Juicio de Condena - Segunda Sesión (22 de Febrero de 1431)

 

Entonces, el jueves 22 de febrero, nosotros, el Obispo, entramos en el cuarto de tapices, al final del gran patio del castillo de Rouen, donde estaban reunidos los reverendos Padres, señores y maestros Gilles, abad de la Sainte-Trinité de Fecamp, Pierre, prior de Longueville, Jean de Chastillon, Jean Beaupère, Jacques de Touraine, Nicolas Midi, Jean de Nibat, Jacques Guesdon, Jean Le Fèvre, Maurice du Quesnay, Guillaume Le Boucher, Pierre Houdenc, Pierre Maurice, Richard Prati et Gérard Feuillet, doctores en Teología Sagrada; Nicolas de Jumièges, Guillaume de Sainte-Catherine, Guillaume de Cormeilles, abades; Jean Garin y Raoul Roussel, canónigos, doctores en uno y otro derecho; Guillaume Haiton, Nicolas Couppequesne, Jean Le Maistre, Richard de Grouchet, Pierre Minier, Jean Pigache, Raoul Le Sauvage, licenciados en Teología Sagrada; Robert Le Barbier, Denis Gastinel, Jean Le Doulx, licenciados en uno y otro derecho; Jean Basset, Jean de La Fontaine, Jean Bruillot, Aubert Morel, Nicolas de Venderès, Jean Pinchon, Jean Colombel, Laurent Du Busc, Raoul Anguy, licenciados en derecho canónico; André Marguerie, Jean Alespée, Geoffroy du Crotay y Gilles Deschamps, licenciados en derecho civil; el Abad de Préaux, Hermano Guillaume l’Ermite, Guillaume Desjardins, doctor en medicina, Robert Morellet y Jean Le Roy; canónigos de la Catedral de Rouen.

En su presencia, primero expusimos que el hermano Jean Le Maistre, vicario del señor inquisidor, presente en la audiencia, había sido convocado por nosotros y requerido de unirse al presente juicio, y le habíamos ofrecido comunicarle todo aquello que se había hecho o será hecho en adelante en esta materia; a lo que el dicho vicario había respondido que él había sido solamente comisionado y delegado por el señor inquisidor para la ciudad y diócesis de Rouen, mientras que el juicio era conducido por nosotros, en razón de nuestra jurisdicción de Beauvais en territorio prestado. Es por esto, a fin de no invalidar el juicio, y también para tranquilizar su conciencia, que había decidido diferir su reunión con nosotros hasta que recibiera más consejo, y también que el señor inquisidor tuviera un poder más extendido o una comisión. En cualquier caso, el dicho vicario, en la medida en que dependía de él, estaba contento de ver que nosotros procedíamos más allá y sin interrupción en la materia. Escuchando nuestra exposición, el dicho vicario nos ha respondido con estas palabras: “Ustedes dicen la verdad. He estado y estoy de acuerdo, en tanto que puedo y en tanto que está en mi poder, que ustedes prosigan con el juicio”.

La mencionada Juana siendo entonces introducida ante nosotros en dicho lugar, le requerimos y exhortamos, bajo penas de derecho, a hacer el juramento que había prestado el día precedente; y también que jure decir la verdad, absoluta y simplemente, sobre todo aquello que le será preguntado en la materia en la que ella era acusada y difamada. A lo que ella respondió que ayer había hecho el juramento y que debía ser suficiente.

Entonces, nosotros la requerimos de jurar; nadie, en efecto, ni siquiera un príncipe interrogado en materia de fe, podía rehusarse a prestar juramento. Ella respondió de nuevo:
- Yo hice ayer vuestro juramento; y deberá serles suficiente. ¡Ustedes me cargan demasiado!
Finalmente, juró decir la verdad sobre los puntos relacionados a la fe.

Luego, el insigne profesor de teología sagrada, el maestro Jean Beaupère, bajo nuestra orden y mandato, interrogó a la dicha Juana como sigue.
Y en primer lugar, le exhorta a decir la verdad, como ella había jurado, sobre aquello que se le preguntará. A lo que ella respondió:
- Podríais preguntarme algo sobre lo cual os respondería verdad; y sobre otra cosa no os respondería.
Y ella agregó:
- Si estuvierais bien informados acerca de mí, deberíais desear que yo saliera de vuestras manos. No he hecho nada sino por revelación.

Interrogada qué edad tenía cuando abandonó la casa de su padre, dijo que de su edad no sabría testificar.

Interrogada si, en su juventud, ella había aprendido algún trabajo, dijo que sí, coser sábanas de lino  e hilar; y no temía a ninguna mujer de Rouen en cuanto a coser e hilar. 

Además, confesó que, por temor a los Borgoñones, abandonó la casa de su padre y fue a Neufchâteau, en Lorraine, a la casa de una tal mujer llamada la Rousse, donde residió quince días aproximadamente. Agregó, además, que, en tanto ella estuvo en la casa de su padre, ella se ocupaba de las tareas domésticas; y que ella no iba al campo con las ovejas y los demás animales.

Item, interrogada si ella confesaba sus pecados una vez al año, respondió que sí, y a su propio párroco. Y cuando el párroco estaba impedido, confesaba a otro sacerdote con el permiso del dicho párroco. Alguna vez también, puede ser que dos o tres veces, ella se confesó con religiosos Mendicantes: pero fue en la mencionada ciudad de Neufchâteau. Y ella recibía el mencionado sacramento de la Eucaristía en la fiesta de Pascuas.

Interrogada si en otras fiestas a la Pascua recibía el sacramento de la Eucaristía, dijo al interrogador que pasase a otra [pregunta]. 

Entonces, declaró que, sobre la edad de trece años, tuvo una voz de Dios para ayudarla a gobernarse. Y la primera vez, tuvo un gran miedo. Y vino esta voz alrededor del mediodía, en tiempos de verano, en el jardín de su padre: y la mencionada Juana no había ayunado el día anterior. Ella escuchaba la voz del lado derecho hacía la Iglesia; y raramente lo oía sin luz. Esta luz es del mismo lado en que la voz era oída; y hay allí, comúnmente, una gran luz. Y cuando ella vino a Francia, escuchaba frecuentemente esta voz.

Interrogada cómo ella podía ver esta luz que ella decía estar allí, dado que esta luz estaba sobre el costado, ella no respondió nada y pasó a otra cosa. Dijo, además, que si ella estuviese en un bosque, escucharía bien sus voces venir a ella. Y dijo que le parecía que era una digna voz; y cree que esta voz le era enviada de parte de Dios; y luego de que ella la hubiese oído tres veces, conoció que era la voz de un ángel. Dijo también que la voz la protegía siempre bien y que ella comprendía claramente esta voz. 

Interrogada sobre la enseñanza que le daba esta voz para la salvación de su alma: ella dijo que le enseñaba a conducirse bien, a frecuenta la Iglesia; y [la voz] dijo a Juana que era necesario que ella misma, Juana, fuera a Francia. Juana agregó que su interrogador no obtendría de ella, por esta vez, bajo qué forma esta voz se le había aparecido. Entonces, ella confesó que esta voz le decía dos o tres veces por semana que era necesario que ella misma, Juana, partiera y viniera a Francia; (ella confiesa también) que su padre no sabía nada de su partida. Ella dijo también que la voz le decía que ella fuera a Francia y que ella no podía durar más donde ella estaba. Y esta voz le decía que ella haría levantar el sitio puesto delante de Orléans. Dijo luego que la voz le había dicho que ella misma fuese a la ciudad fortaleza de Vaucouleurs, encontrase a Robert de Baudricourt, capitan de ese lugar, y que él le daría hombres que irían con ella. Juana respondió entonces que ella era una pobre joven que no sabía montar a caballo ni liderar la guerra. Ella dijo, además, que fue a encontrar a su tío y que le dijo que quería quedarse en casa de él durante un poco de tiempo. Y ella permaneció casi ocho días allí. Ella dijo entonces a su tío que era necesario que fuese a Vaucouleurs y su tío la condujo allí.

Item, ella dijo que, cuando fue a la dicha ciudad de Vaucouleurs, reconoció claramente a Robert de Baudricourt, mientras que, sin embargo, ella no lo había visto jamás anteriormente. Y ella reconoció al dicho Robert por la voz, porque la voz le había dicho que era él. Y la mencionada Juana dijo a Robert que era necesario que viniera a Francia. El dicho Robert la rechazó dos veces y la repudió; la tercera, la recibió y le dio hombres. Y la voz le había dicho que esto pasaría así.

Item, declaró que el duque de Lorraine mandó que se la condujera hacía él: ella fue allí y le dijo que quería ir a Francia. Y el duque la interrogó sobre la recuperación de su salud: pero ella le dijo que no sabía nada. Y ella habló poco al dicho duque de su viaje. Dijo, sin embargo, al duque que le diera a su hijo y hombres para llevarla a Francia, y que ella rogaría a Dios por su salud. Y fue la dicha Juana por un salvoconducto hacía el duque, de donde ella volvió a Vaucouleurs.

Item, declaró que, para partir del dicho Vaucouleurs, ella tomó hábito de hombre, portó una espada que le dio el dicho Robert de Baudricourt, sin otras armas, acompañada de un caballero, de un escudero, y de cuatro servidores; ella ganó la ciudad de Saint-Urbain, y allí durmió en la abadía.

Item dijo que en ese viaje ella pasó por Auxerre, donde escuchó la Misa en la gran Iglesia; y entonces, con frecuencia, escuchaba sus voces, con aquello que hizo mención más arriba.

Item, requerida de decir por consejo de quién ella había tomado la vestimenta de hombre, a esto se rehusó muchas veces de responder. Finalmente dijo que de esto no cargaba a nadie; y muchas veces variaba. 

Item, dijo que el dicho Robert de Baudricourt hizo jurar a aquellos que la llevaban de llevarla bien y de manera segura. Y Robert dijo a Juana sobre su partida: "¡Ve, ve, y si algo puede ocurrir de ello, que ocurra!".

Item dijo, además, la dicha Juana que ella sabía bien que Dios ama al duque de Orléans; y también que ella había tenido más revelaciones sobre él que sobre cualquier otro hombre viviente, excepto sobre aquel que ella dice ser su rey. Dijo también que debía necesariamente cambiar su hábito a un hábito de hombre. Item, ella cree también que su consejo le ha hablado bien.

Item dijo que ella envió a los ingleses que estaban ante Orléans cartas que decían que se fuesen. Así como está contenido en la copia de las cartas que le habían sido leídas en esta ciudad de Rouen, salvo dos o tres palabras que se encontraban en la dicha copia: por ejemplo, allí donde dice en esta copia "Rendiros a la Doncella", debe decir allí "Rendiros al rey". Están también estas palabras "cuerpo por cuerpo" y "jefe de guerra" que no estaban en las cartas originales.

 La mencionada Juana dijo entonces que ella fue hacia aquel que llama su rey sin impedimentos. Y como ella llegó a Sainte-Catherine de Fierbois, entonces envió mensaje hacia aquel que llama su rey; y fue luego a Chateau-Chinon, donde estaba su rey. Llegó allí hacia el mediodía y se hospedó en una posada; y, tras cenar, fue hacia aquel que ella dice su rey, que estaba en el castillo. Item dijo que cuando ella entró en la cámara de su rey, le reconoció entre los otros por el consejo y revelación de su voz. Dijo a su rey que ella quería ir a hacer la guerra contra los ingleses.

Interrogada si, cuando la voz le mostró a su rey, no había luz, respondió: "¡Pasad a otra!". Interrogada si ella no vio cierto ángel encima del dicho rey, respondió: "¡Perdonadme, pasad a otra!".

Dijo también que antes que el rey la pusiera a obrar, él tuvo muchas apariciones y bellas revelaciones.

Interrogada qué revelaciones y apariciones tuvo el dicho rey, respondió: "No os diré nada. No tendréis aún respuesta, pero id hacia el rey y él os lo dirá". 

Item Juana dijo que su voz le había prometido que, poco después que ella viniera hacia el rey, él la recibiría. Dijo también que aquellos de su partido reconocieron que la voz era enviada a Juana de parte de Dios y que vieron y conocieron esta voz; y la mencionada Juana afirmó que ella sabía bien esto. Además, dijo que su rey y muchos otros escucharon y vieron las voces que venían a la mencionada Juana; y estaba allí Charles de Bourbon y dos o tres más. 

Item Juana dijo que no hay día en que no escuche esta voz y también que la necesita mucho. Dijo también que jamás solicitó de la voz otra recompensa final que la salvación de su alma. Además, la mencionada Juana declaró que su voz le dijo que ella permaneciese ante Saint-Denis en Francia; y la mencionada Juana quería permanecer allí. Pero contra su voluntad los señores se la llevaron. Sin embargo, si ella no hubiera estado herida, no habría partido de allí; y fue herida en los fosos de Paris, cuando llegaba allí desde la ciudad de Saint-Denis; pero en cinco días fue curada. Además, ella declaró que hizo hacer una escaramuza ante la ciudad de Paris.

Y cuando se le preguntó si era día de fiesta, respondió que ella cree que era fiesta. Interrogada si esto era correcto de hacer, ella respondió: "Pasad a otra". 

Esto cumplido, estimando que era suficiente para un día, nosotros, obispo susodicho, hemos remitido la continuación del asunto para el sábado siguiente, ocho horas de la mañana.

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