Juicio de Condena - Sexta Sesión Privada (17 de Marzo de 1431)

 

Asimismo, el sábado siguiente, día diecisiete del mes de marzo, el maestro Jean de La Fontaine, elegido por nosotros, el obispo, nosotros mismos y Jean Le Maistre, vicario del inquisidor susodicho, presidiendo, en el mencionado lugar de la prisión de Juana; asistidos de los venerables y discretos señores y maestros ya nombrados Nicolas Midi y Gérard Feuilet, doctores en teología; presentes Ysambard de La Pierre y Jean Massieu, ya nombrados, la dicha Juana fue requerida de prestar juramento y lo prestó.

Interrogada entonces bajo qué forma y especie, grandeza y hábito, San Miguel vino a ella, respondió que estaba en la forma de un muy prudente hombre de verdad; y del hábito y otras cosas, ella no dirá más. En cuanto a los ángeles, los ha visto con sus ojos; y no tendremos otra cosa más de ella sobre eso.

Asimismo, dijo que cree muy firmemente los dichos y hechos de San Miguel, que se le apareció, como ella cree que Nuestro Señor Jesucristo sufrió pasión y muerte por nosotros. Y lo que la movió a creerlo, fue el buen consejo, consuelo y sana doctrina que le han hecho y dado.

Interrogada si ella quiere remitirse, en todos sus dichos y hechos, sean buenos o malos, a la determinación de nuestra santa madre Iglesia, respondió que, en cuanto a la Iglesia, ella la ama y la apoyaría con todo su poder por nuestra fe cristiana: ¡y no es a ella que deberíamos impedir ir a la Iglesia ni escuchar la misa! Y en cuanto a las buenas obras que ha hecho, y de su venida, es necesario que confíe en el Rey del cielo que la ha enviado a Carlos, hijo del rey Carlos, que será rey de Francia:

-          Y verán, dijo ella, que los franceses ganarán pronto una gran empresa que dios enviará a los franceses, y tanto que sacudirá casi todo el reino de Francia.

Y dijo que ella lo dice con el fin de que, cuando ocurra, tengan memoria que ella lo ha dicho. Requerida de decir la fecha de este evento, respondió:

-          Confío en Nuestro Señor.

Interrogada si ella somete sus dichos y hechos a la determinación de la Iglesia, respondió:

-          Yo me someto a Dios, que me ha enviado, a Nuestra Señora, a todos los santos y santas del paraíso. Y es mi opinión que son todos uno, Dios y la Iglesia, y que en eso no debemos hacer complicaciones. ¿Por qué complican ustedes esto?

Entonces le fue dicho que hay una Iglesia triunfante, donde están Dios, los santos, los ángeles, y las animas ya salvadas; y también hay una Iglesia militante, donde están nuestro Santo Padre el Papa, vicario de Dios sobre la tierra, los cardinales, los prelados de la Iglesia y los clérigos, y todos los buenos cristianos y católicos: La cual, bien congregada, no puede errar y es gobernada por el Espíritu Santo. Es por esto por lo que la interrogamos si quería someterse a esta Iglesia militante, a saber, aquella que es así declarada. Respondió que había venido al rey de Francia de parte de Dios, de parte de la Virgen María y de parte de todos los benditos santos y santas del paraíso, de parte de la Iglesia victoriosa de lo alto, y de su orden; y a esta Iglesia de aquí, ella somete todos sus buenos hechos, y todo aquello que ha hecho o hará. Y en cuanto a responder si se someterá a la Iglesia militante, dijo que de ello no responderá ahora otra cosa.

Interrogada sobre lo que ha dicho del tema del hábito de mujer, que se le ha ofrecido para que pudiera ir a escuchar misa, respondió que en cuanto al hábito de mujer, no lo tomará aún hasta que lo quiera Nuestro Señor. Y si así ella deba ser llevada hasta el juicio [condena], ella se remite a los señores de la Iglesia que le den la gracia de tener una camisa de mujer y un velo en su cabeza; que prefiere mejor morir que revocar lo que Nuestro Señor le ha hecho hacer; cree firmemente que Dios no dejará que sea llevada tan bajo, y que pronto recibirá ayuda y un milagro.

Interrogada por qué, dado que ella porta un hábito de hombre por orden de Dios, pide una camisa de mujer para el momento de su muerte, respondió:

-          Es suficiente para mi con que sea largo.

 Interrogada si su madrina, quien ha visto las hadas, es una reputada mujer sabia, respondió que es tenida y reputada como una buena y prudente mujer, y no como una adivina o hechicera.

Interrogada sobre lo que ha dicho de que tomaría hábito de mujer, pero que la dejásemos ir, si eso complacía a Dios, respondió que si le dan permiso de irse en hábito de mujer, ella se pondría pronto el hábito de hombre y haría lo que le es comandado por Nuestro Señor. Y así ella ha respondido antes; y por nada haría el juramento de no armarse ni vestirse en hábito de hombre, para hacer la voluntad de Dios.

Interrogada sobre la edad y vestimentas de Santa Catarina y de Santa Margarita, respondió:

-          Ustedes tienen la respuesta que han tenido de mí sobre eso; y no tendrán otra cosa; y les he respondido todo lo más preciso que yo sé.

Interrogada si ella no creía, antes de ese día, que las hadas fuesen malos espíritus, respondió que no sabía nada de eso.

Interrogada cómo ella sabe que Santa Catarina y Santa Margarita odiaban a los ingleses, respondió:

-          Ellas aman los que Dios ama y odian a los que Dios odia.

Interrogada si Dios odia a los ingleses, respondió que del amor o del odio que Dios tiene por los ingleses, o de lo que Dios hará a sus almas, no sabe nada; pero sabe bien que serán expulsados fuera de Francia excepto aquellos que murieron allí; y que Dios dará la victoria a los franceses, y contra los ingleses.

Interrogada si Dios estaba a favor de los ingleses cuando ellos tenían prosperidad en Francia, respondió que no sabe si Dios odiaba a los franceses; pero cree que quería permitir que fueran derrotados por sus pecados, si los tenían.

Interrogada qué garantía y que auxilio ella espera tener de Nuestro Señor del hecho de que porte hábito de hombre, respondió que tanto el hábito como las otras cosas que ha hecho, no han sido más que para tener de premio la salud de su alma.

Interrogada cuáles armas ella ofreció a San Dionisio, respondió que ofreció una armadura blanca entera a un hombre de armas, junto con esa espada que ganó frente a París. Interrogada con qué fin ofreció esas armas, respondió que eso fue por devoción, así como acostumbran los hombres de armas cuando ellos están heridos: y como ella había sido herida ante Paris, ella los ofreció a San Dionisio, dado que es el patrón de Francia. Interrogada si ella lo hizo para que se adoraran esas armas, respondió que no.

Interrogada para que sirven esas cinco cruces que están en la espada que encontró en Sainte-Catherine-de-Fierbois, respondió que no sabe nada de ellas.

Interrogada quién la ha movido a hacer pintar ángeles con sus brazos, pies, piernas y vestimentas, respondió:

-          Ya tienen respuesta sobre eso.

Interrogada si ella ha hecho pintar esos ángeles tal como vinieron a ella, respondió que los ha hecho pintar de la manera que son pintados en las iglesias. Interrogada si alguna vez los vio en la manera que fueron pintados, respondió:

-          No les diré otra cosa.

Interrogada por qué ella no hizo pintar allí la luz con los ángeles o las voces, respondió que no le fue comandado.

Ese mismo día en la tarde,

Asimismo, ese dicho día de sábado en la tarde, bajo la presidencia de nuestro obispo, y la del vicario del inquisidor susodicho, asistidos por los venerables y discretos señores y maestros Jean Beaupère, Jacques de Touraine, Nicolas Midi, Pierre Maurice y Gérard Feuillet, doctores; Thomas de Courcelles, doctor en teología sagrada; Jean de La Fontaine, licenciado en derecho canónico, delegado por nosotros, el obispo susodicho; y en presencia del hermano Ysambard de La Pierre y de John Grey, ya nombrados.

La mencionada Juana fue interrogada si los dos ángeles que estaban en su estandarte representaban a San Miguel y a San Gabriel. Respondió que no estaban allí más que para el honor de Nuestro Señor que está pintado en el estandarte. Y dijo que hizo hacer esta representación de dos ángeles solamente para el honor de Nuestro Señor que estaba figurado teniendo el mundo.

Interrogada si esos dos ángeles que estaban figurados en su estandarte eran los dos ángeles que protegen el mundo; y por qué no había allí muchos, visto que le estaba comandado por Nuestro Señor, por las voces de Santa Catarina y de Santa Margarita, que le dijeron: “Toma el estandarte de parte del Rey del cielo”. Y porque le dijeron: “Toma el estandarte de parte del Rey del cielo”, ella hizo hacer allí esta figura de Dios y de los ángeles y en color. Y lo hizo por mandato de Dios.

Interrogada si preguntó a sus dos santas si, por virtud de este estandarte, ella ganaría todas las batallas donde ella se encontrase y que ella tendría la victoria, respondió que le dijeron que la tomara valientemente y que Dios la ayudaría.

Interrogada quién ayudaba más, si ella al estandarte o el estandarte a ella, respondió que, sea su victoria o sea su estandarte, todo es de Nuestro Señor. Interrogada si la esperanza de tener victoria estaba fundada en el estandarte o en ella misma, respondió que estaba fundada en Nuestro Señor y no en otras cosas. Interrogada, si otro había portado el estandarte, si había tenido también buena fortuna como la tenía Juana ella misma, respondió:

-          Yo no sé nada; yo me confío en Nuestro Señor.

Interrogada si uno de los miembros de su partido le hubiese traído su estandarte para portar, y ella lo hubiese portado, y habría tenido también buena esperanza en él como en el suyo, que le fuera dispuesto por Dios, y especialmente interrogada sobre el de su rey, si o hubiera tenido, etc. Respondió:

-          Yo portaría con más gusto aquel que me ha sido ordenado por Nuestro Señor, y sin embargo en todo yo confío en Nuestro Señor.

Interrogada de qué servía el signo que ponía en sus cartas, y los nombres: JHESUS MARIA, respondió que los clérigos escribiendo sus cartas lo ponían allí; y algunos dicen que conviene poner esas dos palabras: JHESUS MARIA.

Interrogada si no le ha sido revelado que, si ella perdía su virginidad, perdería su fortuna, y que sus voces no vendrían más a ella, respondió que eso no le ha sido revelado.

Interrogada si creía que sus voces vendrían a ella si estuviera casada, respondió:

-          No lo sé y me encomiendo a Nuestro Señor.

Interrogada si ella piensa y cree firmemente que su rey hizo bien al matar a monseñor el duque de Borgoña, respondió que ese fue un gran daño para el reino de Francia; pero algo había entre esos dos príncipes, Dios la ha enviado a socorrer al rey de Francia.

Interrogada sobre lo que ella ha dicho de que nos respondería a nosotros, el obispo susodicho, y también a nuestros comisarios como si ella estuviera delante de nuestro Santo Padre el Papa, y, sin embargo, hay muchas preguntas en las cuales no quiere responder, y si ella no respondería más plenamente delante del Papa de lo que lo hace delante de nosotros, respondió que ella ha respondido todo lo más verídicamente que ella ha sabido; y si algo volviera a su memoria que sabía y no lo había dicho, ella lo dirá gustosamente.

Interrogada si no le parece que ella está obligada a responder plenamente la verdad a nuestro Santo Padre el Papa, vicario de Dios, sobre todo lo que le preguntasen tocante a la fe y su conciencia, respondió que solicita que ella sea llevada delante de él; y entonces responderá delante de él todo lo que ella deba responder.

Interrogada de qué materia era uno de sus anillos, en el cual estaban escritas las palabras: JHESUS MARIA, respondió que no lo sabe propiamente; y si era de oro, no era de oro fino; y no sabe si era de oro o de latón; y piensa que había tres cruces y no otro signo que ella sepa, excepto las palabras: JHESUS MARIA.

Interrogada por qué miraba con gusto este anillo cuando iba a hacer la guerra, respondió que era por placer y en honor de su padre y de su madre; y, teniendo su anillo en su mano y en su dedo, ha tocado a Santa Catarina cuando se le apareció visiblemente.

Interrogada en qué parte de Santa Catarina la ha tocado, respondió:

-          No tendrán otra cosa.

Interrogada si ella nunca besó o abrazó a las santas Catarina y Margarita, respondió que les ha abrazado a las dos.

Interrogada si ellas olían bien, respondió que ¡es bueno saber que ellas huelen bien!

Interrogada si, al abrazarlas, ella no sentía calor u otra cosa, respondió que no podía abrazarlas sin sentirlas y tocarlas.

Interrogada por cuál parte ella las abrazaba, o por alto o por bajo, respondió que conviene más abrazarlas por lo bajo que por lo alto.

Interrogada si ella no les ha dado coronas o sombreros, respondió que en honor a ellas, a sus imágenes y representaciones en las iglesias, muchas veces les puso coronas; y en cuanto a aquellas que se le aparecen, no recuerda haber traído ninguna.

Interrogada, cuando ella ponía coronas en el árbol designado más alto, si ella las ponía en honor de aquellas que se le aparecían, respondió que no.

Interrogada si, cuando los santos vienen a ella, ella no hacía la reverencia, como arrodillarse o inclinarse, respondió que si y siempre que podía hacerles reverencias, ella les hacía; porque sabe bien que son aquellas que son del reino del Paraíso.

Interrogada si ella sabe algo de aquellos que están en el error de las hadas, respondió que no fue jamás ni supo nada al respecto; pero ha escuchado hablar de ello, y que iban los jueves*; pero no lo cree y piensa que es brujería.

En Lorraine, los jueves eran como lo que hoy conocemos como Sábado (Sabbath).

Interrogada si no se hizo flotar su estándar alrededor de la cabeza de su rey cuando él fue consagrado en Reims, respondió que no, que ella sepa. Interrogada por qué su estandarte fue portado más en la iglesia de Reims, en la consagración, que aquellos de los otros capitanes, respondió que su estandarte había estado en la pena, era razonable que estuviera en el honor.  


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