor, a saber, Dios.]
Artículo 14. “Asimismo, la dicha Juana aseguró que ha hecho
bien al usar las tales vestimentas y hábitos de hombres disolutos; y ella
quiere perseverar en ello, diciendo que no debe abandonarlos, a menos que tenga
expresa licencia de parte de Dios por revelación, para injuria de Dios, de sus
ángeles y de sus santos”.
A este decimocuarto
artículo, Juana respondió: “No hice mal al servir a Dios; y mañana tendrán
respuesta”.
Y el mismo día,
interrogada por uno de los asesores si ella había tenido revelación o mandato
de vestir este hábito [de hombre], respondió que ella ha respondió eso y se
remite a eso. Y después dijo que mañana habrá respuesta sobre eso. Y dijo además
que sabe bien quien le hizo tomar el hábito; pero no sabe cómo lo debe revelar.
[El sábado 24 de
febrero, al ser interrogada si deseaba tener ropa de mujer, respondió:
"[Si queréis darme permiso], dadme una y la tomaré y me iré; de lo
contrario, no; y estoy contenta con la que tengo, puesto que a Dios le agrada
que la lleve."
El lunes 12 de
marzo, al ser interrogada si, al tomar el hábito de hombre, no pensaba que estuviese
haciendo algo malo, respondió que no; y aún en el presente, si estuviera en el
otro lado con este hábito de hombre, le parece que sería uno de los grandes
bienes de Francia hacer como hacía antes de su captura.
Además, el sábado
17 de marzo, al ser interrogada, dado que ella dice que lleva el hábito de
hombre por mandato de Dios, por qué pide una camisa de mujer en el momento de
su muerte, respondió que le bastaba que fuera larga.]
Artículo 15. “Asimismo, la dicha Juana, habiendo pedido
muchas veces que le fuera permitido escuchar misa, ha sido amonestada de quitarse
el hábito de hombre y de retomar el de mujer; sus jueces le prometieron que
sería admitida a escuchar la misa y a comulgar en caso de que ella quisiera
quitarse definitivamente el hábito de hombre y de tomar el de mujer, como es
conveniente a su sexo; ella no lo quiso consentir, y ella prefiere no
participar de la comunión y de los oficios divinos, antes que abandonar este
hábito, fingiendo que en haciendo ello deploraría a Dios. En esto aparece su
obstinación, su endurecimiento en el mal, en su falta de caridad, su
desobediencia hacia la Iglesia, y el desprecio que ella tiene a los divinos
sacramentos.”
A este decimoquinto
artículo, el martes veintisiete de marzo, la dicha Juana respondió que ella
prefiere más morir antes que revocar lo que ella ha hecho por orden de Nuestro
Señor.
Ese dicho día,
interrogada si ella quiere dejar el hábito de hombre para oír la misa,
respondió que, en cuanto al hábito que ella viste, no lo dejará aún, y que no
depende de ella el plazo en que lo dejará.
Asimismo, ese mismo día,
dijo que si los jueces rechazan dejarla oír la misa, está bien que Nuestro
Señor la deje oír cuando a Él le plazca, sin ellos.
Asimismo, en cuanto al
resto del artículo sobre la secuela, respondió que ella confiesa haber sido
amonestada de tomar el hábito de mujer; en cuanto a la irreverencia y otras
consecuencias, ella las niega.
[15 de marzo: Al
ser interrogada sobre qué preferiría, si tomar el hábito de mujer y asistir a
misa, o permanecer en hábito de hombre y no asistir a misa, respondió:
"Certifíqueme que oiré misa si estoy en hábito de mujer; y entonces le
responderé." A lo cual el interrogador le dijo que se le daba la certeza.
Entonces la mencionada Juana respondió: "¿Qué diréis si he jurado y
prometido a nuestro rey no abandonar este hábito? No obstante, os respondo:
hacedme una túnica larga hasta el suelo, sin cola, y dádmela para ir a misa, y
luego al regresar, volveré a ponerme el hábito que llevo."
Interrogada si
tomaría el hábito de mujer de una vez por todas para ir a oír misa, respondió:
"Me consultaré al respecto y luego os responderé." Además, solicitó,
en honor a Dios y a Nuestra Señora, que se le permitiera oír misa en esta buena
ciudad. A lo que se le dijo que tomara el hábito de mujer pura y simplemente. A
lo cual Juana respondió: "Dadme un hábito como el de una hija de burgués,
es decir, una hopalanda larga y también un chaperón de mujer; y los tomaré para
ir a oír misa." Y además dijo, con la mayor insistencia que pudo, que
solicitaba que se le permitiera oír misa con el hábito que llevaba, sin
cambiarlo.
17 de marzo:
Interrogada sobre lo que había dicho respecto al hábito de mujer que se le
ofreció para que pudiera oír misa, respondió que, en cuanto al hábito de mujer,
no lo tomará aún, mientras le plazca a Nuestro Señor; y si es necesario que la
lleven a juicio y sea desnudada, pide a los señores de la Iglesia que le
concedan la gracia de tener una camisa de mujer y un cubrecabeza en la cabeza;
porque prefiere morir antes que revocar lo que Nuestro Señor le ha hecho hacer.
Y cree firmemente que Dios no permitirá que ella sea puesta tan bajo y que
pronto recibirá el auxilio de Dios, y por medio de un milagro. Interrogada ese
mismo día por qué había dicho que tomaría el hábito de mujer, pero que se le
dejara ir, si a Dios le placía, respondió que, si se le concediera ir en hábito
de mujer, se pondría de inmediato el hábito de hombre y haría lo que le ha sido
mandado por Nuestro Señor, y que no haría, por nada del mundo, un juramento de
no armarse ni vestirse de hombre, para cumplir el placer y la voluntad de
Nuestro Señor.]
Artículo 16. “Asimismo, la dicha Juana ya, después de ser
tomada, en Beaurevoir y en Arras, ha sido muchas veces amonestada
caritativamente por nobles y notables personas de uno y el otro sexo, a
abandonar el hábito de hombre y de retomar las vestimentas decentes y convenientes
a su sexo. Lo que ella rechazó absolutamente de hacer; y ella aún se rehúsa obstinadamente,
incluso a realizar otras tareas convenientes al sexo femenino; en todo se
conduce como un hombre más que como una mujer”.
A este decimosexto
artículo, Juana responde que en Arras y en Beaurevoir, ella ha sido amonestada
de tomar hábito de mujer, y que ella lo ha rechazado y lo rechaza aún. Y en
cuanto a las otras obras de mujer, dijo que hay suficientes mujeres para hacerlas.
["El sábado 3
de marzo, interrogada si recuerda que los maestros que la examinaron en la otra
parte, unos durante un mes, otros durante tres semanas, no la interrogaron
sobre el cambio de su hábito, respondió que no lo recordaba, aunque le
preguntaron dónde había tomado el hábito de hombre, y ella les había dicho que
lo había tomado en Vaucouleurs. Interrogada si le preguntaron si había tomado
ese hábito siguiendo sus voces, respondió: 'Eso no es parte de su juicio.'
Interrogada además si no fue requerida en Beaurevoir, respondió: 'Sí,
realmente'; y que ella respondió que no lo cambiaría sin el permiso de Nuestro
Señor. También dijo que la señorita de Luxemburgo pidió al señor de Luxemburgo
que la mencionada Juana no fuera entregada a los ingleses. También dijo que la
señorita de Luxemburgo y la señora de Beaurevoir le ofrecieron un hábito de
mujer o tela para hacerlo, y le pidieron que lo llevara. Y ella respondió que
no tenía permiso de Nuestro Señor para hacerlo y que aún no era el momento.
Además, dijo que el señor Jean de Pressi, caballero, y algunos otros le
ofrecieron un hábito de mujer en Arras, y le preguntaron varias veces si
querría cambiar de hábito. Añadió que, si hubiera tenido que cambiar su hábito,
lo habría hecho antes a solicitud de esas dos damas que de los otros en
Francia, exceptuando a su reina. Interrogada además, cuando Dios le reveló que
cambiara su hábito, si fue por la voz de san Miguel o de las santas Catalina y
Margarita, respondió: “No obtendrán otra cosa ahora."]
Artículo 17. “Asimismo, cuando la dicha Juana vino en
presencia del rey Carlos, así vestida y armada, como se dijo, le ha dado tres
promesas, entre otras: primero, que ella levantaría el sitio de Orléans;
segundo, que ella lo haría coronar en Reims; tercero, que ella lo vengaría de
sus adversarios, que a todos ella los mataría con su arte, que ella los
expulsaría de este reino, tanto ingleses como borgoñones. Y de estas promesas,
muchas veces y en diversos lugares, la dicha Juana se vanaglorió públicamente; y
para que sea más grande la credibilidad, fue agregado a esos dichos y hechos, entonces
y después, utilizó frecuentemente adivinaciones, descubriendo las costumbres,
la vida, los hechos secretos de muchas personas que estaban en su presencia, y
que ella no había visto ni conocido, vanagloriándose de conocerlas por revelación”.
A este decimoséptimo
artículo, Juana respondió que trajo las noticias de parte de Dios a su rey, que
Nuestro Señor le devolvería su reino, le haría coronar en Reims, y echaría
fuera a sus adversarios. Y de eso ella fue mensajera de Dios; [diciéndole] que
la pusieran valientemente en acción, y que ella levantaría el sitio de Orléans.
Asimismo, dijo que
ella se refería a todo el reino, y que si monseñor de Borgoña y los otros
sujetos del reino no volvían a la obediencia, su rey los haría volver a la
fuerza.
Asimismo, dijo que en
cuanto al final del artículo sobre reconocer a Robert y a su rey: “Me remito a
lo que otras veces he respondido”.
[El jueves 22 de
febrero, ella confesó que, cuando llegó a Vaucouleurs, reconoció a Robert de
Baudricourt, aunque nunca lo había visto antes; y fue por la voz que le dijo
que era él. Además, dijo que encontró a su rey en Chinon, donde llegó alrededor
del mediodía, y se hospedó en una posada; y, después del almuerzo, fue a ver a
su rey en el castillo, a quien reconoció entre los demás por el consejo de sus
voces, cuando entró en la sala; y le dijo al rey que quería ir a hacer la
guerra contra los ingleses.
El martes 13 de marzo, interrogada sobre un cierto sacerdote concubinario y una
taza [de plata] perdida, etc., respondió que no sabía nada de eso, y que nunca
había oído hablar de ello.]
Artículo 18. “Asimismo, la dicha Juana, tanto como ella permaneció
con el dicho Carlos, usó de todas sus fuerzas para disuadirlo, a él y a los
cercanos a él, de hacer algún tratado de paz o acuerdo con sus adversarios, incitándolos
siempre al asesinato y al derramamiento de sangre humana, afirmando que no
podía haber paz sino al final de la punta de la lanza y de la espada; y que eso
era así ordenado por Dios, porque los adversarios del rey no abandonarían de otra
forma lo que ocupaban del reino; que hacerles la guerra, era uno de los bienes
más grandes que podía suceder a toda la cristiandad, según ella decía.”
A este decimoctavo
artículo, Juana respondió que, en cuanto al duque de Borgoña, ella le ha pedido,
por carta y por sus embajadores, que hubiese paz entre su rey y el dicho duque.
En cuanto a los ingleses, la paz que debe haber es que ellos se fueran a su
país, a Inglaterra. Y del resto del artículo, ella ha respondido anteriormente,
a lo que ella se remite.
[El martes 27 de
febrero, interrogada por qué ella no recibió para negociar al capitán de
Jargeau, respondió que los señores de su partido respondieron a los ingleses que
no tendrían el plazo de quince días que pedían, sino que se marcharan, ellos y
sus caballos, de inmediato. Y, en cuanto a ella, les dijo que se irían, en sus
pequeñas cotas, con la vida salvada, si ellos lo querían: De otra forma, ellos
serían tomados en asalto. Interrogada si ella tuvo deliberación con su consejo,
esto es, con sus voces, para saber si les daría plazo o no, respondió que no
tenía memoria de ello.]
Artículo 19. “Asimismo, la dicha Juana, consultando con los
demonios y usando la adivinación, envió buscar cierta espada escondida en la
iglesia de Sainte-Catherine-de-Fierbois, y ella la ocultó o la hizo ocultar
maliciosamente, fraudulentamente, dolorosamente, en esta iglesia, con el fin de
que, seduciendo príncipes, nobles, clérigos y población, les indujera más fácilmente
a creer que ella sabía por revelación que la espada estaba allí, y con el fin
de que por este y por otros medios parecidos, credibilidad indudable fuera
agregada a sus dichos.”
A este decimonoveno
artículo, dicho el martes 27 de marzo, ella respondió que se remite a lo que
ella ha respondido más arriba sobre eso; y lo que resta del artículo, ella lo
niega.
[Este martes 27 de
febrero, interrogada si estuvo en Sainte-Catherine-de-Fierbois, respondió que
sí, y que allí escuchó tres misas el mismo día, y luego fue a Chinon. Asimismo,
este mismo martes 27 de febrero, dijo que obtuvo una espada que, desde Tours o
Chinon, envió a buscar a Sainte-Catherine-de-Fierbois; la cual estaba enterrada
detrás del altar de Sainte-Catherine, y poco después fue encontrada, toda
oxidada. Interrogada sobre cómo sabía que esa espada estaba allí, respondió que
estaba en la tierra, oxidada, con cinco cruces; y lo supo por sus voces,
diciendo que nunca había visto al hombre que envió a buscar dicha espada. Y
escribió a la gente de la iglesia para que les pareciera bien que ella tuviera
esa espada, y ellos se la enviaron. No estaba muy enterrada, detrás del
mencionado altar según le parece; sin embargo, no sabe con exactitud si estaba
delante o detrás; y cree que escribió que estaba detrás. Además, dijo que tan
pronto como la espada fue descubierta, la gente de la iglesia del lugar la frotó
y enseguida el óxido se cayó sin esfuerzo; y fue un mercader armero de Tours
quien fue a buscar dicha espada. Y la gente de la iglesia de Sainte-Catherine
le dio una funda, y también los de Tours; e hicieron dos fundas, una de
terciopelo rojo y otra de tela de oro; en cuanto a ella, se hizo hacer otra de
cuero bien fuerte. Dijo también que cuando fue capturada, no tenía esa espada
que había llevado continuamente con ella hasta que salió de Saint-Denis.
Interrogada sobre cómo se bendijo, si hizo o hizo hacer alguna bendición sobre
dicha espada, respondió que nunca se hizo, ni habría sabido cómo hacerlo.
También dijo que le gustaba mucho esa espada, porque fue encontrada en la
iglesia de Sainte-Catherine, que ella apreciaba mucho. Interrogada, el sábado 17
de marzo, sobre para qué servían las cinco cruces que estaban en la espada
encontrada en Sainte-Catherine-de-Fierbois, respondió que no sabía nada sobre
eso.]
Artículo 20. “Asimismo, la dicha Juana ha puesto un hecho en
su anillo, en su estandarte, en ciertas piezas de lienzo o pendones que ella
había acostumbrado a llevar o hacer portar a los suyos, así como en la espada
que dijo haber encontrado por revelación en Saint-Catherine-de-Fierbois,
asegurando que esos objetos eran “muy afortunados”. Y sobre ellos ha hecho
fuertes execraciones y conjuros en muchos y diversos lugares, afirmando públicamente
que por esos medios ella haría grandes cosas y obtendría la victoria sobre sus
adversarios; que esas personas, teniendo los signos de este hechizo, no podrían
sufrir reversos en sus agresiones y hechos de guerra, y que no sufrirían infortunio
alguno Esto lo proclamó y publicó públicamente en Compiègne, la víspera del día
en que realizó una salida con sus tropas contra monseñor de Borgoña, durante la
cual fue capturada y tomada, y muchos de los suyos resultaron heridos, muertos
y apresados. Esto también lo publicó cuando, en Saint-Denis, incitó al ejército
a asaltar París."
En este vigésimo
artículo, el martes 27 de marzo, Juana dijo que se remite a lo que ella ha
respondido antes sobre eso. Por otro lado, agregó que, en las cosas que ha
hecho, no había ni hechicería ni ningún otro arte malvado. Y sobre la suerte de
su estandarte, dijo que se remite a la suerte que Nuestro Señor le ha enviado.
[Entonces, el
martes 27 de febrero, interrogada si alguna vez puso su espada sobre el altar,
respondió que no, que ella sepa, y que no la colocó para que fuera más
afortunada. Interrogada si tenía su espada cuando fue capturada, respondió que
no, pero tenía una espada tomada de un borgoñón.
Además, el jueves 1 de marzo, interrogada sobre quién le dio el anillo que
tienen los borgoñones, respondió que su padre y su madre, y que le parece que
tenía escrito: JHESUS MARIA, pero no sabe quién escribió esos nombres; y que no
tenía piedra, según recuerda; y el anillo le fue dado en Domrémy. Además, dijo
que su hermano le dio un anillo diferente del que nosotros, el obispo,
teníamos, y dijo que nos encargaba que lo entregáramos a la Iglesia. Además,
dijo que nunca curó ni sanó a ninguna persona mediante los dichos anillos.
Además, el sábado 3 de marzo, interrogada sobre cuándo el rey la puso en acción
por primera vez y cuando hizo hacer su estandarte, si los soldados y otros
hombres de guerra no hicieron pancartas al estilo del suyo, respondió: "Es
bueno saber que los señores mantenían sus armas." Además, respondió que
algunos compañeros de guerra hicieron las pancartas a su gusto y otros no.
Interrogada de qué material las hicieron, si de tela o de paño, respondió que
eran de satén blanco, y que había en algunas las flores de lis; y que no tenía
flores de lis en su compañía; pero los compañeros de guerra a veces hacían
pancartas parecidas a las suyas, y no hacían esto más que para reconocer a los
suyos entre los demás. Interrogada si las pancartas no se renovaban con
frecuencia, respondió que no lo sabía; que cuando se renovaban las lanzas, se
hacían nuevas pancartas. Interrogada si las pancartas que se parecían a las
suyas traían buena fortuna, respondió que a veces les decía a los suyos:
"Entrad valientemente en medio de los ingleses" o "entre los
ingleses", y ella misma entraba. Interrogada si les dijo que las llevaran
valientemente y que tendrían buena fortuna, respondió que sí les dijo lo que
había ocurrido y ocurriría de nuevo. Interrogada si hacía o mandaba echar agua
bendita sobre las pancartas cuando se tomaban nuevas, respondió que no sabía
nada al respecto, y que si se hizo, no fue por su mandato. Interrogada si vio
echar agua bendita sobre ellas, respondió: "Eso no es parte de su
proceso." Y si vio que se echara, no estaba dispuesta a responder sobre
eso en ese momento. Interrogada si los compañeros de guerra mandaban poner en
sus pancartas: JHESUS MARIA, respondió que, por su fe, no sabía nada al
respecto. Interrogada si alguna vez giró o hizo girar telas alrededor del altar
o de la iglesia, en forma de procesión, para hacer pancartas, respondió que no
y que no ha visto hacer tal cosa. Además, el sábado 17 de marzo, interrogada de
qué material era su anillo donde estaba escrito: JHESUS MARIA, respondió que no
lo sabía exactamente; y que si era de oro, no era oro fino; y no sabe si era de
oro o de latón; y cree que tenía tres cruces encima y ningún otro signo que
ella conozca, excepto: JHESUS MARIA. Interrogada por qué miraba con frecuencia
este anillo cuando iba a la guerra, respondió que era por agrado y en honor a
su padre y su madre; y ella, teniendo su anillo en su dedo y en su mano, tocó a
Santa Catalina, quien se le apareció. Interrogada en qué parte la tocó,
respondió "Sobre eso no obtendrán otra cosa".]
Artículo 21. “Asimismo, la dicha Juana, inducida a ello por
su temeridad y su presunción, hizo hacer cartas con los nombres de JHESUS MARIA,
y poniéndolos con el signo de la cruz, y las destina de su parte a nuestro
señor el rey, a monseñor de Bedford, entonces regente del reino de Francia, y a
los señores que sostenían el sitio ante Orléans, cartas conteniendo muchas
cosas malvadas, perniciosas, y poco conformes a la fe católica, cuyo contenido sigue”.
A este vigesimoprimer artículo,
el martes 27 de marzo, Juana respondió que en cuanto a las cartas, ella no las
ha hecho por orgullo o presunción, sino por mandato de Nuestro Señor, y
confiesa el contenido de esas cartas, excepto tres palabras.
[El jueves 22 de
febrero, ha dicho que había enviado cartas a los ingleses ante Orléans con el
fin de que se fueran: así está contenido en la copia de las cartas que le habían
sido leídos, salvo dos o tres palabras, por ejemplo aquí donde dice “ríndanse a
la Doncella”, debería decir “ríndanse al rey”, según ella dice; lo mismo para
las palabras “cuerpo por cuerpo” y “jefe de guerra”. El contenido de esas cartas
comienza así: Rey de Inglaterra, etc.…, y hay una firma: † JHESUS
MARIA †
El sábado 3 de
marzo, interrogada si los de su partido creían firmemente que ella era enviada
por Dios, respondió que no sabía si lo creían y que espera en su coraje; y que
si no lo creían, sin embargo ella si era enviada de parte de Dios. Interrogada
si ella no pensaba que, creyendo que era enviada de parte de Dios, ellos tuviesen
buena fe, respondió: “Si creen que soy enviada por Dios, ¡no están equivocados!”]
Artículo 22. † JHÉSUS MARIA †
“Rey de Inglaterra, y
usted, duque de Bedfort, que se dicen regente el reino de Francia, y vos
Guillaume de la Poule, conde de Sulfork, Jehan, señor de Talebot, y usted,
Thomas, señor de Escales, que dices ser lugarteniente del susodicho duque de
Bedfort, hagan caso al Rey del Cielo; entreguen a la Doncella que es enviada de
parte de Dios, el Rey del Cielo, las llaves de todas las buenas ciudades que
han tomado y violado en Francia. Ella ha venido de parte de Dios para reclamar
la sangre Real. Ella está pronta para hacer la paz, si ustedes quieren hacer
justicia, con la condición de que dejen Francia y paguen por el tiempo que la
han tenido. Y entre ustedes, arqueros, compañeros de guerra, gentiles y otros
que están ante la ciudad de Orléans, váyanse a vuestro país, de parte de Dios;
y en caso de que no lo hicieran, esperan las noticias de la Doncella que irá a
verlos pronto para su gran daño. Rey de Inglaterra, si no lo hicieras, yo soy
jefe de guerra, y en cualquier lugar de Francia que alcance a tus hombres, los
haré irse, quieran o no, y si no quieren obedecer, los haré matar a todos. Yo
soy enviada de parte de Dios, el Rey del Cielo para que, cuerpo por cuerpo, los
expulse de toda Francia. Y si quieren obedecer, les tomaré en misericordia. Y
no tengan en opinión que tendrán el Reino de Francia, Dios, Rey del Cielo, hijo
de Santa Maria; lo tendrá el rey Carlos, verdadero heredero; porque Dios, Rey
del Cielo, lo quiere, y le es revelado por la Doncella, que él entrara a Paris
con buena compañía. Si no quieren creer las noticias de parte de Dios y la
Doncella, en cualquier lugar que los encontremos, los atacaremos y haremos un
estruendo tan grande, que aún en mil años no se ha visto en Francia, si no
hacen justicia. Y crean firmemente que el Rey del Cielo enviará más fuerzas a
la Doncella, que las que tendrían en todos los asaltos suyos juntos, a ella y a
sus buenos hombres de armas; y en la batalla se verá quién tiene mejor justicia
del Dios del Cielo. Usted, duque de Bedfort, la Doncella le ruega y requiere
que usted no se haga destruir. Si hacen justicia, aún podrán venir en su
compañía, donde los franceses harán la mayor hazaña jamás hecha por la
Cristiandad. Y responde si quieren hacer la paz en la ciudad de Orléans; y si
no lo hacen, acuérdense en breve de sus grandes daños.
Escrito este martes de
la semana santa.”
A este vigesimosegundo
artículo que forma el contenido de las dichas cartas, Juana respondió que si
les ingleses hubiesen tenido fe en sus cartas, hubieran actuado como sabios; y antes
de siete años, ellos se darán cuenta sobre lo que ella les escribió. Y sobre
eso, se remite a lo que ella ha dicho antes.
Artículo 23. “Del contenido de estas cartas, resulta
claramente que la dicha Juana ha sido engañada por malos espíritus, y que ella
les ha frecuentemente consultado sobre lo que ella haría; o bien, para seducir
a las poblaciones, ella ha perniciosa y mentirosamente inventado estas ficciones”.
A este vigesimotercer artículo,
en lo que concierne al final de este artículo haciendo mención de que ella actuó
bajo consejo de espíritus malignos, respondió que ella lo niega.
[El 27 de febrero,
ella ha dicho que prefería descuartizada por caballos que haber venido a
Francia sin el permiso de Dios]
Artículo 24. “Asimismo, la dicha Juana ha abusado de los
nombres de JHESUS y de MARIA, del signo de la cruz puesto entre ellos, advirtiendo
a algunos de los suyos que cuando encontraran esas palabras y ese signo, en las
cartas enviadas de su parte, creyeran y actuaran de manera contrario de lo que
ella escribía”.
A este vigesimocuarto
artículo, el martes 27 de marzo, Juana respondió que se remite a una respuesta
hecha por ella sobre eso.
[El 17 de marzo,
interrogada para qué servía el signo que ella ponía en sus cartas y estas
palabras: JHESUS MARIA, respondió que los clérigos escribiendo sus cartas las ponían
y algunos decían que convenía poner estas dos palabras: JHESUS MARIA]
Artículo 25. “Asimismo, la dicha Juana, usurpando el oficio
de los ángeles, ha dicho y afirmado que era enviada de parte de Dios, incluso a
lo que concierne absolutamente a la acción directa y a la efusión de sangre
humana. Lo que es enteramente repugnante a la santidad, horrible y abominable a
todo pensamiento piadoso”.
A este vigesimoquinto
artículo, el martes 27 de marzo, Juana respondió que primero pidió hacer la
paz, y en caso de que no quisieran hacer la paz, ella estaba totalmente
preparada para combatir.
[El sábado 24 de
febrero, ha dicho que venía de parte de Dios y no tenía nada que hacer aquí, en
este juicio, pidiendo que la reenviarán a Dios, de donde venía.
Asimismo, el sábado
17 de marzo, ha dicho que Dios la envió a socorrer el reino de Francia]
Artículo 26. “Asimismo, la dicha Juana se encontraba en Compiègne,
1429 año del Señor; en el mes de agosto, recibió una carta del conde de
Armagnac cuyo contenido sigue”.
A este vigesimosexto
artículo, el 27 de marzo, Juana respondió que se remite a la respuesta que ha
dado anteriormente sobre eso.
[El jueves 1 de
marzo, interrogada si recibió una carta del conde de Armagnac para saber a cuál
de los tres pretendientes al papado debía obedecer, respondió que el mencionado
conde le escribió cierta carta sobre este asunto; a la cual ella respondió, entre
otras cosas, que cuando ella estuviera en París o en otro lugar en reposo, le
daría respuesta. Ella estaba a punto de montar a caballo cuando le dio esta
respuesta. Tras la lectura de las cartas del conde y la suya, Juana fue
interrogada para saber si esa era su respuesta. Respondió que pensaba haber
dado esa respuesta, en parte pero no en todo. Interrogada si sabía por consejo
del Rey de los reyes a quién debía obedecer el conde en esta materia, respondió
que no lo sabía. Interrogada si dudaba a quién debía obedecer el conde,
respondió que no sabía qué decirle sobre esta obediencia, ya que el conde pedía
que le informaran a quién Dios quería que obedeciera; pero, en cuanto a ella,
cree que debemos obedecer a Nuestro Santo Padre el Papa que está en Roma. También
dijo que le dijo al mensajero [del conde] algo que no está contenido en la
copia de la carta; y si no se hubiera alejado inmediatamente, se le habría
echado al agua, pero no por culpa de la dicha Juana. También dijo que sobre lo
que pedía el conde, saber a quién quería Dios que obedeciera, respondió que no
lo sabía; pero le mandó varias cosas que no se escribieron. En cuanto a ella,
cree en Nuestro Santo Padre el Papa que está en Roma. Interrogada por qué había
escrito que daría una respuesta en otro lugar, puesto que creía en el Papa de
Roma, respondió que la respuesta que dio concernía a otra materia que la de los
tres papas. Interrogada si había dicho que en el asunto de los tres papas
consultaría, respondió que nunca sobre el asunto de los tres papas, escribió ni
hizo escribir. Y bajo juramento, afirmó que nunca escribió ni hizo escribir.]
Artículo 27. “Mi muy querida dama,
Me encomiendo
humildemente a ti, y te suplico por Dios que, atendiendo a la división presente
en la Santa Iglesia Universal sobre el hecho de los papas (porque hay tres
contendientes al papado, uno reside en Roma, que se hace llamar Martin V, al
quien todos los reyes cristianos obedecen; otro reside en Peñíscola, en el
Reino de Valencia que se hace llamar Papa Clemente VII, el tercero cuyo
paradero se desconoce, es conocido solo por el Cardenal de Saint-Estienne y
pocas personas con él, y se hace llamar papa Benedicto XIV. El primero, que se
dice llamar Papa Martin, fue elegido en Constanza con el consentimiento de
todas las naciones cristianas; aquel que se hace llamar Clemente fue elegido en
Peñíscola, después de la muerte del Papa Benedicto XIII, por tres de sus
cardenales; el tercero que se llama Benedicto XIV fue elegido secretamente en
Peñíscola, incluso por el cardenal de Saint-Etienne); ruego suplicar a Nuestro
Señor Jesucristo que, por su infinita misericordia, nos quiera por usted
declarar quien de los tres susodichos es verdaderamente Papa, y a quién quiere
que obedezcamos de aquí en adelante, o aquél que se dice Martin, o aquél que se
dice Clemente, o a aquél que se dice Benedicto; y a cuál debemos creer, si
secretamente o por alguna manifestación pública, porque nosotros estamos todos
listos de hacer el deseo y voluntad de Nuestro Señor Jesucristo.
Todo suyo,
El Conde de Armañac.”
Ella se remite a lo
que dijo antes.
Artículo 28. “La dicha Juana respondió a aquel conde con una
carta firmada de su mano cuyo contenido sigue.”
Ella se remite a lo
que dijo antes.
Artículo 29. † JHESUS MARIA †
Mi muy buen querido y
amigo, Conde de Armañac,
Juana la Doncella le
hace saber que vuestro mensaje ha sido recibido por mí, el cual me ha dicho que
lo ha enviado para saber de mi cuál de los tres papas mencionados en su carta debes
creer. De aquello no puedo buena y verdaderamente hacerle saber por el presente
hasta que esté en Paris o en otro lugar de reposo porque estoy por el presente
muy ocupada con la guerra; pero cuando sepas que estoy en Paris, envíame un
mensajero y le haré saber todo en verdad de aquello que debes creer, y que haya
sabido por el consejo de mi justo y soberano Señor, el Rey de todo el mundo, y
le diré lo que debe hacer, con todo mi poder. A Dios le encomiendo; Dios lo
guarde.
Escrito en Compiègne,
el 22 de agosto”.
Ella se remite a lo
dicho anteriormente.
Artículo 30. “Y entonces preguntada por el conde de Armagnac,
como ha sido compartido, para saber quién de los tres era el verdadero Papa, y
a cual se debía creer, no solamente ha puesto en duda quién era, ni que no hay
más que un Papa único e indudable, sino más aún, presumiendo demasiado de ella
misma, teniendo por poco el peso de la autoridad de la Iglesia universal, y prefiriendo
su palabra a la autoridad de toda la Iglesia, ella afirma, bajo cierto plazo
prefijado, que ella responderá a cuál Papa habría de creer; y eso, lo descubriría
por consejo de Dios, así como se constata más plenamente en su carta.”
Sobre los artículos 27,
28, 29 y 30, que le han sido expuestos palabra a palabra, Juana se remite a la
respuesta que ella ha hecho, y que está puesta debajo del artículo 26.
