Carta de Santa Catalina de Siena a Fray Antonio de Nizza
En el nombre de Jesucristo crucificado y de la dulce María:
A ti, muy amado y queridísimo padre y hermano en Cristo Jesús: Yo, Catalina, sierva y esclava de los siervos de Jesucristo, te escribo y me encomiendo en la Preciosa Sangre del Hijo de Dios, con el deseo de verte encendido e inflamado en el horno de la divina caridad, y consumida en él tu propia voluntad propia -esa voluntad que nos roba toda vida-. Abramos los ojos, queridísimo hermano, pues tenemos dos voluntades: una de los sentidos, que busca las cosas sensibles, y la otra la voluntad propia del espíritu, que, bajo apariencia y color de virtud, se mantiene firme en su propio camino. Y esto es claro cuando quiere elegir lugares, tiempos y consuelos a su medida, y dice: "Así lo deseo para poseer a Dios más plenamente". Esto es un gran engaño y una ilusión del demonio; pues no pudiendo engañar a los siervos de Dios mediante su primera voluntad -ya que los siervos de Dios ya la han mortificado en lo que a las cosas sensibles se refiere-, el demonio captura sigilosamente su segunda voluntad con cosas del espíritu. Así, muchas veces el alma recibe consuelo, y luego se siente privada del mismo por Dios; y otra experiencia la afligirá, que le dará menos consuelo y más fruto. Entonces el alma, que se siente inspirada por lo que le da dulzura, sufre cuando es privada de ella y siente fastidio. ¿Y por qué fastidio? Porque no quiere ser privada; pues dice: "Me parece que amo más a Dios de esta manera que de la otra. De la una siento que obtengo algún fruto, y de la otra no percibo fruto alguno, excepto dolor y a menudo muchos conflictos; y así me parece que ofendo a Dios". Hijo y hermano en Cristo Jesús, digo que esta alma está engañada por su voluntad propia. Porque no querría ser privada de la dulzura; con este cebo la atrapa el demonio. Frecuentemente los hombres pierden el tiempo anhelando que el tiempo se adapte a ellos mismos, pues no emplean el que tienen sino en sufrimiento y melancolía.
Una vez nuestro dulce Salvador le dijo a una hija suya muy querida: "¿Sabes cómo actúan esas personas que quieren cumplir Mi voluntad en consuelo, en dulzura y gozo? Cuando son privadas de estas cosas, desean apartarse de Mi voluntad, pensando hacer el bien y evitar la ofensa; pero en ellas acecha la falsa sensualidad, y para escapar de los dolores cae en ofensa sin percibirlo. Mas si el alma fuera sabia y tuviera dentro la luz de Mi voluntad, miraría al fruto y no a la dulzura. ¿Cuál es el fruto del alma? El odio de sí misma y el amor a Mí. Este odio y este amor son el resultado del conocimiento de sí misma; entonces el alma conoce que su yo defectuoso es nada, y ve en sí Mi bondad, que mantiene buena su voluntad; y ve la persona que Yo he hecho de ella, para que Me sirva en mayor perfección, y juzga que la he creado para lo mejor y para su mayor bien. Un hombre así, queridísima hija, no desea que el tiempo se adapte a sí mismo, porque ha aprendido la humildad; conociendo su infirmidad, no confía en su propio deseo, sino que es fiel a Mí. Se reviste de Mi voluntad más alta y eterna, porque ve que Yo ni doy ni quito, sino para vuestra santificación; y ve que solo el amor Me impulsa a daros dulzura y a quitárosla. Por esta causa no puede entristecerse por ningún consuelo que le sea quitado, interior o exteriormente, por el demonio o por un prójimo -porque ve que, si esto no fuera para su bien, Yo no lo permitiría. Por tanto, este hombre se regocija porque tiene luz dentro y fuera, y está tan iluminado que cuando el demonio se acerca a su mente con sombras para confundirle, diciendo: 'Esto es por tus pecados', él responde como una persona que no rehúye el sufrimiento, diciendo: 'Gracias sean dadas a mi Creador, que se ha acordado de mí en el tiempo de las sombras, castigándome con dolor en el tiempo finito. Grande es este amor, que no me castigará en el futuro infinito'. ¡Oh, qué tranquilidad de mente tiene esta alma, porque se ha liberado de la voluntad propia que trae tempestad! ¡Pero no así actúa aquel cuya voluntad propia está viva dentro, buscando las cosas a su manera! Pues le parece que él sabe lo que necesita mejor que Yo. Muchas veces dice: 'Me parece que estoy ofendiendo a Dios en esto: líbrame de ofender, y que se haga lo que Él quiera'. Esta es una señal de que estás libre de ofensa, cuando ves en ti misma la buena voluntad de no querer ofender a Dios y el desagrado por el pecado; de ahí debes tomar esperanza. Aunque fallen todas las actividades externas y los consuelos internos, que la buena voluntad de agradar a Dios permanezca siempre firme. Sobre esta roca se funda la gracia. Si dices: 'Me parece que no la tengo', digo que eso es falso, porque si no la tuvieras, no temerías ofender a Dios. Pero es el demonio quien hace que las cosas parezcan así, para que el alma caiga en confusión y en una tristeza desordenada, y mantenga firme su voluntad propia, queriendo consuelos, tiempos y modos a su manera. No le creas, queridísima hija, sino que tu alma esté siempre presta a soportar sufrimientos de cualquier manera que Dios se los imponga. De otro modo, harías como un hombre que está en el umbral con una luz en la mano, que extiende su mano y arroja luz afuera, y dentro está oscuro. Así es un hombre que ya está unido en las cosas externas con la voluntad de Dios, despreciando el mundo; pero dentro, su voluntad propia espiritual sigue viva, velada con el color de la virtud". Así habló Dios a aquella su sierva de la que se ha hablado antes.
Por eso dije que deseaba y anhelaba que tu voluntad fuera absorbida y transformada en Él, manteniéndonos siempre listos para soportar dolores y trabajos de cualquier manera que Dios elija enviárnoslos. Así seremos liberados de las tinieblas y permaneceremos en la luz. Amén. Alabado sea Jesucristo crucificado y la dulce María.
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