Juicio de Condena - Exhortación Caritativa (18 de Abril de 1431)

Asimismo, en consecuencia, el miércoles 18 de abril, del año 1431, nosotros, los jueces susodichos, sabiendo por las opiniones y deliberaciones de muchos, tanto doctores en teología sagrada como en derecho canónico, tanto licenciados en decreto como otros graduados en las dichas facultades, las graves y grandes faltas encontradas en las respuestas y afirmaciones de la dicha Juana, y que, si ella no se enmendaba, ella se exponía a grandes peligros: Hemos, entonces, resuelto exhortarla caritativamente y de amonestarla dulcemente, de hacerla amonestar por muchas personas honestas y científicas, tanto doctores como otros, con el fin de traerla devuelta a la vía de la verdad y que ella haga una sincera profesión de fe. Es por esto, este día, nos reunimos en el lugar de la prisión de Juana: Guillaume Le Boucher, Jacques de Touraine, Maurice du Quesnay, Nicolas Midi, Guillaume Adelie y Gérard Feuillet, doctores, así como Guillaume Haiton, licenciado en teología sagrada, nos asiste.

En la presencia de ellos, nosotros, el obispo susodicho, hablamos a esta Juana, que se decía entonces enferma; y le dijimos que los susodichos maestros y doctores venían a ella, con toda familiaridad y caridad a visitarla en su enfermedad, para consolarla y reconfortarla. Entonces, nosotros le narramos como, durante tantos días, en presencia de numerosas personas científicas, había sido interrogada sobre grandes y arduas preguntas tocantes a la fe; las cuales ella dio respuestas diversas y variadas. Estas personas científicas y letradas, considerándolas y examinándolas con diligencia, habían notado que muchos de sus dichos y afirmaciones eran peligrosos para la fe: pero como esta mujer era iletrada e ignoraba la escritura, le ofrecimos de proporcionarle personas doctas y científicas, aprobadas y benévolas, que le instruirían debidamente.

Y exhortamos a los doctores y maestros aquí presentes, conformando al deber de fidelidad que los ata a la verdadera doctrina de la fe, de prestar consejo saludable a esta Juana, para la salvación de su alma y de su cuerpo. Si Juana conocía a otros aptos para hacerlo, le ofrecimos de entregárselos, con el fin de que le prestasen consejo y la instruyeran en lo que ella debía hacer, mantener y creer. Agregamos que éramos gente de la Iglesia, que tal era nuestra vocación, nuestra voluntad, nuestra inclinación, que estábamos prontos a proporcionar la salvación del alma como a asegurar la de su cuerpo por todas las vías posibles, lo que haríamos por cada uno de nuestros prójimos y por nosotros mismos. Que seríamos felices, cada día, de delegarle tales personas que la instruirían debidamente, hacer, en resumen, todo lo que la Iglesia a acostumbrado hacer en tales casos, porque ella no cierra su seno a quien regresa a ella. En conclusión, dijimos a la dicha Juana que tome buena consideración de la presente amonestación y que actuara en consecuencia. Porque, si ella iba en contra, fiándose de su juicio particular y de su mente sin experiencia, nos obligaría a abandonarla; que ella debería, entonces, considerar el peligro que le acarrearía a ella, en este caso: lo que, con todas nuestras fuerzas, con todo nuestro afecto, buscamos evitarle.

A lo que Juana respondió que da gracias por lo que le dijimos de su salvación; y ella agrega:

- Me parece, vista la enfermedad que tengo, que estoy en gran peligro de muerte. Y si es así como Dios quiere hacer su voluntad en mí, ¡pido tener confesión, sacramento de Eucaristía y ser enterrada en tierra santa!

Entonces le fue dicho que si ella quiere disfrutar de los derechos y tener los sacramentos de la Iglesia, es necesario que ella haga como los buenos católicos deben hacer, y que ella se someta a la santa Iglesia y que si ella persevera en su propósito de no someterse a la Iglesia, no podremos traerle el sacramento que ella pide, excepto el de la penitencia que estamos prontos para administrarle. Pero ella respondió:

- No sabría decirles otra cosa.

Asimismo, le fue dicho que cuanto más ella temiera, a causa de la enfermedad, por su vida, más ella debiera enmendar esta vida; que ella no disfrutará de los derechos de la Iglesia, como católica, si ella no se somete a la Iglesia. Ella respondió:

- Si el cuerpo muere en prisión, yo espero que lo hagan poner en tierra santa; si no lo hacen, espero en Nuestro Señor.

Asimismo, le fue dicho que ella había dicho otras veces en su juicio que, si ella había hecho o dicho algo que fuera contra nuestra fe cristiana, ordenada por Nuestro Señor, ella no querría sostenerlo, respondió:

- Me remito a la respuesta que les he hecho, y a Nuestro Señor.

Asimismo, como ella había dicho haber tenido muchas revelaciones de parte de Dios, por intermediación de San Miguel, de las santas Catarina y Margarita, le fue hecho esta interrogación: “Si viniera a ti alguna buena criatura que afirmase haber tenido revelación de parte de Dios, tocante a tu fe, ¿le creerías?”. Ella respondió que no había cristiano en el mundo que haya venido a ella y dijera haber tenido revelación sobre ese tema, sin que ella sepa si decía la verdad o no; y lo sabría por las santas Catarina y Margarita”.

Interrogada si ella no imagina que Dios pudiese revelar algo a una buena criatura que le sea desconocido, respondió que es bueno saber que sí.

- Pero no creería a hombre o mujer, si no tengo ningún signo.

Interrogada si ella cree que la santa Escritura sea revelada por Dios, respondió:

- Ustedes lo saben bien, y es bueno saber que sí.

Asimismo, fue convocada, exhortada y requerida de tomar el buen consejo de clérigos y de notables doctores, y de creerles para la salvación de su alma. Asimismo, interrogada si ella quería someter sus dichos y sus hechos a la Iglesia militante, respondió por última vez:

- Lo que sea que me deba ocurrir, no haré ni diré otra cosa que lo que ya he dicho ante este juicio.

Esto hecho, los venerables doctores nombrados más alto, aquí presentes, le exhortaron tanto como pudieron, a someterse, ella y sus dichos, a la Iglesia militante, alegando muchas autoridades y ejemplos de la santa Escritura que le fueron expuestos. Y particularmente uno de los doctores, haciendo su exhortación, citó este pasaje de Mateo, capitulo 18: “Si tu hermano pecó ante ti, etc.…”, y lo que sigue: “Si no escucha a la Iglesia, que sea para ti como un pagano y un publicano”. Esto fue expuesto en francés a Juana; y, al final, se le dijo que si ella no quería someterse a la Iglesia y obedecerla, ella sería abandonada como una sarracena. A lo que la dicha Juana respondió que ella era una buena cristiana bien bautizada, y como buena cristiana ella moriría.

Interrogada, dado que ella requería que la Iglesia le trajera su Creador, si ella quería someterse a la Iglesia, se le prometería traérselo, respondió que sobre esta sumisión ella no responderá otra cosa que lo que ha hecho; y que ella ama a Dios, le sirve, que ella es buena cristiana y querría ayudar y sostener la Iglesia con todas sus fuerzas.

Interrogada si ella no querría que ordenásemos una bella y notable procesión, para reestablecerla en buen estado, si ella no lo está, respondió que quiere que la Iglesia y los católicos recen por ella.

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