Asimismo, el jueves
siguiente, quinceavo día del mes de marzo, en la mañana, en el lugar susodicho
de la prisión de Juana, presidian los mencionados maestro Jean de La Fontaine,
elegido comisario por nosotros, el obispo, nosotros mismos y el hermano Jean Le
Maistre, vicario del inquisidor, asistidos por los venerables señores y
maestros Nicolas Midi y Gérard Feuillet, doctor en teología sagrada, y en
presencia de Nicolas de Hubant, notario apostólico y del hermano Ysambard de La
Pierre.
La mencionada Juana
fue amonestada y ordenada a través de exhortaciones caritativas de someterse
voluntariamente a la determinación de nuestra santa madre Iglesia, así como
debe, en el caso en que haya hecho algo contra nuestra fe, respondió que sus
respuestas sean vistas y examinadas por los clérigos, y después que se le diga
si dijo algo que sea contraria a la fe cristiana: ella sabrá que decir por su
consejo, lo que sea necesario; y después dirá lo que habrá encontrado a través
de su consejo. Y sin embargo, si había algo malo contra la fe cristiana que
Nuestro Señor ha ordenado, no querría sostenerlo y estaría muy enojada de ir en
su contra.
Asimismo, le fue
declarada la distinción que hay entre la Iglesia triunfante y la Iglesia
militante, y lo que era una y la otra, y fue requerida presentemente de
someterse a la determinación de la Iglesia, en aquello que ella ha hecho o
dicho, sea bueno o sea malo, respondiendo:
-
No
responderé otra cosa por el presente.
Asimismo, la
mencionada Juana fue requerida e interrogada, bajo el juramento que ella había
prestado, para decir cómo ella pensó en escaparse del castillo de Beaulieu,
entre dos piezas de madera: respondió que nunca fue prisionera en ningún lugar
del cual no intentara escapar voluntariamente, y estando dentro de ese
castillo, habría encerrado a sus guardias en la torre, si no fuera por el
portero que la vio y la encontró.
Asimismo, dijo que le
parece que no le placía a Dios que se escapara en esa ocasión, que era
necesario que viera al rey de los ingleses, como sus voces le habían dicho, y
como está escrito más arriba.
Interrogada si tenía
permiso de Dios o de sus voces para salir de sus prisiones, todas las veces que
le placía, respondió:
-
Lo he
pedido muchas veces, pero no lo tengo aún.
Interrogada si en este
momento se marcharía si viera la oportunidad de hacerlo, respondió que si viera
la puerta abierta, se iría; y eso sería el permiso de Nuestro Señor. Y creía
firmemente que, si veía la puerta abierta, y que sus guardias y los otros ingleses
no pudieran resistirla, entendería que eso sería el permiso, y que Nuestro
Señor le enviaría socorro; pero, sin permiso, no se iría de allí, si eso no era
haciendo una empresa [para irse] para saber si Nuestro Señor estaría contento,
citando este proverbio: “Ayúdate, y Dios te ayudará”. Y dijo eso porque, si se
marchara, no se diga que lo hizo sin permiso.
Interrogada, dado que
pide ir a oír la misa, si no le parecía que sería más honesto que ella fuera en
hábito femenino; y por eso, le interrogamos sobre lo que ella preferiría más,
tomar hábito de mujer y oír la misa o mantener el hábito de hombre y no oír la
misa, respondió:
-
Certifíquenme
que yo oiré misa si tengo hábito de mujer y les responderé sobre eso.
Por lo que el
interrogador le dijo: “y certifico que tu oirás la misa si estás en hábito de
mujer”. Ella respondió:
-
¿Y qué
dirán si he jurado y prometido a nuestro rey no abandonar este hábito? Sin
embargo, te respondo: Hazme un vestido hasta la tierra, sin cola, y tráemelo
para ir a la misa y después, de regreso, yo tomaré de vuelta el hábito que
tengo.
Interrogada si de una
vez por todas tomaría el hábito de mujer por ir a oír la misa, respondió:
-
Voy a
aconsejarme sobe eso, y después les responderé.
Además, ella pidió, en
honor a Dios y a Nuestra Señora, que pudiese oír la misa en esta bonne ville*.
*Bonnes Villes son
las “buenas ciudades”. Estas tenían privilegios y protección del rey de Francia
a cambio de contribuir al ejército real garantizando un contingente de hombres
de armas.
Sobre lo cual le fue
dicho por el interrogador que tome el hábito de mujer, pura y simplemente. Y
ella respondió:
-
Tráiganme
un hábito como el de una hija de burgués, es decir, una hopalanda larga, y lo
tomaré para oír misa.
Además agregó, lo más
insistentemente que pudo, que pedía que le permitiésemos oír la misa con el
hábito que portaba, sin cambiarlo.
Interrogada si, sobre
lo que ella ha dicho y hecho, quería someterse y referirse a la determinación
de la Iglesia, respondió:
-
Todos mis
dichos y todos mis hechos están en la mano de Dios, y me confío en Él. Y les
certifico que no quisiera hacer nada ni decir nada contra la fe cristiana; y si
nada he dicho o hecho, o si hubiese sobre mi cuerpo alguna cosa que los
clérigos dijeran estar contra la fe cristiana que Nuestro Señor ha establecido,
no querría sostenerlo, ¡sino que lo rechazaría!
Interrogada si en ello
no quería someterse a la ordenación de la Iglesia, respondió:
-
No
responderé otra cosa ahora; envíenme el sábado al clérigo, si no quieren venir,
y yo le responderé sobre eso, con la ayuda de Dios, y será puesto por escrito.
Interrogada si, cuando
vienen sus voces, les hace reverencia absolutamente, como a un santo o una
santa, respondió que sí. Y si a veces no la ha hecho, les ha pedido perdón
después. Y no sabe hacer tan gran reverencia como corresponde; porque cree
firmemente que esas son las santas Catarina y Margarita. Y dijo algo parecido
en lo que concierne a San Miguel.
Interrogada, dado que
a los santos del Paraíso se les hace gustosamente ofrendas de velas, si a los
santos y santas que vienen a ella no ha hecho ofrenda de velas ardientes, o de
otras cosas, en la Iglesia o en otros lugares, o hecho decir misas, respondió
que no, excepto en la ofrenda, en la misa, en la mano del sacerdote, y en honor
de Santa Catarina. Y cree que ella es una de las que se le aparece; y no ha
encendido tantas velas, como ella haría gustosamente para las santas Catarina y
Margarita que están en el Paraíso; y cree firmemente que esas son aquellas que
vienen a ella.
Interrogada si, cuando
pone las velas delante de la imagen de Santa Catarina, pones esas velas en
honor de aquella que se le aparece, respondió:
-
Yo lo hago
en honor de Dios, de Nuestra Señora, de Santa Catarina que está en el cielo; y
de aquella que se muestra ante mí.
Interrogada si ella
pone esas velas en honor de Santa Catarina que es mostrada ante ella, que se le
ha aparecido, respondió que ella no ponía diferencia entre la que se le aparece
y la que está en el cielo.
Interrogada si ella ha
siempre hecho o cumplido lo que sus voces le ordenaban, respondió que, con todo
su poder, cumple la orden que Nuestro Señor le ha hecho a través de sus voces,
y de lo que pueda entender. Y no le ordenan nada sin el permiso de Nuestro
Señor.
Interrogada si, en el
arte de la guerra, ella no ha hecho nada sin el permiso de sus voces, respondió:
-
Tienen respuesta
de mi sobre eso. Lean bien vuestro libro y la encontrarán.
Y sin embargo, dijo
que por pedido de los hombres de armas fue hecha una hazaña de armas ante Paris
y también yendo ante La Charité por pedido de su rey. Y eso no fue ni
contra ni por mandamiento de sus voces.
Interrogada si nunca
hizo algo contra su mandamiento y voluntad, respondió que lo que ella ha podido
y supo hacer, lo ha cumplido según su poder. Y en cuanto a su salto del donjon
de Beaurevoir, que lo hizo en contra de sus órdenes, no pudo abstenerse; y
cuando sus voces vieron su necesidad, y que ella no sabía ni podía abstenerse,
le trajeron auxilio a su vida y la protegieron de morirse. Y añadió que, siempre
que hizo algo en sus grandes asuntos, ellas le han siempre socorrido; y eso es
signo de que esos son buenos espíritus.
Interrogada si no
tiene otro signo de que esos sean buenos espíritus, respondió que San Miguel lo
certificó antes de que las voces viniesen. Interrogada cómo ella reconoció que
era San Miguel, respondió ¡por la forma de hablar y el lenguaje de los ángeles!
Y cree firmemente que eran ángeles.
Interrogada cómo
reconoció que eran ángeles, respondió que lo creyó bastante rápido y tuvo esta
voluntad de creerlo. Y agregó que San Miguel, cuando vino a ella, le dijo que
Santa Catarina y Santa Margarita vendrían a ella, y que actúa siguiendo sus
consejos, y que ellas estaban ordenadas a conducirla y aconsejarla en lo que ella
había de hacer; y que les creyó en eso que le dijeron; que era por orden de
Nuestro Señor.
Interrogada si el diablo
se presentara en forma y figura de ángel cómo ella reconocería que fue un buen
o mal ángel, respondió que lo reconocería bien si era San Miguel o algo que se
haría pasar por su semejanza.
Asimismo, dijo que, la
primera vez, ella tuvo una gran duda si era San Miguel; y esa primera vez tuvo
un gran temor; y lo vio numerosas veces antes que sepa que era San Miguel.
Interrogada cómo
conoció esa vez que era San Miguel en lugar de la primera vez que se le había
aparecido, respondió que la primera vez ella era una joven niña y tenía miedo;
desde entonces San Miguel le enseña y muestra tantas cosas que cree firmemente
que era él.
Interrogada sobre qué
doctrina él le enseña, respondió que, sobre todas las cosas, él le dice que
ella sea una buena niña y que Dios la ayudará; y, entre otras cosas, le dijo
que ella vendría a socorrer al rey de Francia. Y una gran parte de lo que él
ángel le enseña está en este libro. Y le contaba el ángel la compasión que había
en el reino de Francia.
Interrogada sobre la
grandeza y estatura de este ángel, dijo que el sábado lo responderá junto con la
otra cosa que ella deba responder, a saber, lo que a Dios le plazca.
Interrogada si ella
cree que no es un gran pecado enojar a Santa Catarina y a Santa Margarita quienes
se le aparecen y actuar contra su orden, respondió que sí, y lo sabe enmendar;
y cuando más las hizo enojar fue cuando hizo el salto de Beaurevoir; por lo
cual ella ha pedido perdón por ello y por otras ofensas que pueda haberles
hecho.
Interrogada si Santa
Catarina y Santa Margarita no tomaron venganza corporal de esta ofensa,
respondió que no lo sabe y no ha preguntado.
Interrogada sobre lo que ha dicho anteriormente que, por decir la verdad, a veces son colgados, y si ella sabe algún crimen o falta de ella por el cual ella pudo o debió morir, si ella lo confesaba, respondió que no.
