Juicio de Condena - Tercera Sesión Privada (13 de Marzo de 1431)

Asimismo, el martes siguiente, treceavo día del mes de marzo, nosotros, el obispo susodicho, nos reunimos en el lugar de la prisión donde, a la misma hora, compareció la venerable y discreta persona del hermano Jean Le Maistre, asistido por las venerables y discretas personas de los señores y maestros nombrados más arriba: Jean de La Fontaine, Nicolas Midi, y Gérard Feuillet, y en presencia de Nicolas de Hubent y de Ysambard de La Pierre, de la Orden de los hermanos Predicadores. El mencionado hermano Jean Le Maistre, vio las cartas a él dirigidas por el señor inquisidor y las demás cosas: considerada esta materia, se unió al mencionado juicio, listo para proceder con nosotros sobre la decisión ulterior de la situación, conforme al derecho y la razón. Lo cual expusimos caritativamente a la mencionada Juana, exhortándola y amonestándola, para la salud de su alma, de decir la verdad en esta causa sobre todo lo que le será preguntado. Y entonces, el mencionado vicario del señor inquisidor, queriendo proceder más adelante en este asunto, ordena al maestro Jean d'Estivet, canónigo de las iglesias de Bayeux y de Beauvais, como promotor de la santa inquisición; el noble hombre John Grey, escudero del cuerpo del rey nuestro señor, y John Berwoit como guardianes de la prisión; y al maestro Jean Massieu, sacerdote, para la ejecución de las citaciones y convocaciones; los cuales arriba mencionados hemos designado y nombrado para dichos oficios, como se contiene más pleno en las cartas confirmadas por nuestros sellos: nuestras cartas episcopales son transcritas más arriba, y más abajo encontrarán nuestras cartas para el dicho vicario. Y los dichos oficiales prestaron juramento al dicho vicario de ejercer fielmente su oficio.

Sigue el contenido de las cartas de institución del promotor por parte del mencionado señor vicario:

"A todos aquellos que vean estas presentes cartas, el hermano Jean Le Maistre, de la orden de los hermanos Predicadores, vicario general del reverendo padre, señor y maestro Jean Graverent, de la misma orden, insigne profesor de teología sagrada e inquisidor de la perversidad herética en el reino de Francia, especialmente delegado por autoridad apostólica, salud en el autor y consumador de la fe, nuestro Señor Jesucristo. Como el reverendo padre en Cristo y señor, Pierre, por la misericordia divina obispo de Beauvais, juez ordinario en esta materia, y gozando del territorio en esta ciudad y en la diócesis de Ruan, había invitado por sus cartas patentes al mencionado reverendo padre señor inquisidor y le había requerido y solicitado en favor de la fe que se presentara en esta ciudad de Ruan, si le era posible, o que se dignara a comisionar en su lugar a nosotros u otro dispuesto a ello, para instruir junto con el mencionado reverendo padre, monseñor el obispo de Beauvais, la causa de esta mujer comúnmente conocida como la Pucelle, en materia de fe, evocada por el mencionado obispo y bajo su autoridad. Y el mencionado reverendo padre, señor inquisidor, no pudiendo de ninguna manera acudir a esta ciudad de Ruan, nos ha confiado sus poderes en relación con este asunto por sus cartas, así como estas y otras cosas que se contienen en las cartas del mencionado señor inquisidor, que también contienen la esencia de las cartas de requerimiento y solicitud del mencionado señor obispo, así como nuestra comisión; y estas cartas de nuestra comisión, fechadas el cuarto día del mes de marzo, del año 1431, están firmadas con el sello del señor inquisidor y con la firma manual de la venerable persona, maestro Nicolas Ogier, sacerdote, notario público. Por lo tanto, nosotros, deseando y esperando humildemente cumplir con todas nuestras fuerzas la comisión del mencionado inquisidor para la alabanza de Dios y la exaltación de la fe ortodoxa, como estamos obligados a hacerlo, y de todo nuestro poder, habiendo tomado el consejo y los avisos del mencionado señor obispo y de varias otras personas eruditas, tanto en teología sagrada como en derecho canónico y civil, publicamos que para llevar a término este asunto, es necesario constituir y nombrar un promotor de las causas del oficio de la santa inquisición, notarios y un ejecutor de nuestros mandamientos, benévolo y notable. Por lo tanto, en consecuencia de la autoridad apostólica y del mencionado reverendo padre monseñor el inquisidor de la que gozamos en relación con este asunto, teniendo plena confianza en Nuestro Señor y debidamente informados de la probidad, el celo, la suficiencia y la capacidad de la persona del venerable maestro Jean d'Estivet, sacerdote, canónigo de las iglesias de Bayeux y de Beauvais y promotor de las causas del oficio del mencionado señor obispo en esta parte, hemos constituido, creado, nombrado, ordenado y designado al mencionado maestro Jean como nuestro promotor o procurador general para esta causa y materia, de manera general y específica; y damos al mencionado promotor y procurador general, por el tenor de las presentes, licencia, facultad y autoridad para comparecer en juicio y en otros lugares contra la mencionada Juana; para tomar parte, para dar, presentar y administrar, producir y exhibir artículos, interrogatorios, testimonios, cartas, instrumentos y todo otro tipo de pruebas; para acusar y denunciar a esta Juana, para hacer y requerir que sea examinada e interrogada, para concluir en la causa, y para promover, procurar, conducir y ejercer todos y cada uno de los actos que se reconozcan como concernientes al oficio de promotor y procurador, conforme al derecho y la costumbre. Por lo tanto, a todos y cada uno en lo que les concierne, les ordenamos obediencia, sumisión, buena voluntad, hacia el mencionado maestro Jean en el ejercicio de su oficio, y que le presten ayuda, consejo y asistencia. En testimonio de lo cual hemos ordenado que se aplique nuestro sello a estas presentes cartas."

Sigue el contenido de la carta por la cual el mencionado vicario del inquisidor ha constituido a Jean Massieu, sacerdote, como ejecutor de las convocatorias y citaciones a realizar en la causa:

"A todos aquellos que vean estas presentes cartas, el hermano Jean Le Maistre, de la orden de los hermanos Predicadores, etc... Nosotros, teniendo plena confianza en el Señor, y debidamente informados de la probidad, el celo, la suficiencia y la capacidad de la discreta persona, maestro Jean Massieu, sacerdote, decano de la cristiandad de Ruan, comisionado y designado como ejecutor en esta causa de los mandamientos del mencionado señor obispo, lo hemos constituido, retenido y ordenado como ejecutor de los mandamientos y convocatorias a realizar de nuestra parte en esta materia; y le hemos concedido y concedemos por estas presentes toda licencia para ello. En testimonio de lo cual hemos hecho aplicar nuestro sello a estas presentes cartas. Dado y hecho en Ruan, en el año del Señor 1431, el martes trece de marzo. Así firmado: BOISGUILLAUME. MANCHON."

Esto hecho, como ha sido dicho en el lugar arriba designado, nosotros, el obispo susodicho, y el hermano Jean Le Maistre, vicario del inquisidor, hemos procedido de común acuerdo a interrogar y hacer interrogar a la mencionada Juana, como se había comenzado anteriormente.

Y en primer lugar, bajo nuestra orden, Juana fue interrogada sobre el signo que bajó a su rey, a lo que respondió:

- ¿Estarían contentos si me perjurase?

Asimismo, interrogada si ella había jurado y prometido a Santa Catarina no decir nada sobre este signo, respondió:

- He jurado y prometido no decir nada de este signo, y por mi propia voluntad, porque me cargaban demasiado con decirlo. Y entonces, yo me dije a mi misma: Yo prometo que no hablaré más de ello a ningún hombre.

Asimismo, dijo que el signo ese fue que el ángel confirmó a su rey, trayéndole la corona, y diciéndole que él obtendrá enteramente a todo el reino de Francia con la ayuda de Dios, y eso por medio del trabajo de la mencionada Juana; y que la pusiera manos a la obra, a saber, darle tropas, de lo contrario no sería coronado y consagrado tempranamente.

Interrogada si desde ayer la mencionada Juana ha hablado con Santa Catarina, respondió que desde entonces que la ha oído; y, sin embargo, le ha dicho muchas veces que respondiera con valentía a los jueces sobre lo que le preguntarán tocante a su juicio.

Interrogada sobre de qué manera el ángel trajo la corona y si la puso sobre la cabeza de su rey, respondió que fue traída por un arzobispo, a saber aquel de Reims, o eso le parecía, en la presencia de su rey.

Y el dicho arzobispo la recibió y la trajo a su rey; y ella misma estaba presente; y fue puesta esta corona en el tesoro del rey.

Interrogada en qué lugar ella fue traída, respondió que eso fue en la cámara del rey en el castillo de Chinon. Interrogada sobre el día y la hora, respondió que del día no sabe; y de la hora, era una hora alta. Sin embargo, no tiene memoria de la hora. Y eso fue en el mes de abril o marzo, o eso le parecía. El próximo mes de abril o en este presente mes, habrán pasado dos años; y fue después de Pascua.

Interrogada si, el primer día que ella vio el signo, su rey lo vio, respondió que si y que él mismo la recibió.

Interrogada de qué materia era la mencionada corona, respondió que es bueno saber que era de oro fino; y era tan rico y opulente que no sabría numerar y apreciar las riquezas: y la corona significaría que su rey tendría el reino de Francia.

Interrogada si tenía piedras preciosas, respondió:

- Ya les he dicho lo que sé de ello.

Interrogada si ella lo tocó o la besó, respondió que no.

Interrogada si el ángel que trajo esta corona venía de lo alto o si venía por tierra, respondió que, cuando el vino ante el rey le hizo reverencia al rey inclinándose delante de él y pronunciando las palabras que la mencionada Juana ha dicho del signo; y, con ello, el ángel le recordó la bella paciencia que había tenido durante las grandes tribulaciones que le habían ocurrido. Y desde la puerta, el ángel caminaba y andaba sobre la tierra viniendo al rey.

Interrogada sobre qué espacio había de la puerta hasta el rey, respondió que ella pensaba que había un espacio de la longitud de una lanza; y, por donde el ángel había venido, él retornó.

Asimismo dijo que, cuando el Ángel vino, ella lo acompañó y fue con él por las escaleras hasta la cámara del rey; y entró el ángel primero y después ella misma. Y ella dijo al rey:

- Señor, he aquí su signo, tómelo.

Interrogada en qué lugar el ángel se le apareció, respondió:

- Yo estaba casi siempre en oración, con la intención de que Dios enviara el signo al rey, y estaba en mi alojamiento, que era en casa de una buena mujer cerca del castillo de Chinon, cuando el ángel vino. Y entonces él y yo fuimos juntos hacia el rey. Y el ángel estaba bien acompañado de otros ángeles, que no todos podían ver. Y añadió que si no fuera por amor a ella, y para liberarla del dolor de las personas que la acusaban, cree que muchas personas que vieron al ángel mencionado no lo habrían visto.

Interrogada si todos aquellos que estaban allí con el rey vieron al ángel, respondió que ella piensa que el arzobispo de Reims, los señores de Alençon, de la Trémoille y Carlos de Bourbon lo vieron. En cuanto a la corona, muchas personas eclesiásticas y otros la vieron, aunque no vieron al ángel.

Interrogada sobre qué figura y qué tamaño tenía este ángel, respondió que no tiene permiso de decirlo; y mañana lo responderá.

Interrogada si todos los ángeles que estaban en la compañía del ángel susodicho tenían todos la misma figura, respondió que algunos se parecían bastante entre ellos y otros no, en la manera que los veía: algunos tenías alas, y algunos tenían coronas, y otros no; y estaban en su compañía las santas Catarina y Margarita que fueron con el ángel anteriormente mencionado y los otros ángeles también hasta dentro de la cámara del rey.

Interrogada cómo este ángel la dejó, respondió que él se apartó de ella en una pequeña capilla; y estaba muy molesta por su partida y lloró; y habría querido irse con él, es decir, su alma. Interrogada si, en la partida del ángel, ella quedó alegre, respondió que él no la dejó asustada ni temerosa, pero que estaba molesta con su partida.

Interrogada si fue por su mérito que Dios le envió el ángel, respondió que él venía por una gran causa; y tenía la esperanza de que el rey creyera el signo, y que la dejara sin acusar, y para dar socorro al pueblo de Orléans, y también por los méritos del rey y del buen duque de Orléans.

Interrogada por qué lo tuvo ella en lugar de otra, respondió que le plació a Dios así hacer a través de una simple doncella ¡para echar fuera los adversarios del rey!

Interrogada si se le dijo de dónde el ángel había tomado esta corona, respondió que ha sido traída de parte de Dios y que no hay orfebre en el mundo que sepa hacer una tan bella o tan rica; y dónde el ángel la tomó, ella se encomienda a Dios, y no sabe de otro modo dónde fue tomada.

Interrogada si esta corona no florecía bien y no tenía buen olor, y si no era reluciente, respondió que no tenía memoria de ello, y que lo pensará. Y después dijo que olía bien y se sentirá siempre bien; en tanto que sea bien cuidada, como conviene. Y tenía la apariencia de corona.

Interrogada si el ángel no le había escrito cartas, respondió que no. Interrogada qué signo tuvieron el rey y las personas que estaban con él, y ella misma, para creer que era un ángel el que traía esta corona, respondió que el rey lo creyó por la enseñanza de las personas eclesiásticas que estaban allí, y por el signo de la corona. Interrogada cómo las personas eclesiásticas estaban seguras de que era un ángel, respondió que era por la ciencia de ellos, y porque eran clérigos.

Interrogada sobre un sacerdote viviendo en concubinato y una taza perdida de la cual se decía que ella los había descubierto, respondió que de todo eso ella no sabe nada, ni nunca había escuchado hablar.

Interrogada sobre cuándo ella fue ante Paris, si ella tuvo revelación de sus voces de ir allí, respondió que no, pero fue allí por solicitud de caballeros que querían hacer una escaramuza o una proeza de armas; y tenía la intención de ir más allá y de cruzar los fosos de París.

Interrogada si ella no tuvo revelación para ir ante La Charité, respondió que no; pero ella fue allí por solicitud de los hombres de armas, como otras veces ha dicho.

Interrogada si ella no tuvo revelación para ir a Pont-Levêque, respondió que, después que tuvo revelación en Melun de que sería capturada, ella se confiaba a la voluntad de los capitanes del arte de la guerra; y, sin embargo, no les decía que había tenido revelación de ser capturada.

Interrogada si fue apropiado, el día de la Natividad de Nuestra Señora, dado que era fiesta, asaltar Paris, respondió que es apropiado guardar las fiestas de Nuestra Señora; y que en su conciencia le parecía que estaba bien y sería bueno guardar las fiestas de Nuestra Señora de principio a fin. Interrogada si ella no ha dicho delante de la ciudad de Paris: “Ríndanse por Jesús”, respondió que no; pero que dijo “¡Ríndanse por el rey de Francia!”

 

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