Juicio de Condena - Quinta Sesión (1 de Marzo de 1431)

Entonces, el jueves, primero de Marzo, nosotros, el Obispo susodicho, nos reunimos en el lugar acostumbrado en el castillo de Rouen; la mencionada Juana compareció ante nosotros en juicio, en presencia de los reverendos Padres, señores y maestros, a saber, Gilles, abad de la Sainte-Trinité de Fécamp; Pierre, prior de Longueville-Giffard, Jean de Chastillon, Érard Emengart, Jean Beaupère, Jacques de Tomaine, Nicolas Midi, Denis de Sabrevois, Pierre Maurice, Gérard Feuillet, Maurice du Quesnay, Guillaume Le Boucher, Pierre Houdenc, Jean de Nibat, Jean Le Fèvre, Jacques Guesdon, doctores en Teología Sagrada; Nicolas de Jumièges, Guillaume de Sainte-Catherine, Guillaume de Cormeilles, abades; Jean Garin, doctor en derecho canónico; Raoul Roussel, doctor en uno y otro derecho; los abades de Saint-Ouen y de Préaux, y el prior de Saint-Lô; Guillaume Haiton, Nicolas Couppequesne, Thomas de Courcelles, Guillaume de Baudribosc, Jean Pigache, Raoul Le Sauvage, Richard de Grouchet, Pierre Minier, Jean Le Maistre, Jean Le Vautier, licenciados en Teología Sagrada; Nicolas de Venderès, Jean Bruillot, Jean Pinchon, Jean Basset, Jean de La Fontaine, Raoul Anguy, Jean Colombel, Richard des Saulx, Aubert Morel, Jean Duchemin, Laurent Du Busc, Philippe Le Maréchal, licenciados en derecho canónico; Denis Gastinel, Jean Le Doulx, Robert Le Barbier, licenciados en uno y otro derecho; André Marguerie, Jean Alespée, Gilles Deschamps, Nicolas Caval, Geoffroy du Crotay, Pierre Cavé, Nicolas Maulin, licenciados en derecho civil; Robert Morellet y Nicolas Loiseleur, canónigos de la Catedral de Rouen.

En su presencia, convocamos y pedimos a Juana hacer y prestar el juramento de decir la verdad sobre aquello que le preguntaremos, pura y simplemente. Respondió que ella estaba lista para jurar decir la verdad sobre todo aquello que sepa, tocante al juicio, como ha dicho varias veces. Asimismo, dijo que ella sabe mucho de cosas que no tocaban el juicio, y no tenía necesidad de decirlas. Después ella dijo:

- De todo aquello que yo se verdaderamente, tocante al proceso, gustosamente lo diré.

Entonces la convocamos de nuevo y pedimos, como antes, de hacer el juramento, respondió:

- Aquello que yo sepa responder de verdad, yo lo diré con gusto respecto al juicio.

Y entonces jura, tocando los Santos Evangelios. Después ella dijo:

- De aquello que sepa, tocante al juicio, gustosamente diré la verdad, ¡y se los diré tanto como si lo dijera si estuviera delante del Papa de Roma!

*Parte faltante del juicio*

Interrogada sobre lo que ella dijo tocante a nuestro Santo Padre el Papa, y quién ella creía ser el verdadero Papa, respondió preguntando si había dos. Interrogada si ella no recibió letras del Conde de Armañac para saber a cuál de los tres soberanos pontífices el debía obedecer, respondió que el dicho conde le escribió cierta carta sobre ese hecho, a la cual ella dio respuesta, entre otras, que le daría una respuesta cuando ella estuviera en Paris, o en otros lugares de reposo. Y que iba a montar a caballo cuando le diera respuesta. Entonces hicimos leer, en sesión, una copia de las cartas de dicho conde y de la mencionada Juana;

Mi muy querida dama,

Me encomiendo humildemente a ti, y te suplico por Dios que, atendiendo a la división presente en la Santa Iglesia Universal sobre el hecho de los papas (porque hay tres contendientes al papado, uno reside en Roma, que se hace llamar Martin V, al quien todos los reyes cristianos obedecen; otro reside en Peñíscola, en el Reino de Valencia que se hace llamar Papa Clemente VII, el tercero cuyo paradero se desconoce, es conocido solo por el Cardenal de Saint-Estienne y pocas personas con él, y se hace llamar papa Benedicto XIV. El primero, que se dice llamar Papa Martin, fue elegido en Constanza con el consentimiento de todas las naciones cristianas; aquel que se hace llamar Clemente fue elegido en Peñíscola, después de la muerte del Papa Benedicto XIII, por tres de sus cardenales; el tercero que se llama Benedicto XIV fue elegido secretamente en Peñíscola, incluso por el cardenal de Saint-Etienne); ruego suplicar a Nuestro Señor Jesucristo que, por su infinita misericordia, nos quiera por usted declarar quien de los tres susodichos es verdaderamente Papa, y a quién quiere que obedezcamos de aquí en adelante, o aquél que se dice Martin, o aquél que se dice Clemente, o a aquél que se dice Benedicto; y a cuál debemos creer, si secretamente o por alguna manifestación pública, porque nosotros estamos todos listos de hacer el deseo y voluntad de Nuestro Señor Jesucristo.

Todo suyo,

El Conde de Armañac.”

Carta de Juana de Arco

JHESUS MARIA

Mi muy buen querido y amigo, Conde de Armañac,

Juana la Doncella le hace saber que vuestro mensaje ha sido recibido por mí, el cual me ha dicho que lo ha enviado para saber de mi cuál de los tres papas, mencionados en su carta, debes creer. De aquello no puedo buena y verdaderamente hacerle saber por el presente hasta que esté en Paris o en otro lugar, de reposo, porque estoy por el presente muy ocupada con la guerra; pero cuando sepas que estoy en Paris, envía un mensajero hacía mi y le haré saber todo en verdad de aquello que debes creer, y que haya sabido por el consejo de mi justo y soberano Señor, el Rey de todo el mundo, y le diré lo que debe hacer, con todo mi poder. A Dios le encomiendo; Dios lo guarde.

Escrito en Compiègne, el 22 de agosto”.

Y fue interrogada para saber si estaba bien su respuesta que presentaba la mencionada copia. Respondió que ella pensaba haber dado esta respuesta en parte, no en todo.

Interrogada si ella dijo saber por consejo del Rey de Reyes lo que el conde debía adherir en esta materia, respondió que no sabía nada. Interrogada si tenía duda sobre quién el conde debía obedecer, respondió que no sabía que mandarle sobre esta obediencia, porque el conde le pidió hacerle saber a quién Dios quería que el obedeciera. Pero, en cuanto a ella, Juana, creía que debíamos obedecer a nuestro Santo Padre el Papa que está en Roma. Dijo también que dijo otra cosa al mensajero del conde, que no está contenido en la copia de la carta; y, si el mencionado mensajero no se hubiera alejado tan pronto, lo habrían arrojado al agua, pero no por culpa de la mencionada Juana. Asimismo, dijo que, sobre eso que el conde pedía de hacerle saber a quién Dios quería que el obedezca, respondió que ella no sabía; pero le mandó varias cosas que no fueron puestas por escrito. Y en cuanto a ella, cree a nuestro Santo Padre el Papa que está en Roma.

Entonces interrogada por qué ella había escrito que daría la respuesta en otro lugar, dado que creía en aquél de Roma, respondió que la respuesta que dio concernía a otra materia distinta que el hecho de los tres soberanos pontífices. Interrogada si ella había dicho que sobre el hecho de los tres soberanos tenía consejo, respondió que nunca escribió ni hizo escribir sobre el hecho de los tres soberanos. Ella jura que eso nunca había escrito ni hecho escribir.

Interrogada si ella tenía el habito de poner en las cartas los nombres JHESUS MARIA, con una cruz, respondió que los ponía en algunas y algunas veces. Algunas veces ponía una cruz con el fin de que aquellos de su partido a quienes ella escribía no hagan eso que escribía. El contenido de las cartas que el conde y Juana se escribieron es insertado más abajo entre los artículos del promotor. A continuación, se le dio lectura a Juana de las cartas que le envió a nuestro señor, monseñor de Bedford y a otros, cuyo contenido se encuentra más abajo entre los artículos del promotor.

† JHÉSUS MARIA †

Rey de Inglaterra, y vos, duque de Bedfort, que os decís regente del reino de Francia, y vos Guillaume de la Poule, conde de Sulfork, Jehan, señor de Talebot, y vos, Thomas, señor de Escales, que os decís lugarteniente del susodicho duque de Bedfort, haced caso al Rey del Cielo; entregad a la Doncella que es enviada de parte de Dios, el Rey del Cielo, las llaves de todas las buenas ciudades que habéis tomado y violado en Francia. Ella ha venido de parte de Dios para reclamar la sangre Real. Ella está pronta para hacer la paz, si vosotros queréis hacer justicia, con la condición de que dejéis Francia y paguéis por el tiempo que la habéis tenido. Y entre vosotros, arqueros, compañeros de guerra, gentiles y otros que estáis ante la ciudad de Orléans, idos a vuestro país, de parte de Dios; y en caso de que no lo hagáis, esperad las noticias de la Doncella que ira a veros pronto para vuestro gran daño. Rey de Inglaterra, si no lo hacéis, yo soy jefe de guerra, y en cualquier lugar de Francia que alcance a tus hombres, los haré irse, quieran o no, y si no quieren obedecer, los haré matar a todos. Yo soy enviada de parte de Dios, el Rey del Cielo para que, cuerpo por cuerpo, os expulse de toda Francia. Y si queréis obedecer, os tomaré en misericordia. Y no tengáis en opinión que retendréis el Reino de Francia, pues Dios, Rey del Cielo, hijo de Santa Maria, no lo quiere así; lo tendrá el rey Carlos, verdadero heredero; porque Dios, Rey del Cielo, así lo quiere, y se lo ha revelado por la Doncella, que él entrara a Paris con buena compañía. Si no queréis creer las noticias de parte de Dios y la Doncella, en cualquier lugar que os encontremos, os atacaremos y haremos un estruendo tan grande, que aún en mil años no se habrá visto en Francia, si no hacéis justicia. Y creed firmemente que el Rey del Cielo enviará más fuerzas a la Doncella que las que tendréis en todos vuestros asaltos juntos contra ella y sus buenos hombres de armas; y en la batalla se verá quién tiene mejor justicia del Dios del Cielo. Vos, duque de Bedfort, la Doncella os ruega y requiere que vos no os hagáis destruir. Si hacéis justicia, aún podráis venir en su compañía, donde los franceses harán la mayor hazaña jamás hecha por la Cristiandad. Y responded si queréis hacer la paz en la ciudad de Orléans; y si no lo hacéis, acordaos en breve de vuestros grandes daños.

Escrito este martes de la semana santa.”

Y entonces fue interrogada si ella reconocía estas cartas; respondió que sí, excepto tres palabras: A saber, aquí, donde dice “rendez à la Pucelle” [entreguen a la Doncella], debería decir “rendez au roi” [entreguen al rey]; no hay otra cosa que jefe de guerra; tercero, se ha puesto “corps pour corps” [cuerpo por cuerpo]. Estas palabras no estaban en las cartas enviadas. Dijo también que nunca ningún señor dictó sus cartas; y ella misma quien las ha dictado antes que las envíen; pero ellas fueron mostradas a algunos de su bando.

Asimismo, dijo que antes de siete años, los ingleses perderán una garantía aún más grande que la que perdieron ante Orléans, y que ellos perderán todo en Francia. Dijo también que los mencionados ingleses tendrán las mayores pérdidas que nunca tuvieron en Francia; y eso será por una gran victoria que Dios enviará a los franceses.

Interrogada cómo ella lo sabía, respondió:

- Yo lo sé bien por revelación que se me ha hecho, y antes de siete años eso sucederá; ¡y estoy bien enojada que eso fuera tan tardío!

Dijo también que ella sabía eso por revelación, tanto como sabía que nosotros (el Obispo) estábamos delante de ella.

Interrogada cuándo eso sucederá, respondió que no sabía ni el día ni la hora. Interrogada qué año eso sucederá, respondió:

- No lo tendrán aún eso; ¡bien querría que eso fuera antes de San Juan!

Interrogada si ella ha dicho que eso sucederá antes que San Martin en el invierno, respondió que ella había dicho que antes de San Martin en el invierno verán bien las cosas; y eso podría ser que los ingleses serán echados bajo tierra.

Interrogada sobre eso que ha dicho a John Grey, su guardia, tocante a esta fiesta de San Martin, respondió: “Ya se lo he dicho”.

Interrogada por quién ella sabía que eso sucedería, respondió que ella lo sabía por Santa Catarina y Santa Margarita. Interrogada si San Gabriel estaba con San Miguel cuando el vino a ella respondió que no tenía memoria de eso.

Interrogada si desde el martes pasado ella no había hablado con las santas Catarina y Margarita, respondió que sí; pero que no sabía la hora. Interrogada qué día; respondió: ayer y hoy; no hay día que ella no las escuche.

Interrogada si ella las ve siempre con el mismo hábito, respondió que las veía siempre bajo la misma forma; y sus figuras son coronadas muy preciosamente. De sus otros hábitos, ella no habla. Asimismo, dijo que, de sus vestidos, nada sabía.

Interrogada cómo ella sabía que su aparición es hombre o mujer, respondió que bien lo sabía, y que les reconocía por sus voces y que ellas le revelaban; y nada sabía que no sea por revelación o mandato de Dios.

Interrogada cuál figura ella veía, respondió que ella veía la sonrisa. Interrogada si las santas que se le aparecía tenían cabellos. Respondió: “¡Es bueno saberlo!”.

Interrogada si había alguna cosa entre sus coronas y sus cabellos, respondió que no. Interrogada si sus cabellos eran largos y colgantes, respondió: “No lo sé”. Dijo también que no sabía si tenían brazos u otros miembros figurados. Asimismo, dijo que ellas hablaban muy bien y bellamente y las escuchaba muy bien.

Interrogada cómo ellas hablaban, dado que no tenían miembros, respondió: “¡Me encomiendo a Dios!”. Asimismo, dijo que esta voz era bella, dulce y humilde, y habla el idioma de Francia. Interrogada si Santa Margarita habla la lengua inglesa, respondió:

- ¿Por qué hablaría ella el inglés si no está a favor de los ingleses?

Interrogada si dentro de sus cabellos, con las coronas, no había anillos de oro, u otras cosas, respondió: “No sé”. Interrogada si ella misma no tenía algunos anillos respondió a nosotros, el Obispo:

- ¡Tú, tú tienes uno mío; entrégamelo!

Asimismo, dijo que los Borgoñones tienen otro anillo: y nos requirió, si nosotros teníamos el dicho anillo, que se lo mostráramos. Interrogada quién le dio el anillo que tienen los Borgoñones respondió que era de su padre, o de su madre. Y le parecía que tenía escrito los nombres JHESUS MARIA; no sabía quién los hizo escribir; y no tenía piedra, eso recordaba; y el anillo le fue dado en Domrémy. Asimismo, dijo que su hermano le había dado otro anillo que teníamos y que ella nos encargó dar a la Iglesia. Asimismo, dijo que nunca curó a persona alguna a través de dichos anillos.

Interrogada si las santas Catarina y Margarita le hablaron sobre el árbol mencionado más arriba, respondió: “No sé”. Interrogada si, en la fuente que está cerca del árbol, las santas hablaron con ella, respondió que sí, y que allí las oía bien, pero eso que le dijeron entonces, ella no lo sabía más.

Interrogada sobre eso que las santas le prometieron algo, sea allí, sea en otro lugar, respondió que ellas no le hicieron ninguna promesa, si no es por gracia de Dios. Interrogada qué promesas ellas le hicieron, respondió: “¡Eso no es parte de su juicio!” Y, entre otras cosas, le fue dicho que su rey será restituido en su reino, lo quieran o no sus adversarios. Dijeron también que prometían conducir a la mencionada Juana al Paraíso; como ella les había pedido. Interrogada si tuvo otra promesa, respondió que hay otra promesa, pero no la dirá, y que eso no concierne al juicio. Y dijo que, dentro de tres meses, dirá otra promesa.

Interrogada si las voces le dijeron que dentro de tres ella será deliberada de su prisión, respondió:

- Eso no es parte de su juicio; Sin embargo, no sé cuándo seré liberada.

Y dijo que aquellos que quieren quitarla de este mundo pueden bien irse antes que ella.

Interrogada si su consejo no le ha dicho que será liberada del presente encarcelamiento, respondió:

- Vuelvan a hablarme dentro de tres meses; entonces les responderé.

Y dijo, por otro lado:

- ¡Pregúntenles a sus asesores, sobre su juramento, si esto concierne a mi juicio!

Entonces después de la deliberación de los asesores, quienes todos concluyeron que eso concernía al juicio, ella dijo:

- Yo les he dicho siempre que no sabrán todo. Será necesario que un día sea liberada. Pero yo quiero tener permiso sobre si les diré: Es por eso que necesito un plazo.

Interrogada si las voces le prohibieron decir la verdad, respondió:

- ¿Quieren que les diga eso que concierne solo al rey de Francia? Hay cosas que no conciernen al juicio.

Dijo también que sabía que su rey ganará el reino de Francia; y lo sabía bien, como ella sabía que nosotros estamos aquí delante de ella, como jueces. Dijo también que la matarán, que no era la revelación que la reconfortaba todos los días.

Interrogada sobre qué hizo con la mandrágora, respondió que no tiene una mandrágora y que nunca tuvo una; pero oyó decir que cerca de su ciudad hay una: pero nunca la ha visto. Dijo también que oyó decir que es una cosa peligrosa y malvada de guardar; no sabe, sin embargo, para qué eso sirve.

Interrogada en qué lugar está esta mandrágora que ella oyó hablar respondió que oyó decir que está en la tierra, próximo al árbol mencionado anteriormente; pero no sabía el lugar. Y dio que ella ha oído decir que sobre esta mandrágora crece un avellano. Interrogada sobre para qué ha oído decir que esta mandrágora sirve, respondió que ella ha oído decir que hace venir el dinero; pero no tiene creencia en ello. Y dijo que las voces nunca le dijeron nada sobre ese tema.

Interrogada sobre cuál figura tenía San Miguel cuando se le apareció, respondió que ella no vio una corona; y de sus vestimentas no sabía nada. Interrogada si él estaba desnudo, respondió:

- ¿Piensan que Nuestro Señor no tiene con qué vestirlo?

Interrogada si tenía cabellos, respondió:

- ¿Por qué se lo habrían cortado?

Dijo también que ella no vio al bienaventurado Miguel después que ella se fue del castillo de Crotoy, y no le ve seguido, y finalmente dijo que no sabe si tiene cabello.

Interrogada si tenía su balanza, respondió: “No sé nada”. Asimismo, dijo que tenía una gran felicidad cuando le vio; y le parece que, cuando le veía, ella no estaba en pecado mortal.

Asimismo, dijo que las santas Catarina y Margarita la hacen confesarse con alegría a menudo y de tiempo en tiempo. También dijo que, si ella estaba en pecado mortal, no lo sabía. Interrogada si, cuando ella se confiesa, creía estar en pecado mortal, respondió que no sabe si ella ha estado en pecado mortal, pero no cree haber hecho las obras:

- ¡Que no quiera Dios, dijo ella, que yo haya estado allí una vez, y que no quiera que haga las obras o las haya hecho, por las cuales mi alma sea inculpada!

Interrogada sobre que signo ella dio a su rey de que venía de parte de Dios, respondió:

- Les he respondido siempre que no lo sacarán de mi boca. ¡Ve a preguntarle!

Interrogada si ella ha jurado de no revelar eso que le será preguntado tocante al juicio, respondió:

- Les he dicho recientemente que no les diré aquello que pueda tocar lo que afecta a nuestro rey; y lo que concierne a él, no hablaré.

Interrogada si ella no sabe el signo que le dio a su rey, respondió: “Ustedes no lo sabrán de mí”. Y como le dijimos que eso tocaba el juicio, respondió:

- De aquello que he prometido tener bien secreto, no les diré.

Y dijo, por otro lado:

- Lo he prometido en tal lugar que no puedo decírselo sin perjurarme.

Interrogada a quién ha prometido, respondió que a las santas Catarina y Margarita les ha prometido; y eso fue mostrado a su rey. Asimismo, dijo que les ha prometido a esas dos santas, sin que ellas lo pidieran, y no lo hizo por su propio deseo, sino porque demasiadas personas le habrían preguntado, si ella no hubiera hecho esta promesa a sus dos santas.

Interrogada si cuando ella muestra el signo a su rey, había otra persona en su compañía, respondió que cree que no había otra persona más que él, aunque, demasiado cerca, había muchas personas.

Interrogada si ella ha visto la corona sobre la cabeza de su rey, cuando ella le mostró el signo, respondió:

- No se los puedo decir sin perjurarme.

Interrogada si su rey tenía una corona, cuando el fue a Reims, respondió hasta donde ella creía, su rey tomó gustosamente la corona que encontró en Reims; pero una más rica fue traída más tarde. Y eso fue para acelerar su coronación, por pedido de aquellos de Reims, para evitar el agobio de sus hombres de armas. Y, si hubiera esperado, habría tenido una corona mil veces más rica. Interrogada si vio esta corona, que es más rica, respondió:

- No puedo decirle sin perjurarme. Y si no lo he visto, he oído decir que es tremendamente rica y opulenta.

Esto hecho, terminamos por ese día; y asignamos para proceder ulteriormente el sábado, a las ocho de la mañana, requiriendo a los asistentes de reunirse en el mismo lugar, el día y la hora dichas.

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