Asimismo, el sábado
siguiente, undécimo día del mes de marzo, nosotros, el obispo susodicho, nos reunimos
en cierta cámara del castillo de Rouen que había sido asignada como prisión
para la mencionada Juana, y allí, asistidos por el mencionado Jean de La Fontaine,
nuestro comisario y diputado, como se dijo más arriba, y de los venerables
doctores en Teología Sagrada, maestros Nicolas Midi y Gérard Feuillet; en
presencia de Jean Secard, abogado, y del maestro Jean Massieu, padre, testigos
citados…
… nosotros requerimos
a la mencionada Juana de hacer y de prestar juramento de decir la verdad sobre
lo que le será preguntado. Ella respondió diciendo:
- Les prometo que diré la verdad sobre lo que toque vuestro juicio; y cuanto
más me obliguen a jurar, más tarde se las diré.
Entonces el maestro
Jean de La Fontaine, por nosotros especialmente comisionado y designado a esto,
interrogó a la dicha Juana. Y él le pregunta, por el juramento que ella había
hecho, cuando ella vino con anterioridad a Compiègne, de qué lugar ella había
partido. Respondió que ella había partido de Crépy-en-Valois.
Interrogada si ella
estuvo muchos días en Compiègne antes de hacer alguna salida, respondió que
ella vino a una hora secreta en la mañana y entró en la ciudad sin que sus
enemigos lo supieran, ella creía; y ese mismo día, sobre la noche, fue salió
allí donde fue capturada.
Interrogada si cuando
ella fue a esa salida, tocaron las campanas, respondió que si sonaron las
campanas no lo hicieron por su mandamiento o con su conocimiento; y no pensaba
en ello; y tampoco lo recordaba si ella había dicho que las sonaran.
Interrogada si ella
salió bajo el mandamiento de su voz, respondió que la semana pasada de Pascua,
estaba en las fosas de Melun, le fue dicho por sus voces, a saber, Santa
Catarina y Santa Margarita, que ella sería tomada antes de la fiesta de San
Juan; y que así debía ser hecho; y que ella no se sorprendiera y tomara todo
con gracia, y que Dios le ayudaría.
Interrogada si, desde
el lugar de Melun, no le fue dicho por sus voces que ella será tomada,
respondió que sí, que muchas veces, y casi todos los días. Y les pedía a sus
voces, cuando ella fuera capturada, que muriera rápidamente sin una larga pena
de cárcel; y ellas le dijeron que tomara todo en gracia, y que así le será
hecho; pero no le dijeron la hora; y si ella lo hubiera sabido, no habría ido
allí. Y ella muchas veces les preguntó para saber la hora de su captura, pero
ellas no le dijeron.
Interrogada, si las
voces le hubieran comandado de salir de Compiègne y significaba que sería
capturada, si ella hubiese ido allí, respondió que si ella hubiera sabido la
hora y que debía de ser capturada, no hubiera ido allí voluntariamente; sin
embargo, al final ella habría cumplido con sus órdenes, sin importar el futuro.
Interrogada si, cuando
hizo esta salida de Compiègne, había escuchado voz y revelación de partir y de
hacer esta salida, respondió que ese día no sabía de su captura y no había
recibido otra orden de salir; pero siempre le había sido dicho que era
necesario que fuera prisionera.
Interrogada si, cuando
hizo esta salida, ella pasó por el puente, respondió que ella pasó por el
puente y por el baluarte, y fue con su compañía de hombres de su bando contra
los hombres de monseñor de Luxemburgo; y los rechazó dos veces hasta el alojamiento
de los borgoñones y, a la tercera vez, hasta la mitad del camino; y entonces
los ingleses que estaban allí, le cortaron el camino, a ella y a sus hombres.
Retirándose de los campos, al lado de Picardie, cerca del baluarte, ella fue
tomada; y había un río entre Compiègne y el lugar donde fue tomada; y entre el
lugar donde fue tomada y Compiègne, no había nada más que el rio, el baluarte y
la fosa de dicho baluarte.
Interrogada si, en el
estandarte que ella portaba, el mundo estaba pintado y dos ángeles, etc.,
respondió que sí; y que nunca tuvo más que uno. Interrogada que sentido tenía
pintar a Dios sosteniendo el mundo, y dos ángeles, respondió que Santa Catarina
y Santa Margarita le dijeron que tomara este estandarte, y lo portara con
valentía, y que ella hiciera pintar en él al Rey del Cielo. Y dijo a su rey,
aunque muy contra su corazón. Y del significado no sabía nada más.
Interrogada si ella
tenía escudo y armas, respondió que nunca los tuvo; pero que su rey dio a sus
hermanos de armas, a saber un escudo de azur con dos flores de lis de oro y una
espada en el medio, y, en esta ciudad, ha descrito sus armas a un pintor porque
le había preguntado que armas ella tenía. Asimismo, dijo que eso le fue dado
por su rey a sus hermanos, sin su solicitud ni por revelación.
Interrogada si ella
tenía un caballo cuando fue capturada, corcel o jaca, respondió que tenía un
caballo; y que era un medio corcel. Interrogada quién le había dado a ese
caballo, respondió que su rey y sus gentes se lo dieron, con dinero de su rey;
y tenía cinco corceles con el dinero del rey, sin contar los trotadores que
eran más de siete.
Interrogada si alguna
vez tuvo otras riquezas de su rey además de sus caballos, respondió que ella no
pedía nada a su rey, salvo buenas armas, buenos caballos, y dinero para pagar a
las personas de su hotel.
Interrogada si ella no
tenía tesoro, respondió que 10 o 12.000 escudos que tenía a disposición no son
un gran tesoro para liderar la guerra, y que es poca cosa. Esas cosas las
tienen sus hermanos, ella cree. Y dijo que lo que tiene es dinero propio de su
rey.
Interrogada sobre que
signo ella dio a su rey cuando fue a él, respondió que él es bello, y honorable
y bien creíble; y el mejor y el más rico que hay en el mundo.
Interrogada por qué
ella tampoco quería decir y mostrar ese signo, como ella quiso tener un signo
de Catherine de La Rochelle, respondió que si el signo de Catherine hubiera
sido mostrado tan claramente delante de notables personas eclesiásticas y
otros, arzobispos y obispos, a saber, delante del arzobispo de Reims y otros
que ella no sabía los nombres (y allí mismo estaban Charles de Bourbon, de la Trémoille,
el duque de Alençon y muchos otros caballeros que la vieron y oyeron, tan bien
como ella veía aquellos que le hablan hoy) como el signo anteriormente dicho
fue mostrado, ella no habría pedido saber el signo de la mencionada Catherine.
Y siempre supo por Santa Catarina y Santa Margarita que lo relacionado con la
mencionada Catherine de La Rochelle no tenía ningún valor.
Interrogada si el
mencionado signo dura aún, respondió que es bueno saberlo; y que hasta mil
años, ¡y más! Asimismo, dijo que el dicho signo está en el tesoro de su rey.
Interrogada si es oro, dinero o piedra preciosa, o corona, respondió:
- No os diré otra cosa; y no sabría ningún hombre describir tal riqueza como es
este signo; y sin embargo, el signo que necesitáis es que Dios me libere de sus
manos; ¡y ese es el más seguro que Él os puede enviar!
Asimismo, dijo que
cuando ella debió partir para ir hacia su rey, le fue dicho por sus voces:
- Ve valientemente; cuando estés ante el rey, él tendrá un buen signo para
recibirte y creer en ti.
Interrogada cuando el
signo vino a su rey, cuál reverencia ella le hizo; y si él vino de parte de
Dios, respondió que ella agradeció a Nuestro Señor de haberla librado de la
pena que le venía de los clérigos de su partido que la acusaban; y se arrodilló
muchas veces.
Asimismo, dijo que un ángel
de parte de Dios, y no de parte de otro, trajo el signo a su rey; y ella
agradeció muchas veces a Nuestro Señor. Asimismo, dijo que los clérigos cesaron
de acusarla cuando ellos tuvieron el mencionado signo.
Interrogada si las
personas eclesiásticas de su partido vieron el signo anteriormente dicho, respondió
que cuando su rey y aquellos que estaban con él habían visto el mencionado
signo, y también al ángel que lo traía, ella preguntó a su rey si él estaba
contento; y el respondió que sí. Y entonces partió y se fue a una pequeña
capilla bastante cerca y oyó decir que después de su partida más de trescientas
personas vieron el mencionado signo. Añadió que, por amor a ella y para que
cesaran de interrogarla, Dios quería permitir que aquellos de su partido lo
viesen.
Interrogada si su rey y ella no hicieron reverencia al ángel, cuando él trajo el signo susodicho, respondió que hizo reverencia y se arrodilló, y descubrió su cabeza.
