Juicio de Condena - Primera Sesión Privada (10 de marzo de 1431)

 

Asimismo, el sábado siguiente, undécimo día del mes de marzo, nosotros, el obispo susodicho, nos reunimos en cierta cámara del castillo de Rouen que había sido asignada como prisión para la mencionada Juana, y allí, asistidos por el mencionado Jean de La Fontaine, nuestro comisario y diputado, como se dijo más arriba, y de los venerables doctores en Teología Sagrada, maestros Nicolas Midi y Gérard Feuillet; en presencia de Jean Secard, abogado, y del maestro Jean Massieu, padre, testigos citados…

… nosotros requerimos a la mencionada Juana de hacer y de prestar juramento de decir la verdad sobre lo que le será preguntado. Ella respondió diciendo:
- Les prometo que diré la verdad sobre lo que toque vuestro juicio; y cuanto más me obliguen a jurar, más tarde se las diré.

Entonces el maestro Jean de La Fontaine, por nosotros especialmente comisionado y designado a esto, interrogó a la dicha Juana. Y él le pregunta, por el juramento que ella había hecho, cuando ella vino con anterioridad a Compiègne, de qué lugar ella había partido. Respondió que ella había partido de Crépy-en-Valois.

Interrogada si ella estuvo muchos días en Compiègne antes de hacer alguna salida, respondió que ella vino a una hora secreta en la mañana y entró en la ciudad sin que sus enemigos lo supieran, ella creía; y ese mismo día, sobre la noche, fue salió allí donde fue capturada.

Interrogada si cuando ella fue a esa salida, tocaron las campanas, respondió que si sonaron las campanas no lo hicieron por su mandamiento o con su conocimiento; y no pensaba en ello; y tampoco lo recordaba si ella había dicho que las sonaran.

Interrogada si ella salió bajo el mandamiento de su voz, respondió que la semana pasada de Pascua, estaba en las fosas de Melun, le fue dicho por sus voces, a saber, Santa Catarina y Santa Margarita, que ella sería tomada antes de la fiesta de San Juan; y que así debía ser hecho; y que ella no se sorprendiera y tomara todo con gracia, y que Dios le ayudaría.

Interrogada si, desde el lugar de Melun, no le fue dicho por sus voces que ella será tomada, respondió que sí, que muchas veces, y casi todos los días. Y les pedía a sus voces, cuando ella fuera capturada, que muriera rápidamente sin una larga pena de cárcel; y ellas le dijeron que tomara todo en gracia, y que así le será hecho; pero no le dijeron la hora; y si ella lo hubiera sabido, no habría ido allí. Y ella muchas veces les preguntó para saber la hora de su captura, pero ellas no le dijeron.

Interrogada, si las voces le hubieran comandado de salir de Compiègne y significaba que sería capturada, si ella hubiese ido allí, respondió que si ella hubiera sabido la hora y que debía de ser capturada, no hubiera ido allí voluntariamente; sin embargo, al final ella habría cumplido con sus órdenes, sin importar el futuro.

Interrogada si, cuando hizo esta salida de Compiègne, había escuchado voz y revelación de partir y de hacer esta salida, respondió que ese día no sabía de su captura y no había recibido otra orden de salir; pero siempre le había sido dicho que era necesario que fuera prisionera.

Interrogada si, cuando hizo esta salida, ella pasó por el puente, respondió que ella pasó por el puente y por el baluarte, y fue con su compañía de hombres de su bando contra los hombres de monseñor de Luxemburgo; y los rechazó dos veces hasta el alojamiento de los borgoñones y, a la tercera vez, hasta la mitad del camino; y entonces los ingleses que estaban allí, le cortaron el camino, a ella y a sus hombres. Retirándose de los campos, al lado de Picardie, cerca del baluarte, ella fue tomada; y había un río entre Compiègne y el lugar donde fue tomada; y entre el lugar donde fue tomada y Compiègne, no había nada más que el rio, el baluarte y la fosa de dicho baluarte.

Interrogada si, en el estandarte que ella portaba, el mundo estaba pintado y dos ángeles, etc., respondió que sí; y que nunca tuvo más que uno. Interrogada que sentido tenía pintar a Dios sosteniendo el mundo, y dos ángeles, respondió que Santa Catarina y Santa Margarita le dijeron que tomara este estandarte, y lo portara con valentía, y que ella hiciera pintar en él al Rey del Cielo. Y dijo a su rey, aunque muy contra su corazón. Y del significado no sabía nada más.

Interrogada si ella tenía escudo y armas, respondió que nunca los tuvo; pero que su rey dio a sus hermanos de armas, a saber un escudo de azur con dos flores de lis de oro y una espada en el medio, y, en esta ciudad, ha descrito sus armas a un pintor porque le había preguntado que armas ella tenía. Asimismo, dijo que eso le fue dado por su rey a sus hermanos, sin su solicitud ni por revelación.

Interrogada si ella tenía un caballo cuando fue capturada, corcel o jaca, respondió que tenía un caballo; y que era un medio corcel. Interrogada quién le había dado a ese caballo, respondió que su rey y sus gentes se lo dieron, con dinero de su rey; y tenía cinco corceles con el dinero del rey, sin contar los trotadores que eran más de siete.

Interrogada si alguna vez tuvo otras riquezas de su rey además de sus caballos, respondió que ella no pedía nada a su rey, salvo buenas armas, buenos caballos, y dinero para pagar a las personas de su hotel.

Interrogada si ella no tenía tesoro, respondió que 10 o 12.000 escudos que tenía a disposición no son un gran tesoro para liderar la guerra, y que es poca cosa. Esas cosas las tienen sus hermanos, ella cree. Y dijo que lo que tiene es dinero propio de su rey.

Interrogada sobre que signo ella dio a su rey cuando fue a él, respondió que él es bello, y honorable y bien creíble; y el mejor y el más rico que hay en el mundo.

Interrogada por qué ella tampoco quería decir y mostrar ese signo, como ella quiso tener un signo de Catherine de La Rochelle, respondió que si el signo de Catherine hubiera sido mostrado tan claramente delante de notables personas eclesiásticas y otros, arzobispos y obispos, a saber, delante del arzobispo de Reims y otros que ella no sabía los nombres (y allí mismo estaban Charles de Bourbon, de la Trémoille, el duque de Alençon y muchos otros caballeros que la vieron y oyeron, tan bien como ella veía aquellos que le hablan hoy) como el signo anteriormente dicho fue mostrado, ella no habría pedido saber el signo de la mencionada Catherine. Y siempre supo por Santa Catarina y Santa Margarita que lo relacionado con la mencionada Catherine de La Rochelle no tenía ningún valor.

Interrogada si el mencionado signo dura aún, respondió que es bueno saberlo; y que hasta mil años, ¡y más! Asimismo, dijo que el dicho signo está en el tesoro de su rey. Interrogada si es oro, dinero o piedra preciosa, o corona, respondió:
- No os diré otra cosa; y no sabría ningún hombre describir tal riqueza como es este signo; y sin embargo, el signo que necesitáis es que Dios me libere de sus manos; ¡y ese es el más seguro que Él os puede enviar!

Asimismo, dijo que cuando ella debió partir para ir hacia su rey, le fue dicho por sus voces:
- Ve valientemente; cuando estés ante el rey, él tendrá un buen signo para recibirte y creer en ti.

Interrogada cuando el signo vino a su rey, cuál reverencia ella le hizo; y si él vino de parte de Dios, respondió que ella agradeció a Nuestro Señor de haberla librado de la pena que le venía de los clérigos de su partido que la acusaban; y se arrodilló muchas veces.

Asimismo, dijo que un ángel de parte de Dios, y no de parte de otro, trajo el signo a su rey; y ella agradeció muchas veces a Nuestro Señor. Asimismo, dijo que los clérigos cesaron de acusarla cuando ellos tuvieron el mencionado signo.

Interrogada si las personas eclesiásticas de su partido vieron el signo anteriormente dicho, respondió que cuando su rey y aquellos que estaban con él habían visto el mencionado signo, y también al ángel que lo traía, ella preguntó a su rey si él estaba contento; y el respondió que sí. Y entonces partió y se fue a una pequeña capilla bastante cerca y oyó decir que después de su partida más de trescientas personas vieron el mencionado signo. Añadió que, por amor a ella y para que cesaran de interrogarla, Dios quería permitir que aquellos de su partido lo viesen.

Interrogada si su rey y ella no hicieron reverencia al ángel, cuando él trajo el signo susodicho, respondió que hizo reverencia y se arrodilló, y descubrió su cabeza.

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