Asimismo, el sábado siguiente,
día diecisiete del mes de marzo, el maestro Jean de La Fontaine, elegido por
nosotros, el obispo, nosotros mismos y Jean Le Maistre, vicario del inquisidor
susodicho, presidiendo, en el mencionado lugar de la prisión de Juana;
asistidos de los venerables y discretos señores y maestros ya nombrados Nicolas
Midi y Gérard Feuilet, doctores en teología; presentes Ysambard de La Pierre y
Jean Massieu, ya nombrados, la dicha Juana fue requerida de prestar juramento y
lo prestó.
Interrogada entonces bajo
qué forma y especie, grandeza y hábito, San Miguel vino a ella, respondió que
estaba en la forma de un muy prudente hombre de verdad; y del hábito y otras
cosas, ella no dirá más. En cuanto a los ángeles, los ha visto con sus ojos; y
no tendremos otra cosa más de ella sobre eso.
Asimismo, dijo que
cree muy firmemente los dichos y hechos de San Miguel, que se le apareció, como
ella cree que Nuestro Señor Jesucristo sufrió pasión y muerte por nosotros. Y
lo que la movió a creerlo, fue el buen consejo, consuelo y sana doctrina que le
han hecho y dado.
Interrogada si ella
quiere remitirse, en todos sus dichos y hechos, sean buenos o malos, a la
determinación de nuestra santa madre Iglesia, respondió que, en cuanto a la
Iglesia, ella la ama y la apoyaría con todo su poder por nuestra fe cristiana: ¡y
no es a ella que deberíamos impedir ir a la Iglesia ni escuchar la misa! Y en
cuanto a las buenas obras que ha hecho, y de su venida, es necesario que confíe
en el Rey del cielo que la ha enviado a Carlos, hijo del rey Carlos, que será
rey de Francia:
-
Y verán,
dijo ella, que los franceses ganarán pronto una gran empresa que dios enviará a
los franceses, y tanto que sacudirá casi todo el reino de Francia.
Y dijo que ella lo
dice con el fin de que, cuando ocurra, tengan memoria que ella lo ha dicho. Requerida
de decir la fecha de este evento, respondió:
-
Confío en Nuestro
Señor.
Interrogada si ella somete
sus dichos y hechos a la determinación de la Iglesia, respondió:
-
Yo me someto
a Dios, que me ha enviado, a Nuestra Señora, a todos los santos y santas del
paraíso. Y es mi opinión que son todos uno, Dios y la Iglesia, y que en eso no
debemos hacer complicaciones. ¿Por qué complican ustedes esto?
Entonces le fue dicho
que hay una Iglesia triunfante, donde están Dios, los santos, los ángeles, y
las animas ya salvadas; y también hay una Iglesia militante, donde están
nuestro Santo Padre el Papa, vicario de Dios sobre la tierra, los cardinales,
los prelados de la Iglesia y los clérigos, y todos los buenos cristianos y católicos:
La cual, bien congregada, no puede errar y es gobernada por el Espíritu Santo. Es
por esto por lo que la interrogamos si quería someterse a esta Iglesia militante,
a saber, aquella que es así declarada. Respondió que había venido al rey de
Francia de parte de Dios, de parte de la Virgen María y de parte de todos los
benditos santos y santas del paraíso, de parte de la Iglesia victoriosa de lo
alto, y de su orden; y a esta Iglesia de aquí, ella somete todos sus buenos
hechos, y todo aquello que ha hecho o hará. Y en cuanto a responder si se
someterá a la Iglesia militante, dijo que de ello no responderá ahora otra
cosa.
Interrogada sobre lo
que ha dicho del tema del hábito de mujer, que se le ha ofrecido para que
pudiera ir a escuchar misa, respondió que en cuanto al hábito de mujer, no lo
tomará aún hasta que lo quiera Nuestro Señor. Y si así ella deba ser llevada
hasta el juicio [condena], ella se remite a los señores de la Iglesia que le
den la gracia de tener una camisa de mujer y un velo en su cabeza; que prefiere
mejor morir que revocar lo que Nuestro Señor le ha hecho hacer; cree firmemente
que Dios no dejará que sea llevada tan bajo, y que pronto recibirá ayuda y un milagro.
Interrogada por qué, dado
que ella porta un hábito de hombre por orden de Dios, pide una camisa de mujer para
el momento de su muerte, respondió:
-
Es
suficiente para mi con que sea largo.
Interrogada si su madrina, quien ha visto las
hadas, es una reputada mujer sabia, respondió que es tenida y reputada como una
buena y prudente mujer, y no como una adivina o hechicera.
Interrogada sobre lo
que ha dicho de que tomaría hábito de mujer, pero que la dejásemos ir, si eso
complacía a Dios, respondió que si le dan permiso de irse en hábito de mujer,
ella se pondría pronto el hábito de hombre y haría lo que le es comandado por
Nuestro Señor. Y así ella ha respondido antes; y por nada haría el juramento de
no armarse ni vestirse en hábito de hombre, para hacer la voluntad de Dios.
Interrogada sobre la
edad y vestimentas de Santa Catarina y de Santa Margarita, respondió:
-
Ustedes
tienen la respuesta que han tenido de mí sobre eso; y no tendrán otra cosa; y
les he respondido todo lo más preciso que yo sé.
Interrogada si ella no
creía, antes de ese día, que las hadas fuesen malos espíritus, respondió que no
sabía nada de eso.
Interrogada cómo ella
sabe que Santa Catarina y Santa Margarita odiaban a los ingleses, respondió:
-
Ellas aman
los que Dios ama y odian a los que Dios odia.
Interrogada si Dios
odia a los ingleses, respondió que del amor o del odio que Dios tiene por los
ingleses, o de lo que Dios hará a sus almas, no sabe nada; pero sabe bien que
serán expulsados fuera de Francia excepto aquellos que murieron allí; y que
Dios dará la victoria a los franceses, y contra los ingleses.
Interrogada si Dios estaba
a favor de los ingleses cuando ellos tenían prosperidad en Francia, respondió
que no sabe si Dios odiaba a los franceses; pero cree que quería permitir que
fueran derrotados por sus pecados, si los tenían.
Interrogada qué
garantía y que auxilio ella espera tener de Nuestro Señor del hecho de que
porte hábito de hombre, respondió que tanto el hábito como las otras cosas que
ha hecho, no han sido más que para tener de premio la salud de su alma.
Interrogada cuáles
armas ella ofreció a San Dionisio, respondió que ofreció una armadura blanca
entera a un hombre de armas, junto con esa espada que ganó frente a París.
Interrogada con qué fin ofreció esas armas, respondió que eso fue por devoción,
así como acostumbran los hombres de armas cuando ellos están heridos: y como
ella había sido herida ante Paris, ella los ofreció a San Dionisio, dado que es
el patrón de Francia. Interrogada si ella lo hizo para que se adoraran esas
armas, respondió que no.
Interrogada para que sirven
esas cinco cruces que están en la espada que encontró en Sainte-Catherine-de-Fierbois,
respondió que no sabe nada de ellas.
Interrogada quién la
ha movido a hacer pintar ángeles con sus brazos, pies, piernas y vestimentas,
respondió:
-
Ya tienen
respuesta sobre eso.
Interrogada si ella ha
hecho pintar esos ángeles tal como vinieron a ella, respondió que los ha hecho
pintar de la manera que son pintados en las iglesias. Interrogada si alguna vez
los vio en la manera que fueron pintados, respondió:
-
No les
diré otra cosa.
Interrogada por qué
ella no hizo pintar allí la luz con los ángeles o las voces, respondió que no
le fue comandado.
Ese mismo día en la
tarde,
Asimismo, ese dicho
día de sábado en la tarde, bajo la presidencia de nuestro obispo, y la del
vicario del inquisidor susodicho, asistidos por los venerables y discretos
señores y maestros Jean Beaupère, Jacques de Touraine, Nicolas Midi, Pierre
Maurice y Gérard Feuillet, doctores; Thomas de Courcelles, doctor en teología
sagrada; Jean de La Fontaine, licenciado en derecho canónico, delegado por
nosotros, el obispo susodicho; y en presencia del hermano Ysambard de La Pierre
y de John Grey, ya nombrados.
La mencionada Juana
fue interrogada si los dos ángeles que estaban en su estandarte representaban a
San Miguel y a San Gabriel. Respondió que no estaban allí más que para el honor
de Nuestro Señor que está pintado en el estandarte. Y dijo que hizo hacer esta
representación de dos ángeles solamente para el honor de Nuestro Señor que
estaba figurado teniendo el mundo.
Interrogada si esos
dos ángeles que estaban figurados en su estandarte eran los dos ángeles que
protegen el mundo; y por qué no había allí muchos, visto que le estaba
comandado por Nuestro Señor, por las voces de Santa Catarina y de Santa
Margarita, que le dijeron: “Toma el estandarte de parte del Rey del cielo”. Y
porque le dijeron: “Toma el estandarte de parte del Rey del cielo”, ella hizo
hacer allí esta figura de Dios y de los ángeles y en color. Y lo hizo por
mandato de Dios.
Interrogada si preguntó
a sus dos santas si, por virtud de este estandarte, ella ganaría todas las batallas
donde ella se encontrase y que ella tendría la victoria, respondió que le
dijeron que la tomara valientemente y que Dios la ayudaría.
Interrogada quién ayudaba
más, si ella al estandarte o el estandarte a ella, respondió que, sea su
victoria o sea su estandarte, todo es de Nuestro Señor. Interrogada si la
esperanza de tener victoria estaba fundada en el estandarte o en ella misma, respondió
que estaba fundada en Nuestro Señor y no en otras cosas. Interrogada, si otro
había portado el estandarte, si había tenido también buena fortuna como la
tenía Juana ella misma, respondió:
-
Yo no sé
nada; yo me confío en Nuestro Señor.
Interrogada si uno de
los miembros de su partido le hubiese traído su estandarte para portar, y ella
lo hubiese portado, y habría tenido también buena esperanza en él como en el
suyo, que le fuera dispuesto por Dios, y especialmente interrogada sobre el de
su rey, si o hubiera tenido, etc. Respondió:
-
Yo
portaría con más gusto aquel que me ha sido ordenado por Nuestro Señor, y sin
embargo en todo yo confío en Nuestro Señor.
Interrogada de qué
servía el signo que ponía en sus cartas, y los nombres: JHESUS MARIA, respondió
que los clérigos escribiendo sus cartas lo ponían allí; y algunos dicen que
conviene poner esas dos palabras: JHESUS MARIA.
Interrogada si no le ha
sido revelado que, si ella perdía su virginidad, perdería su fortuna, y que sus
voces no vendrían más a ella, respondió que eso no le ha sido revelado.
Interrogada si creía que
sus voces vendrían a ella si estuviera casada, respondió:
-
No lo sé y
me encomiendo a Nuestro Señor.
Interrogada si ella piensa
y cree firmemente que su rey hizo bien al matar a monseñor el duque de Borgoña,
respondió que ese fue un gran daño para el reino de Francia; pero algo había
entre esos dos príncipes, Dios la ha enviado a socorrer al rey de Francia.
Interrogada sobre lo
que ella ha dicho de que nos respondería a nosotros, el obispo susodicho, y
también a nuestros comisarios como si ella estuviera delante de nuestro Santo
Padre el Papa, y, sin embargo, hay muchas preguntas en las cuales no quiere
responder, y si ella no respondería más plenamente delante del Papa de lo que
lo hace delante de nosotros, respondió que ella ha respondido todo lo más verídicamente
que ella ha sabido; y si algo volviera a su memoria que sabía y no lo había
dicho, ella lo dirá gustosamente.
Interrogada si no le
parece que ella está obligada a responder plenamente la verdad a nuestro Santo
Padre el Papa, vicario de Dios, sobre todo lo que le preguntasen tocante a la
fe y su conciencia, respondió que solicita que ella sea llevada delante de él;
y entonces responderá delante de él todo lo que ella deba responder.
Interrogada de qué
materia era uno de sus anillos, en el cual estaban escritas las palabras: JHESUS
MARIA, respondió que no lo sabe propiamente; y si era de oro, no era de oro fino;
y no sabe si era de oro o de latón; y piensa que había tres cruces y no otro
signo que ella sepa, excepto las palabras: JHESUS MARIA.
Interrogada por qué
miraba con gusto este anillo cuando iba a hacer la guerra, respondió que era
por placer y en honor de su padre y de su madre; y, teniendo su anillo en su
mano y en su dedo, ha tocado a Santa Catarina cuando se le apareció
visiblemente.
Interrogada en qué
parte de Santa Catarina la ha tocado, respondió:
-
No tendrán
otra cosa.
Interrogada si ella nunca
besó o abrazó a las santas Catarina y Margarita, respondió que les ha abrazado a
las dos.
Interrogada si ellas
olían bien, respondió que ¡es bueno saber que ellas huelen bien!
Interrogada si, al
abrazarlas, ella no sentía calor u otra cosa, respondió que no podía abrazarlas
sin sentirlas y tocarlas.
Interrogada por cuál
parte ella las abrazaba, o por alto o por bajo, respondió que conviene más
abrazarlas por lo bajo que por lo alto.
Interrogada si ella no
les ha dado coronas o sombreros, respondió que en honor a ellas, a sus imágenes
y representaciones en las iglesias, muchas veces les puso coronas; y en cuanto
a aquellas que se le aparecen, no recuerda haber traído ninguna.
Interrogada, cuando
ella ponía coronas en el árbol designado más alto, si ella las ponía en honor
de aquellas que se le aparecían, respondió que no.
Interrogada si, cuando
los santos vienen a ella, ella no hacía la reverencia, como arrodillarse o
inclinarse, respondió que si y siempre que podía hacerles reverencias, ella les
hacía; porque sabe bien que son aquellas que son del reino del Paraíso.
Interrogada si ella
sabe algo de aquellos que están en el error de las hadas, respondió que no fue
jamás ni supo nada al respecto; pero ha escuchado hablar de ello, y que iban
los jueves*; pero no lo cree y piensa que es brujería.
En Lorraine, los jueves
eran como lo que hoy conocemos como Sábado (Sabbath).
Interrogada si no se
hizo flotar su estándar alrededor de la cabeza de su rey cuando él fue consagrado
en Reims, respondió que no, que ella sepa. Interrogada por qué su estandarte
fue portado más en la iglesia de Reims, en la consagración, que aquellos de los
otros capitanes, respondió que su estandarte había estado en la pena, era
razonable que estuviera en el honor.
