En la presencia de
ellos, nosotros, el obispo susodicho, hablamos a esta Juana, que se decía
entonces enferma; y le dijimos que los susodichos maestros y doctores venían a
ella, con toda familiaridad y caridad a visitarla en su enfermedad, para
consolarla y reconfortarla. Entonces, nosotros le narramos como, durante tantos
días, en presencia de numerosas personas científicas, había sido interrogada
sobre grandes y arduas preguntas tocantes a la fe; las cuales ella dio
respuestas diversas y variadas. Estas personas científicas y letradas, considerándolas
y examinándolas con diligencia, habían notado que muchos de sus dichos y
afirmaciones eran peligrosos para la fe: pero como esta mujer era iletrada e
ignoraba la escritura, le ofrecimos de proporcionarle personas doctas y científicas,
aprobadas y benévolas, que le instruirían debidamente.
Y exhortamos a los
doctores y maestros aquí presentes, conformando al deber de fidelidad que los
ata a la verdadera doctrina de la fe, de prestar consejo saludable a esta
Juana, para la salvación de su alma y de su cuerpo. Si Juana conocía a otros
aptos para hacerlo, le ofrecimos de entregárselos, con el fin de que le
prestasen consejo y la instruyeran en lo que ella debía hacer, mantener y
creer. Agregamos que éramos gente de la Iglesia, que tal era nuestra vocación,
nuestra voluntad, nuestra inclinación, que estábamos prontos a proporcionar la
salvación del alma como a asegurar la de su cuerpo por todas las vías posibles,
lo que haríamos por cada uno de nuestros prójimos y por nosotros mismos. Que seríamos
felices, cada día, de delegarle tales personas que la instruirían debidamente, hacer,
en resumen, todo lo que la Iglesia a acostumbrado hacer en tales casos, porque
ella no cierra su seno a quien regresa a ella. En conclusión, dijimos a la dicha
Juana que tome buena consideración de la presente amonestación y que actuara en
consecuencia. Porque, si ella iba en contra, fiándose de su juicio particular y
de su mente sin experiencia, nos obligaría a abandonarla; que ella debería,
entonces, considerar el peligro que le acarrearía a ella, en este caso: lo que,
con todas nuestras fuerzas, con todo nuestro afecto, buscamos evitarle.
A lo que Juana respondió que da gracias por lo que le dijimos de su salvación; y ella agrega:
- Me parece, vista la enfermedad que tengo, que estoy en gran peligro de muerte. Y si es así como Dios quiere hacer su voluntad en mí, ¡pido tener confesión, sacramento de Eucaristía y ser enterrada en tierra santa!
Entonces le fue dicho que si ella quiere disfrutar de los derechos y tener los sacramentos de la Iglesia, es necesario que ella haga como los buenos católicos deben hacer, y que ella se someta a la santa Iglesia y que si ella persevera en su propósito de no someterse a la Iglesia, no podremos traerle el sacramento que ella pide, excepto el de la penitencia que estamos prontos para administrarle. Pero ella respondió:
- No sabría decirles otra cosa.
Asimismo, le fue dicho que cuanto más ella temiera, a causa de la enfermedad, por su vida, más ella debiera enmendar esta vida; que ella no disfrutará de los derechos de la Iglesia, como católica, si ella no se somete a la Iglesia. Ella respondió:
- Si el cuerpo muere en prisión, yo espero que lo hagan poner en tierra santa; si no lo hacen, espero en Nuestro Señor.
Asimismo, le fue dicho que ella había dicho otras veces en su juicio que, si ella había hecho o dicho algo que fuera contra nuestra fe cristiana, ordenada por Nuestro Señor, ella no querría sostenerlo, respondió:
- Me remito a la respuesta que les he hecho, y a Nuestro Señor.
Asimismo, como ella
había dicho haber tenido muchas revelaciones de parte de Dios, por intermediación
de San Miguel, de las santas Catarina y Margarita, le fue hecho esta
interrogación: “Si viniera a ti alguna buena criatura que afirmase haber tenido
revelación de parte de Dios, tocante a tu fe, ¿le creerías?”. Ella respondió
que no había cristiano en el mundo que haya venido a ella y dijera haber tenido
revelación sobre ese tema, sin que ella sepa si decía la verdad o no; y lo
sabría por las santas Catarina y Margarita”.
Interrogada si ella no imagina que Dios pudiese revelar algo a una buena criatura que le sea desconocido, respondió que es bueno saber que sí.
- Pero no creería a hombre o mujer, si no tengo ningún signo.
Interrogada si ella cree que la santa Escritura sea revelada por Dios, respondió:
- Ustedes lo saben bien, y es bueno saber que sí.
Asimismo, fue convocada, exhortada y requerida de tomar el buen consejo de clérigos y de notables doctores, y de creerles para la salvación de su alma. Asimismo, interrogada si ella quería someter sus dichos y sus hechos a la Iglesia militante, respondió por última vez:
- Lo que sea que me deba ocurrir, no haré ni diré otra cosa que lo que ya he dicho ante este juicio.
Esto hecho, los
venerables doctores nombrados más alto, aquí presentes, le exhortaron tanto
como pudieron, a someterse, ella y sus dichos, a la Iglesia militante, alegando
muchas autoridades y ejemplos de la santa Escritura que le fueron expuestos. Y
particularmente uno de los doctores, haciendo su exhortación, citó este pasaje
de Mateo, capitulo 18: “Si tu hermano pecó ante ti, etc.…”, y lo que sigue: “Si
no escucha a la Iglesia, que sea para ti como un pagano y un publicano”. Esto
fue expuesto en francés a Juana; y, al final, se le dijo que si ella no quería
someterse a la Iglesia y obedecerla, ella sería abandonada como una sarracena.
A lo que la dicha Juana respondió que ella era una buena cristiana bien
bautizada, y como buena cristiana ella moriría.
Interrogada, dado que
ella requería que la Iglesia le trajera su Creador, si ella quería someterse a
la Iglesia, se le prometería traérselo, respondió que sobre esta sumisión ella
no responderá otra cosa que lo que ha hecho; y que ella ama a Dios, le sirve,
que ella es buena cristiana y querría ayudar y sostener la Iglesia con todas
sus fuerzas.
Interrogada si ella no
querría que ordenásemos una bella y notable procesión, para reestablecerla en
buen estado, si ella no lo está, respondió que quiere que la Iglesia y los católicos
recen por ella.
