Juicio de Condena - Tercera Sesión (24 de Febrero de 1431)

Entonces el sábado siguiente, el 24 de febrero, nosotros, el obispo, nos reunimos en el castillo de Rouen, en la mencionada cámara, donde compareció judicialmente ante nosotros Juana, en presencia de varios reverendos Padres, doctores y maestros, a saber, Gilles, abad de la Sainte Trinité de Fécamp, Pierre, prior de Longueville Giffard; Jean de Chastillon, Erard Emengart, Jean Beaupère, Jacques de Touraine, Nicolas Midi, Jean de Nibat, Jacques Guesdon, Maurice du Quesnay, Jean Le Fèvre, Guillaume Le Boucher, Pierre Houdenc, Pierre Maurice, Richard Prati, Jean Charpentier y Gérard Feuillet, Denis de Sabrevois, doctores en teología sagrada; Nicolas de Jumièges, Guillaume de Sainte Chaterine, Guillaume de Cormeilles, abades; y Jean Garin, doctor en derecho canónico; Raoul Roussel, doctor en ambos derechos; Nicolas Couppequesne, Guillaume Haiton, Thomas de Courcelles, Jean Le Maistre, Nicolas Loiseleur, Raoul Le Sauvage, Guillaume de Baudribosc, Nicolas Lemire, Richard Le Gagneux, Jean Duval, Guillaume Le Maistre y Guillaume l'Ermite, licenciados en teología sagrada; el abad de Saint Ouen, el abad de Saint Georges, el abad de Préaux, el prior de Saint-Lô, y el prior de Sigy; y también Robert Le Barbier, Denis Gastinel y Jean Le Doulx, licenciados en uno y otro derecho; Nicolas de Venderès, Jean Pinchon, Jean de La Fontaine, Aubert Morel, Jean Duchemin, Jean Colombel, Laurent Du Busc, Raoul Anguy, Richard des Saulx, licenciados en derecho canónico, André Maguerie, Jean Alespée, Geoffroy du Crotay, Gilles Descharmps, Nicolas Maulin, Pierre Carel, Bureau de Cormeilles, licenciados en derecho civil; Robert Morellet y Jean Le Bon, canónigos de la Catedral de Rouen, y Nicolas Foville.

En su presencia, comenzamos primero pidiendo a la mencionada Juana que diga simple y absolutamente la verdad sobre las preguntas que le serán propuestas, sin hacer reservas a su juramento; y de esto la amonestamos en tres ocasiones. La mencionada Juana ha respondido:
- Permítanme hablar.

Y entonces dijo:
- Por mi fe, ustedes podrían preguntarme cosas que yo no les diré.
Ella dijo también:
- Puede ser que sobre muchas cosas que me podrían preguntar, yo no os diré la verdad, como en aquello que toca las revelaciones; porque, por ventura, vosotros podrían forzarme a decir aquello que yo he jurado no decir nada. Por lo tanto, sería perjura, ¡cosa que no deberían querer!

Y ella agrega: 
- Yo os digo; ¡considerad bien sobre aquello que dicen ser mis jueces, porque tomáis una carga grande, y me cargáis demasiado!

Dijo también que le parecía suficiente haber jurado dos veces en juicio. Por otro lado, interrogada si ella quería simple y absolutamente jurar, respondió:
- Vosotros podéis pasar; He jurado suficiente por dos veces.
Ella agrega que ni todo el clero de Rouen o de Paris sabrían condenarla, si no era en derecho. Dijo también que sobre su venida a Francia diría gustosamente la verdad, pero no toda; y que ocho días no eran suficientes para decir todo.

Nosotros, el obispo, le dijimos de tomar consejo de sus consejeros, si ella debía jurar o no. A esto respondió que, de su venida, ella dirá gustosamente la verdad, pero no de otra cosa; y que no debía hablar más.
Nosotros le dijimos entonces que se volvía sospechosa si no quería jurar decir la verdad. Respondió como antes. De nuevo le pedimos jurar, precisa y absolutamente. Entonces ella respondió que gustosamente nos dirá aquello que sepa, pero no todo aún. Dijo, por otro lado, que ella vino de parte de Dios, y que no tenía nada que hacer aquí, pidiendo que la devolviéramos a Dios, de donde ella había venido.

Entonces pedida y amonestada de jurar, bajo pena de ser carga de aquello que se le imponía, respondió: “Pasad a otra”.
Finalmente le hemos pedido jurar y, una vez más, la amonestamos de decir la verdad sobre aquello que toca el proceso, diciéndole que se exponía a un gran peligro rehusándose aún. Entonces respondió:
- Estoy lista para jurar decir la verdad sobre aquello que sepa tocante al juicio.
Entonces lo juró. 

Entonces, bajo nuestra orden, fue interrogada por el insigne doctor el maestro Jean Beaupère, mencionado arriba, que comenzó por preguntar a qué hora ella había bebido y comida por última vez. Ella respondió que desde la tarde de ayer no había comido ni bebido.

Interrogada sobre cuando había escuchado la voz que venía a ella, respondió:
- La escuché ayer y hoy.

Interrogada sobre a qué hora, ayer, había escucha esta voz, respondió que tres veces la había escuchado: una vez en la mañana, la otra en las vísperas, y la tercera al toque del Ave Maria, en la tarde. Y muchas veces la oía con más frecuencia de lo que decía.

Interrogada sobre aquello que hacía ayer, en la mañana, cuando la voz vino a ella, respondió que dormía y que la voz la despertó. Interrogada sobre si la voz la despertaba tocando sus brazos, respondió que ella fue despertada por la voz sin tocar. Interrogada si esta voz estaba dentro de su cuarto, ella respondió que no lo sabía, pero que ella estaba en el castillo.

Interrogada si ella le agradeció y si ella se arrodilló, respondió que le agradeció, pero que estaba acostada en su cama, y que juntó las manos; y eso fue después de que le pidió consejo. Sobre esto la voz le dijo a la mencionada Juana que respondiera con valentía.

Interrogada sobre aquello que la voz le había dicho cuando fue despertada, respondió que ella pidió a la voz consejo sobre como debía responder, diciendo a la mencionada voz que preguntara sobre ese consejo a Nuestro Señor. Y la voz le dijo que debía responder audazmente y que Dios la reconfortaría. Interrogada sobre si la voz no le dijo ciertas palabras, antes que ella le peticionara, respondió que la voz le dijo ciertas palabras, pero que ella no las comprendía todas. Sin embargo, cuando ella despertada, la voz le dijo que respondiera con valentía.

Entonces ella nos dijo, el obispo:
- Tú dices que eres mi juez. Considerad bien aquello que hacéis: porque, en verdad, yo soy enviada de parte de Dios, ¡y tú te pones en gran peligro!

Interrogada si esta voz no ha cambiado alguna vez de opinión, respondió que ella nunca le había encontrado dos palabras contrarias. Y agrega que, esta noche, ella le había escuchado decir que respondiera con valentía. Interrogada si la voz le prohibió decir todo sobre aquello que le preguntamos, dijo:
- No les responderé sobre eso. Y yo tengo grandes revelaciones tocantes al rey que no os diré.
Interrogada si la voz le ha prohibido decir las revelaciones, respondió:
- No estoy segura. Dejadme un plazo de quince días, os responderé sobre eso.
Y como de nuevo había pedido un plazo para responder dijo:
- Si la voz me lo ha prohibido, ¿qué queréis que os diga?

Interrogada nuevamente si aquello le fue prohibido, respondió:
- Creedme que eso no fueron los hombres los que me lo prohibieron.
Entonces dijo que hoy ella no responderá; y que ella no sabe si debe responder o no, hasta que le sea revelado. Entonces dijo que creía firmemente, tan firmemente como que creía en la fe cristiana y que el Señor nos había redimido de las penas del infierno, que esta voz venía de Dios, y de su orden.

Interrogada si esta voz, que ella dijo aparecérsele, es un ángel, o si ella vino inmediatamente de Dios, o si esta es la voz de un santo o de una santa, respondió:
- Esta voz viene de Dios: Y yo creo que no les dije plenamente lo que sé: Y tengo un miedo más grande de faltarles diciendo algo que disguste a esas voces, que de no responderles. En cuanto a la pregunta, les ruego que me den ese plazo.

Interrogada si ella creía que disgustaba a Dios que digamos la verdad, respondió:
- Mis voces me han dicho de decir ciertas cosas al rey y no a ustedes.
Entonces dijo que esta noche la voz le ha dicho muchas cosas para el bien del rey y que ella deseaba que el rey las supiera en este momento, ¡aunque ella no deba beber vino hasta Pascua! Porque le sería [al rey] mucho más fácil cenar, como ella decía.

Interrogada si ella podía hacer tanto con esta voz que quisiera obedecer y llevar un mensaje a su rey, respondió que ella no sabía si esta voz querría obedecer, a menos que fuera la voluntad de Dios y que Nuestro Señor lo consintiera: “Y si le place a Nuestro Señor, dice ella, podría revelarlo a su rey; y de eso, ella estaría bien contenta”.

Interrogada por qué esta voz no habla ahora mismo con su rey, como lo hace cuando está en presencia de Juana, respondió que no sabía si esa es la voluntad de Dios. Y ella agrega que, si no fuera por la gracia de Dios, ella no sabría hacer nada.

Interrogada si su consejo le ha revelado que ella escaparía de las prisiones, respondió:
- Eso, ¿Debo decíroslo?

Interrogada si esta noche la voz no le había dado consejo y opinión sobre aquello que debía responder, respondió que, si la voz se lo había revelado, ella no le ha entendido bien.
Interrogada si, en estos dos días precedentes donde ella había escuchado, se había producido alguna luz, respondió que la luz viene en nombre de la voz.

Interrogada si con las voces ella veía alguna otra cosa, respondió:
- No les diré todo; no tengo permiso de eso, y tampoco mi juramento lo incluye. Esta voz es buena y digna; y no estoy obligada a responderles.

Después pide que le demos por escrito aquellos puntos que no respondía actualmente.
Entonces le preguntamos si la voz a quién ella pide consejo tenía vista y ojos. Respondió: “Aún no lo sabrán”. Y dijo que el refrán de los niños es: “A veces se cuelga a la gente por decir la verdad”. Interrogada si ella sabía que está en gracia de Dios, respondió:
- Si yo no estoy, Dios quiera ponerme; y si lo estoy, Dios me quiera mantener. Yo sería la más afligida del mundo si supiera que no estoy en la gracia de Dios.
Dijo, por otro lado, que, si ella estaba en pecado, creía que la voz no vendría a ella: y querría que todos la escucharan tan bien como ella.

Dijo que ella pensaba que tenía la edad de trece años aproximadamente cuando la voz vino por primera vez.
Interrogada si, en su juventud, solía ir a divertirse al campo con los otros jovencitos, respondió que ella iba a veces, pero no sabe a qué edad.

Interrogada si aquellos de Domrémy tomaban partido con los Borgoñones o con los contrarios, respondió que ella solo conoció a un Borgoñón; y hubiera querido que le cortaran la cabeza, ¡si era la voluntad de Dios!
Interrogada si, en Maxey, eran Borgoñones o adversarios de los Borgoñones, respondió que eran Borgoñones.
Interrogada si la voz le había dicho, en su juventud, que odiara a los Borgoñones, respondió que desde que comprendió que las voces estaban a favor del rey de Francia, no le gustaba los Borgoñones. Entonces dijo que si los Borgoñones tendrán guerra si no hacen lo que deben; y lo sabe por su voz.

Interrogada si, en su juventud, ella tenía revelación de su voz de que los ingleses debían venir a Francia, respondió que los ingleses ya estaban en Francia cuando sus voces comenzaron a venir.

Interrogada si alguna vez estuvo con los niños que combatían por el partido que ella apoyaba, respondió que no, hasta donde sabía; pero ha visto que algunos de los de Domrémy combatían contra aquellos de Maxey, de donde volvían muy heridos y sangrando.

Interrogada si, en su juventud, ella tenía grandes intenciones de perseguir a los Borgoñones, respondió que ella tenía buena voluntad y deseo que su rey tuviera su reino.

Interrogada si hubiera querido ser hombre cuando debía venir a Francia, respondió que muchas veces había respondido.

Interrogada si conducía animales al campo, dijo que muchas veces ella lo ha respondido; y que, desde que ella creció, y tuvo entendimiento, no custodiaba a los animales comúnmente, pero ayudaba a conducirlos a los prados y a un castillo llamado l'Isle, por miedo de los soldados; pero ella no tenía memoria si cuando era joven los custodiaba o no.

Después fue interrogada sobre el tema de cierto árbol presente cerca de su ciudad. A lo que respondió que, muy cerca de Domrémy, hay un cierto árbol llamado “el árbol de las damas” y que otros lo llamaban “el árbol de hadas”; cerca hay una fuente. Y ha oído decir que los enfermos de fiebre bebían de esta fuente y querían buscar agua para recuperar la salud. Esto, ella lo ha visto; pero no sabía si se recuperaban o no. Después dijo que ella ha oído decir que los enfermos, cuando podían levantarse iban al árbol para divertirse. Y este es un gran árbol, llamado fau de donde viene el bello mayo, y pertenecía, según dicen, al señor caballero Pierre de Bourlemont.

Entonces dijo que a veces iba a divertirse con las otras niñas, y a hacer en este árbol coronas para la imagen de Nuestra Señora de Domrémy; y muchas veces ella ha oído decir a los ancianos, no a los de su linaje, que las hadas aparecían allí. Y ha oído decir a alguien llamada Juana, esposa del alcalde Aubery de Domrémy, que era su madrina, que había visto las dichas hadas allí, pero que quién habla, no sabía si era verdad o no. Asimismo, dijo que ella nunca había visto las mencionadas hadas en el árbol, que ella sepa; interrogada si ella las había visto en otros lados, ella dijo que no sabe si las vio o no. Entonces dijo que ella ha visto colocar por parte de jovencitas coronas en las ramas del árbol y que ella misma las ha colocado con otras niñas; y a veces ellas se las llevaban y otras veces las dejaban.

Asimismo, dijo que desde que ella supo que debía venir a Francia, ella tuvo pocos juegos y entretenimientos, lo menos que ella pudo; y no sabe si, desde que tuvo entendimiento, había bailado cerca del árbol; pero a veces ella pudo haber danzado allí con los niños; pero había cantado más de lo que había bailado.

Entonces, dijo que hay un bosque frondoso que se veía desde la puerta de la casa de su padre; y no está a más de media legua de distancia. También no sabía ni oía decir que las hadas aparecieran allí; pero ha oído decir de su hermano que se decía de ella, Juana, que había tomado su misión del árbol de las hadas: pero dijo que no lo había tomado, y que ella ha dicho lo contrario; y dijo, por otro lado, que, cuando vino con su rey, algunos le preguntaron si en su país no había un bosque que llamaban el bosque frondoso; porque había una profecía que decía que debía venir una doncella que hará maravillas de ese bosque; pero la mencionada Juana ha dicho que no había dado fe a esto.

Interrogada si ella quería tener hábito femenino, respondió:
- Denme uno, y lo tomaré y me iré; Si no, no lo tomaré, y estoy contenta con este, porque a Dios le place que lo use.

Con esto, concluimos todo interrogatorio por el día, y asignamos el martes siguiente, para que a la misma hora y en el mismo lugar, todos los convocados puedan reunirse para proceder con los interrogatorios adicionales. 

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